La muestra es un festín para los amantes de los libros, pero mucho más para aquellos que buscaron la gemas de Gallimard en las librerías de saldos: abarca más de 150 documentos de sus archivos, cartas manuscritas de autores, fotos, primeras ediciones de libros, etc. Presentada por la Biblioteca Nacional Francesa, la editorial Gallimard, la Biblioteca Nacional Argentina, el Institut Français, la Embajada de Francia en la Argentina y el Fondo Nacional de las Artes, la exposición exhibirá desde dibujos de El Principito hasta invalorables manuscritos originales, como Las Palabras, de Jean-Paul Sartre; La Peste, de Albert Camus y Vuelo nocturno, también del autor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry.
Historia (sub). El 31 de mayo de 1911, Gaston Gallimard se hizo cargo de la dirección de las ediciones de La Nouvelle Revue Française (NRF), luego del pedido de sus creadores: André Gide y Jean Schlumberger. Gide y Paul Claudel inauguraron la nueva editorial. Luego, otros grandes nombres de la literatura francesa engrosaron el catálogo: Marcel Proust, Jules Supervielle, André Malraux, Antoine de Saint-Exupéry, fueron algunos de ellos. En 1913, luego de una lectura superficial, André Gide rechazó el manuscrito de En busca del tiempo perdido, mientras que Bernard Grasset aceptó publicarlo a cargo del autor. Una vez publicado, el primer tomo, Por el camino de Swann, encontró buena respuesta de la crítica. Gaston Gallimard buscó entonces tentar a Marcel Proust para que se pasase a su editorial, cosa que finalmente lograría en 1917. Este episodio marcó el comienzo de una larga rivalidad entre los dos editores. En 1919, la editorial se separó de la NRF y se transformó en una sociedad anónima: la Librairie Gallimard, que conoció rápidamente su primer gran éxito comercial con el Premio Goncourt obtenido por A la sombra de las muchachas en flor, uno de los seis volúmenes de En busca del tiempo perdido, de Proust. Comenzó entonces a publicar libros muy populares, como los de la colección Les chefs-d’œuvre du roman d’aventures, que le permitieron compensar las pérdidas engendradas por la literatura pura. A partir de 1921, Gaston Gallimard creó un comité de lectura para validar la calidad de los textos ofrecidos para la publicación. Entre los miembros de ese comité hubo autores de renombre, como Benjamin Crémieux, Jean Paulhan, Louis-Daniel Hirsch o, algunos años más tarde, André Malraux, Raymond Queneau y Jean Grosjean.