Se trata de una investigación realizada sobre 6.801 comunidades ecológicas (con o sin intervención humana) y 376 especies hospedadoras (animales que tienen potencialmente virus transmisibles a humanos) en todo el mundo.

Los autores de este artículo publicado en Nature concluyeron que “los hospedantes conocidos de vida silvestre de patógenos y parásitos compartidos por los humanos comprenden una mayor proporción de riqueza de especies locales (hasta 72%) y abundancia total (hasta 144%) en ecosistemas intervenidos por el hombre en comparación con los hábitats no perturbados.

La magnitud de este efecto “es más fuerte para las especies hospedadoras zoonóticas de roedores, murciélagos y aves passeriformes” (pájaros o aves cantoras), lo que puede ser un factor que “sustenta la importancia global de estos taxones (categoría de animales) como reservorios zoonóticos”.

Esta relación no es nueva para quienes trabajan en la temática: “Las enfermedades zoonóticas tienen que ver con la degradación de los hábitats. Todo lo que tenga que ver con afectar ambientes naturales rompe equilibrios”, indicó a Télam Elizabeth Jacobo, ingeniera agrónoma y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Agroecología (SAAE).

Jacobo, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explicó que “existe una forma de producir a partir de comprender los ciclos y procesos de cómo funciona un ecosistema y a partir de ahí pensar o planificar una producción. Eso se llama biomimesis, y está regida por el supuesto de que esta forma de intervención va a requerir menos energía extra para sostenerse porque respeta el equilibrio natural”.

La especialista detalló que cuando, por ejemplo, a partir de la agricultura industrial uno rompe ese equilibrio se van a necesitar constantemente de insumos externos para reponerlo“.

“Ahora bien, la rotura del equilibrio de esos hábitat, donde se daban procesos autorregulados a partir de milenios de adaptación de las especies al ambiente, hace que los animales queden sin esa regulación natural y, a la vez, estén cada vez más cercanos al hombre“, sostuvo Jacobo y advirtió que “los animales que se crían ya confinados pierden sus defensas naturales y tienen una alta transmisibilidad de enfermedades por el hacinamiento, lo que obliga a aplicarles un montón de drogas (vacunas, tratamientos) para tenerlos ‘sanos'”. “Estos tratamientos van haciendo una ‘selección a favor’ de los gérmenes, virus y bacterias que sobreviven y esto conlleva a enfermedades que no existían previamente”, aseveró.

En este contexto, Jacobo sostuvo que frente a la situación de pandemia actual, “no ver que estas formas intensivas de producción nos han llevado a esta realidad implica una negación en función de intereses económicos por sobre la salud y en este sentido no hay un trabajo ni esfuerzo a nivel mundial por atacar las causas“.

“Lo que se está haciendo es utilizar la tecnología y el conocimiento para paliar los efectos de la pandemia, pero esto tiene un límite. En algún momento hay que comprender que la especie humana no está sobre el ambiente (suelo, agua, aire, flora y fauna), sino que es parte“, indicó.

Por su parte, el investigador del Conicet Guillermo Folguera sostuvo que “sobre la pandemia que hoy estamos transitando hay acuerdo que su origen es zoonótico, aunque aún no se determina si fue por transmisión directa o a través de un vector (un animal intermedio que está más en contacto con los humanos)”.

Folguera, quien es biólogo y filósofo y realiza un análisis multicausal, apuntó que “avanzar sobre ecosistemas involucra a las personas humanas con una enorme cantidad de especies animales que tenían un equilibrio previo a la irrupción y que se rompen con la intervención”.

Tanto Jacobo como Folguera mencionaron que los virus generados en estos contextos llegan a una población que tiene “una alimentación de bajo nivel nutricional” por el modelo actual, lo que repercute en su sistema de defensa, que “vive hacinadas en grandes urbes” y en un mundo interconectado a tal nivel que “una enfermedad que aparece en China a los tres meses ya estaba en un barrio de la Ciudad de Buenos Aires”.

En referencia a la respuesta mundial frente a la pandemia, Folguera señaló que existen grandes esfuerzos por el desarrollo de vacunas y tratamientos, “pero no hay un trabajo más profundo sobre las causas que llevan a estas pandemias que buscar alternativas a las formas de producción y plantear políticas de distribución diferente de la población”, dijo, y concluyó que “las posibilidades de que aparezca otro patógeno (virus o bacteria) que genere este tipo de pandemias son altísimas”.

Fuente: Télam