Rosario tiene cinco parques destinados a la producción orgánica, los huerteros urbanos durante abril y mayo debieron suspender su trabajo porque gran parte de los terrenos en donde desarrollaban su importante labor quedaron afectados por las intensas lluvias. El Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia les dio créditos blandos a pagar la primera cuota en enero para que comiencen a rearmar su precaria situación económica.

“Tuvimos un verano durísimo con temperaturas récord y después un mes y medio de lluvia, las pérdidas fueron totales. Sembramos tres veces, y las tres veces se perdió todo”, comentó Roberta Valencia, de la huerta El Bosque.

En total son alrededor de 350 familias que trabajan la tierra dentro del éjido urbano en un terreno de poco más de 24 hectareas separados en cinco parques, La Tablada, Molino Blanco, Hogar Español, del Bosque y La Rosarina Linda.

El monto asignado a repartir en los cinco parques es de $187.000, cada familia recibirá $6.500, aunque reconocieron que la cifra es magra, al menos les servirá para pagar algunas deudas y reponer alambrado y poste para recomenzar la producción. El clima y los aumentos tarifarios los has tratado muy mal este año. Mayo fue el mes más frío en los últimos cincuenta años y en lo que va de junio las heladas se hacen sentir todas las semanas, a pesar de esto varias familias estan trabajando en siembras de rúcula, zanahoria, rabanito, acelga, repollo y espinaca. Toda producción orgánica.

El INTA y la Municipalidad les entrega semillas y herramientas, pero los huerteros urbanos reutilizan sus propias semillas, para asegurar el caracter orgánico a su producción, totalmente libres de transgénicos y agrotóxicos. Algunos no han podido entrar a sus lotes en 60 días y por esta razón el reinicio de la actividad agroecológica se hace tan difícil.

La intendenta de Rosario, Mónica Fein, se sinceró en el acto en que hizo entrega de la ayuda económica: “Esto sirve para decir que estamos acá, que los acompañamos, pero sabemos que la peor parte les toca a ustedes

Una de las huerteras, Yda Pintos, del Parque Molino Blanco resumió el trabajo que hacen: “Estamos convencidos de nuestro espacio, hace desde el año 2001 que estamos luchando y no vamos a parar ahora. Tenemos capacidades y queremos mejorar nuestros grupos familiares con más trabajo y capacitación”, dijo, para agregar: “El trabajo del huertero es importante: cuidamos el medio ambiente y cuidamos la tierra, y no cualquiera cuida la tierra. Es difícil, pero nos gusta lo que hacemos. Por eso seguimos”, aseveraron al unísno al finalizar el acto. Ellos son la resistencia urbana ante el avance de los alimentos genéticamente modificados