El BID difundió en su sede en Washington el trabajo “¿Cómo repensar el desarrollo productivo?”, en el que analiza las “políticas e instituciones sólidas para la transformación económica” en la región. Según el estudio, ante la crisis de los productores entrerrianos participaron como actores principales el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) y Pro-Arroz, una fundación de productores locales.

“Hasta 1998 -recuerda el BID- la provincia producía una variedad de baja calidad y baja productividad, fundamentalmente para exportar al mercado brasileño; con la devaluación de la moneda brasileña en 1999, el sector perdió competitividad”. No obstante, desde comienzos de los años 90 el INTA venía desarrollando una nueva variedad de arroz (Camba) de mejor calidad y mayor productividad.

El estudio del Banco Interamericano resalta que “en lugar de presionar para obtener protección o subsidios, Pro-Arroz organizó a los productores para complementar el financiamiento de la sucursal local del INTA-Concepción, coordinando las contribuciones de sus miembros”.

Posteriormente, y respondiendo a la solicitud de Pro-Arroz, el gobierno provincial introdujo un impuesto a los productores, destinado directamente a financiar las actividades de investigación del INTA, “para evitar que algunos saquen provecho del esfuerzo colectivo sin hacer el aporte que les corresponde”.

“En este caso, el Estado está contribuyendo a solucionar problemas de coordinación del sector privado”, mientras los productores de arroz “colaboraron prestando sus campos para las experimentaciones necesarias con la nueva variedad”. El trabajo del BID subraya que “gracias a la introducción exitosa de dicha variedad, la productividad del sector aumentó rápidamente, dando un fuerte impulso a su competitividad”.

Así, el INTA “se convirtió en un líder mundial de la tecnología del arroz y desde entonces ha desarrollado una variedad más sofisticada (Puita), que ha sido introducida con éxito en muchos países, en asociación con Basf, la empresa química alemana”.

Los resultados en términos de productividad en el sector arrocero entrerriano muestran un avance de más de 45% entre los años 2000 y 2012, concluye el estudio del BID.