En el telar de la lluvia anda tejiendo la tarde, entre las hebras de ausencia, un poncho gris de nostalgia.
El viento en la casuarina afina su flauta sin prisa. Al abrirse la puerta de la cocina llegaron de la mano el aroma a los buñuelos con pasas y el almíbar con la infaltable chaucha de vainilla.
– Ahora está completa la tarde –exclamó la Sra. República. Voy a poner otro leño, pues nos estamos quedando sin fuego.
– Y yo sin lugar en la mesa, –reclamó Prosperina.
– Disculpe m´hija. Ya ordeno. Antes, con la lectura eran libros, diarios, apuntes. Y ahora, le agregamos la computadora y esto parece un laberinto de papeles. ¿Vio cómo son las cosas?
Se tiene al alcance la biblioteca más fabulosa que uno se puede haber imaginado, con sólo oprimir un par de teclas. Usted tendría que intentarlo. Si quiere, luego de cenar nos quedamos y en un par de noches, sale sola a navegar.
– Doña Potola me insiste en que me anote en un curso y que retome la escuela. Dice que se puede estudiar a distancia.
– Tiene todas las posibilidades que usted pueda imaginar y también muchas tentaciones si quiere perder el tiempo. Depende de cada uno.
– Pruebe un buñuelo señora, mientras le sirvo el mate cocido con leche.
– Menos mal que mi olfato sigue intacto, pues si espero que alguien me avise…
– Doña Potola… No me diga que necesita una llamada. Estoy segura que sabe de cada movimiento que hago en la cocina desde el escritorio.
– Igual, necesito un mimo para sentir que no me olvidan.
– Precisamente estábamos hablando de usted y de su insistencia en que aprenda computación y siga estudiando.
– Prosperina, nunca se termina de aprender.
– Gracias a Dios, pero hay que estar dispuesta.
– Quien se resigna a lo poco que sabe y piensa que ya está, no crece de acuerdo a las posibilidades que tiene. Nos han dado la inteligencia y está en nosotros utilizarla para hacer con nuestro esfuerzo una criatura, como la que pensó nuestro Creador. De lo contrario, todo el esfuerzo se perdería en un ensayo del prototipo soñado.
– Señora, si logra convencerla de que siga estudiando, va a ser el mejor regalo que me hayan hecho en la vida.
 Prosperina, de usted depende. Si a todo el conocimiento natural que adquirió con su guía le agrega el conocimiento, se va a sentir mucho mejor como persona. No lo haga por nadie. Hágalo por usted misma.