William Reid gastó en dos años sólo U$S 5.50 dólares en cómida, buscando las sobras en los contenedores de basura en supermercados, almacenes y restaurantes. Nunca se enfermó, tiene una excelente salud y lo mejor: se ha hecho amigo de los trabajadores que le separan especialmente comida a punto de vencer.

Desde el año 2014 William Reid decidió que no iba a pagar más por comida. El sistema de consumo de Estados Unidos, que se refleja en casi todo el mundo, hace que mucha comida sea tirada aún en buen estado en forma diaria. Comida que se halla en buen estado pero que, como no puede ser vendida, debe terminar en el contenedor de la basura.

El movimiento “Dumpster Diving”, algo así como “bucear en el basurero” tiene como filosofia la de aprovechar toda la comida que se desperdicia, resignificando el concepto de vencimiento y poniendo énfasis en el error del sistema de consumo que obliga al comercio a tirar aquellas sobras o productos que han cumplido con la cadena de la exhibición y que los consumidaores no compran más.

Mi vida no es tan diferente de la del resto de la gente, que todos los días va al supermercado por comida. Yo doy una vuelta y veo en el contenedor qué es lo que hay disponible. Al final, debo tomar desiciones sobre lo que voy a comer, igual que haría cualquier otra persona”, comenta Reid.

William desde el 2014 aceptó este estilo de vida y gastó U$S 5.50 dólares, es decir, U$S 2.75 al año hasta la fecha. También comprobó que enorme cantidad de comida que se tira por día puede ser usada para alimentar a muchas personas. Él es un ejemplo de que esto es real. Confiesa que no se ha enfermado nunca y que vive una vida normal. Sólo que no gasta por comida. Que no es poco.

El problema del desperdicio de comida en Estados Unidos es grave. Se estima que el 40% de los alimentos no se consumen y se tiran, mientras que la mesa de uno de cada siete hogares estadounidenses no tiene comida. La realidad es que el derroche es inmenso y toda esa montaña de comida, mucha de la cual está en buen estado, podría acabar con el hambre de millones de familias.

“Creo que a la gente le sorprendería la calidad de la comida que está en un basurero, la calidad y la cantidad. Me da escalofríos pensar que hay tanta gente sin nada qué comer mientras hay tanta comida que se tira!”, expresa Willian, el hombre que da un ejemplo de cuán errado es el sistema de consumo.

En nuestro país la ONG Plato lleno se encarga de retirar la sobra de comida de restaurantes y eventos, para repartirla en comedores populares. Este año entró un proyecto de ley en la Cámara de Diputados bonaerense que busca crear el Programa Provincial de Optimización de Recursos Alimentarios que tiene como objetivo que hoteles, bares, restaurantes y afines “donen a sectores carenciados el excedente de sus raciones alimentarias aptas para el consumo”.