De qué manera incide la crisis socioeconómica europea en las distintas expresiones del mundo cultural y, particularmente, en el teatro callejero?
Cora Herrendorf: La crisis en Europa no es algo nuevo. Lo único nuevo es el ¨Boom¨. Pero nosotros decidimos ocupar la calle y abordar a un público no acostumbrado a consumir teatro, y llenar la plaza con los espectáculos, a fines de los años 80, hace mucho tiempo, y por entonces se vivía una crisis. Por supuesto que eso nos permitió llevarlos por todos lados, con importantes giras. Lo hicimos encontrando aquellas culturas que eran prohibidas al teatro tradicional. El teatro de calle permitía entrar en algunos lugares, como la Polonia del socialismo real. En el 89, antes de la caída del muro, llegamos a hacer una caravana de teatro callejero desde Moscú hasta París. El teatro en espacios abiertos nos permitía entrar en el mundo, vence las estructuras. Fue una elección. Yo dirigí muchísimos espectáculos de teatro callejero. Esta famosa crisis no es crisis. Europa no está en crisis. Las crisis son inducidas, y las llaman crisis para poder justificar el gran latrocinio que está ocurriendo con la cultura popular. Obviamente que la cultura es el primer resorte que salta. El teatro de calle fue barrido en los 90 y naturalmente pasado por encima por el posmodernismo. Se inventaron formas para eliminar nuestros contenidos, porque molestan. Con la justificación de la crisis, eliminaron muchos festivales de teatro al aire libre, porque estaban teniendo demasiado éxito y concurría demasiada gente.
– Mucha gente cree que estos problemas económicos que hoy tiene Europa ya venían anunciándose como algo que tarde o temprano ocurriría. Usted dice que el sistema barrió los contenidos sociales del teatro en los noventa. ¿No podríamos pensar, sin embargo, que este derrumbe capitalista da al teatro con contenidos y mensajes sociales una oportunidad única?
Antonio Tassinari: La crisis siempre es una posibilidad. Es un gran momento para mostrar qué pasa. La gente va a terminar viendo y entendiendo, pero en Italia nosotros tenemos una situación muy particular. Venimos de veinte años de berlusconismo, o sea, veinte años en el que el pueblo, directamente, ni sale a la calle.
Herrendorf: No es cierto que el pueblo no sale a la calle.
Tassinari: Sí, pero masivamente, ya no lo hace. En Italia hay pequeñas situaciones de resistencia, pero no marchas masivas de prowwwa como se las ve en Grecia, por ejemplo. Pero fueron veinte años desmovilizantes. Nosotros fuimos gobernados que tenía todo, controlaba todos los resortes del poder. Hoy no gobierna, pero todavía controla todo.
– Entiendo. El gobierno real, muchas veces, no es el formal.
Herrendorf: Exacto. En Italia, el gobierno no es real. Es técnico, y conformado por banqueros. Lo corrieron a Silvio Berlusconi, que era ya impresentable, y lo reemplazaron por otro representante de esa élite.
– En Italia parece que no es buen momento para la cultura popular. ¿En Argentina estamos en otro momento de la historia?
Héctor Alvarellos: Sí, yo creo que sí. Pero pasa que es un momento bastante particular, porque tiene el folclore nuestro, en el fondo. Sí avanzamos en estos años en algunos aspectos como los derechos humanos. No pasa lo mismo en otras cosas. Se está gobernando en un plano del capitalismo que tiene ciertas variantes populistas, pero tampoco podemos decir que estamos libres de tipos como ésos que están gobernando Italia. Cuando a Magnetto le preguntaron si quiere ser presidente, el tipo conwwwó ¨No, porque para mí es un cargo menor¨. Entonces, si para él es menor, imaginate el poder que maneja. En lo que hace al teatro callejero, en la Argentina nunca se le dio bola. Salimos por una necesidad, en la primavera democrática, y a los manotazos nos fuimos formando y deformando, y quienes obsesivamente seguimos hasta hoy fue por una decisión de ocupar y utilizar este lenguaje para expresarnos. Los grupos comunitarios, que surgieron del 2001, se dividen entre algunos que decidieron ir a un galpón, y otros que seguimos haciendo espacio abierto. En los 90, cuando se institucionalizó “la reja” (Ndlr: se pusieron rejas en varias plazas, teóricamente para mejorar la “seguridad” del espacio público), nosotros la seguimos remando como pudimos con un par de grupos más. Últimamente, debido a encuentros con grupos del interior y nuevas variantes que los jóvenes están encontrando, aparecen nuevas formas, como es el circo en la calle, o la plástica, experiencias que los pibes utilizan para ocupar el espacio público. Pero nada de eso es apoyado desde la política. Nosotros tenemos al Instituto y a Proteatro, que nos dan un subsidio magro, como pasa con cualquier grupo, pero cuesta mantenerlo. Hay que ser justos con el esfuerzo que hacen en Proteatro, que son compañeros nuestros, y a Macri no le queda más remedio que aceptarlo, porque es una decisión de la Legislatura, y si fuera por él no dudaría en sacarlo, porque lo que sufrimos en el parque con el gobierno de la ciudad es una quita de todo tipo de apoyo.
Herrendorf: Quería llevarte un momentito a Italia. Vos sabés que la comedia del arte nació en Italia. En sus orígenes, era una manga de zaparrastrosos, gente de cuarta que no tenían un mango, les gustaba hacer teatro y viajaban en un carrito. Todo eso es muy onírico, pero en ese momento montaban el espectaculito donde iban, y muchas veces los corrían. Pasan los años, y hay una metamorfosis de la comedia del arte, hecha por un señor que se llamaba Carlo Goldoni, que la empaquetó. La puso muy paqueta, recuperó lo que esta banda de personajes hacía, arrobó a los personajes y empezó a escribir la Comedia del Arte. La única expresión de la comedia del arte que es lícita en Italia, es Goldoni. Después llegaron los franceses, hicieron “S’il vous plait¨, tomaron la Comedia del Arte que hicieron los tanos, la ponen mucho más barroca, más rococó, y apareció “la comédie francaise”. Bueno, esta es la diferencia entre los italianos y los franceses. Pero la comedia del arte no se conoce en Italia. Nunca más se vio, no existe. Hay un gran borrón histórico, no casual, de lo que fue la comedia del arte. Sólo la reconocen en las máscaras que venden en Venecia.
-¿Por qué los pibes italianos no conocen ahora a la comedia del arte italiana?
Herrendorf: ¿Por qué? Mirá: popular; orígenes del teatro; denuncia permanente de las situaciones políticas que los circundaban; grupos que se juntaban para ver teatro; era teatro popular. Ellos iban a buscar a, pero también eran parte de la gente de los pueblos.
Tassinari: Hicieron que el teatro fuera de todos, no de una parte.
Herrendorf: Que es lo que hizo Goldoni. El teatro de calle, de alguna manera, sigue cumpliendo esa función político cultural de llevar un mensaje, por parte de gente de cuarta, como nosotros. A nosotros no nos gustan las lucecitas, sino, con Héctor tenemos el talento suficiente para meternos en un teatro lleno de lucecitas. Pero hay elecciones. El teatro de calle asume políticamente ese color, sobre todo porque conglomera y lo va a encontrar en el terreno donde el espectador es patrón, que es la calle. Y hace los espectáculos pensando en él.