El faisán es un ave de origen asiático. En el mundo se conocen más de sesenta variedades. En la antigüedad, el ave fue difundido por los romanos no solamente en Italia, sino también en Francia e Inglaterra. Se introdujo en Estados Unidos, en el estado de Oregon, en 1881 y desde allí fueron traídos los primeros ejemplares a nuestro país. De todas las razas existentes, el faisán de collar es la más difundida en nuestro país. Por su buen desarrollo corporal, precocidad y rusticidad, es la variedad elegida en el país para el consumo. Pero no es la raza a la que se dedica Jorge Durand, un jubilado ferroviario que la felicidad de su vida le llegó con este hobby, la crianza de diferentes especies. “Este va a ser el campeón de 2011”, pronostica mientras señala a un faisán dorado. ¿Sabés de quién fue el campeón de 2010?”. Aunque uno imagina la respuesta, se espera la confirmación. Durand tuerce la boca y se señala a sí mismo sin vacilar. De paso cuenta cómo empezó esta historia, junto a su hermano, hace mucho tiempo. “Empezamos criando palomas mensajeras en la década de los cincuenta, incluso las hacíamos competir desde Tucumán hasta acá. Después seguimos con esto. Todos dicen que el mejor expositor y criador soy yo”, resalta el hombre con una elipsis bruta, sin aclarar qué pasó en el medio.
-¿Quiénes les enseñaron?
-Tuve grandes maestros que llegaron a criar treinta y seis variedades, pero yo conozco un poquito más: sesenta y cuatro.
-¿Pero quiénes fueron sus maestros?
-Uno fue Natalio Botana, el director del diario Crítica, el me contó muchos secretos de la crianza del ave, yo no escribí nada, me lo tragué y acá estoy.

LO MEJOR DE LOS 80. A la entrevista llega un amigo personal de Durand, Lucio Angeleri, otro ferroviario octogenario, que aprueba todos los datos que Durand da como si fuera su Sancho Panza. Viene con un diario debajo del brazo y se lo muestra a El Federal. “Este es el coche motor en el que trabajábamos Coco y yo, esta foto la saqué yo en el año 50”, señala una minúscula. Estas son de la cárcel del parque San Martín -sigue con el curso de más instantáneas. Coco les puede enseñar a los reclusos cómo criar aves. Así los muchachos pueden aprender un oficio mientras estén adentro.” Coco es Durand, que no quiere que se desvíe el foco y aclara que si vamos a hacer fotos, los faisanes están “desnudos”, en referencia a que ahora están cambiando las plumas, “La mejor época para verlos con las colas largas es en abril o mayo. Por ese entonces ya se lo ven bien vestidos.”
 Las faisaneras, con piso de tierra, cubren a las yuntas de las diferentes razas. Las jaulas deben tener replicar las características del hábitat natural: malezas altas y arbustos que sirven de refugios. “Le doy de comer granos, alimentos balanceado y radicheta, lechuga no. La lechuga tiene mucha agua y el bicho empieza a correr sin parar”, revela.
Durand y su hermano empezaron criando faisanes plateados, La primera yunta de plateados vivió cincuenta años. Desde 1959, Coco compite en el predio ferial de Palermo, en la sección faisánidos de la Exposición Internacional de Ganadería e Industria, en donde varias veces se llevó el premio al mejor ejemplar. “Siempre saco campeón a alguno. Pero nunca llevo al mismo, si se me muere, ¿qué hago? Yo tengo que seguir la línea. Yo gané con un ejemplar en 2009, con otro en 2010 y ahora pienso ganar con éste, el dorado, en 2011. El jurado analiza el color del pecho, de las patas, el plumaje, en fin, todo”, simplifica el análisis del colegiado. El color en los animales lo pone el macho. “Acá hay un tiro para la justicia, en general creo que la mujer es más linda que el hombre, acá el macho es más vistoso que la hembra”, guiña el ojo ante la presencia femenina de nuestra fotógrafa. En la competencia, cada raza representa una categoría. De cada categoría se elige un macho y una hembra para el primer puesto y un premio que se titula reservado, algo así como el subcampeón de cada especie. Entre todos los ganadores de las diferentes categorías, se selecciona al mejor de todos. “¿Sabés quién se llevó el primer premio y el campeón en 2010?” Durand se señala de nuevo por tercera vez en lo que va de la entrevista. Angeleri. a esta altura su escudero. levanta las cejas, un gesto de resignación que ratifica con dichos. “¡Claro, está el jurado ahí!”
 
NO TE VAYAS CAMPEON. Agotada como si hubiera dado una vuelta olímpica, la hembra campeona de dorado real, yace en lo alto de la faisanera, lejos de cualquier contacto con el mundo humano. “No va a bajar, esta no viene, es muy arisca”, se quiebra Coco. “Si vos vieras la cola, mire lo colores que tiene”, señala entre las penumbras de la jaula. “¿Si le tirás comida no arrima?”, invita Angeleri. “No, no viene. Es desconfiada”, sepulta cualquier posibilidad Durand. Como si fuera uno de esos personajes riquísimos del escritor santafesino Juan José Saer, Durand, cada vez que nos pregunta quién fue el campeón, nos conduce de nuevo al punto de partida: la incertidumbre, la imposibilidad de llegar a la expresión de aquello que constituye lo real, sino a su visión total, pues como decía el escritor: “No existe una realidad, sino múltiples caras de lo real”.
Herbert Kus es otro amigo de la casa que se suma al encuentro. Más joven que los otros dos, también es criador de aves, compite con canarios y gallinas. Ríe cuándo planteamos una duda: cuánto cuesta el faisán para consumo. “Es el más barato”, remata. Los ejemplares campeones de Durand, pueden llegar a valer $1.500, pero él no los piensa vender. “Ahora va a ver la cantidad de diplomas que tiene”, introduce de nuevo Angeleri el curriculum de su compadre. “También va a ver algunos diplomas de la nieta.” Ante la imposibilidad reglamentaria de poder presentar a competir a más de un ejemplar por raza, a Coco se le ocurrió que podían inscribirse como criadores su hija, Claudia Durand, y su nieta, la hija de Claudia, Daiana Durand, la expositora más pequeña de la historia de La Rural: empezó a los cuatro años.
Las colas de los faisanes son el bonus que muestran esos plumajes coloridos, pero ahora no es época. Los machos poseen un plumaje mucho más vistoso que las hembras. Su cola es larga y termina en punta. Las hembras, en cambio, tienen un plumaje de color más indefinido, mezclando plumas pardas y grises. Se dedican a cuidar sus nidos y a sus crías y su tamaño es algo menor que el del macho. En el living de su casa, Coco reservó algunas colas, que se mantienen tan firmes como sus trofeos. El se luce delante de ellas y ahora señala el medallero y ordena: “Fijate, leé en voz alta lo que dicen”.