Por Roberto Anselmino 
 
En los primeros pasos de la Argentina recién nacida, gran parte del vino que se consumía era elaborado por viñateros entrerrianos. Todo cambió con la Ley Nacional Nº 12.137, promulgada en 1930: se desalentó la actividad en la zona para fomentarla en Cuyo. Todavía está el amargo recuerdo, que pasa de generación en generación, de cuando los inspectores arrancaban las vides de raíz y perforaban toneles y alambiques.
 
Pero el nuevo siglo promete revancha y hoy la provincia mesopotámica busca su destino vitivinícola. Actualmente los varietales como el Merlot, el Malbec, el Cabernet Sauvignon y el Tannat, entre otros, empiezan a poblar el paisaje
entrerriano, desde que en 1993 se derogara toda la legislación regulatoria vitivinícola. 
 
Dos establecimientos viñateros son la punta de lanza: bodega Vulliez, ubicado en Colón, a orillas del río Uruguay y chacra La Paula, en Victoria, cerca del río Paraná. Ambos tienen en común la ambición por lograr una cepa propia, distintiva de la región, para poder tener un producto de alta gama y exportarlo.
 
Legado 
 
Jesús Vulliez es descendiente de antiguos bodegueros. “Mi tatarabuelo comenzó con la vitivinicultura en la década de 1870, le siguió mi bisabuelo, luego mi abuelo, hasta que cuando comenzó mi padre se prohibió la actividad”, rememora. Recién en 1994 la familia retomó la actividad con un viñedo chico “pero no fue una buena experiencia”. 
 
En 2002 recomenzó pero con asesoramiento de técnico de Uruguay y la experiencia fue totalmente distinta. Hoy ya tiene su bodega con tecnología de última generación para la vinificación. “En la actualidad produzco 110.000 litros, para el próximo año 200.000 y esperamos llegar a 400.000 para 2015”, destaca. 
 
Vinifica la producción de 16 hectáreas de las cuales 3 son de su propiedad. Según Vulliez, en su zona se adaptan mejor los varietales Tannat, Merlot, Chardonnay y Syrah. “Pero tenemos otras variedades como Malbec, Sangiovese, Arinarnoa, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Viognier, que también tienen un buen comportamiento”, aclara. El sistema de plantación de vides es el conocido como Lyra.
 
La Paula de los vinos
 
Rubén Tealdi, dueño de Chacra La Paula, no desciende de los antiguos “gringos” viñateros. Pero se contagió de la tradición, cultura y identidad que la vid le da a sur de la Mesopotamia. “Hacía rato que tenía la idea de un viñedo. Soñaba con ver esos espalderos en mi chacra”, cuenta. 
 
Arrancó en 2006 con unas “parritas de uva de mesa”. En 2007 se entusiasmó y en el 2008 completó la hectárea y media de plantación. “Hoy estoy construyendo la bodega que, estimo, estará lista en tres meses”, suelta orgulloso. Desde la primera planta hasta hoy disfruta cada momento y dice que jamás piensa en el negocio. “Sólo quiero lograr el mejor vino, cultivar un bello viñedo y que mi bodega reviva aquella increíble historia viñatera entrerriana”, dice. 
 
También rescata el potencial de la zona al comparar la tierra, el paisaje y el clima entrerriano con el de Burdeos, Francia, cuna de excelentes vinos. Sus vides crecen mediante el sistema de espalderos de quebracho y ñandubay, que recrean los viñedos del siglo XIX en la zona. La Paula produce tres variedades: Merlot, Malbec, Cabernet Sauvignon, y Tannat.
 
Volver en vino 
 
Vulliez y Tealdi no están solos. Ellos son la cara visible de muchos viñateros que buscan perfeccionar el producto final y que tienen el sueño de llegar a producir vinos con certificación de origen, elaborados con cepas de levaduras autóctonas y degustados por los más refinados paladares del mundo.
 
Ya formaron la Asociaciónde Vitivinicultores Entrerrianos (AVER) que tiene un decidido apoyo del gobierno provincial en política, tecnología y líneas de crédito. El INTA también está presente y se ha avanzado en un Plan de Trabajo junto con la Facultad de Ciencias de la Alimentación de Concordia, el gobierno provincial y AVER. También reciben el asesoramiento dos profesionales
uruguayos (post-graduados en Francia), especializados en los cultivos de esta
región. 
 
Para Raúl Brassesco, jefe de la agencia de extensión rural del INTA Victoria, la provincia tiene una “gran potencialidad y un largo camino por recorrer”. Con este objetivo, los técnicos trabajan en base al material conservado en el banco de germoplasma para recuperar aquellas variedades ancestrales e identificar algunas nuevas que sean más adaptables a las características ambientales de la zona.
 
“Así como Mendoza tiene el Malbec y La Rioja el Torrontés, nuestra zona en poco tiempo tendrá su cepa emblema: la Tannat o la Marcelane, esta última aún en proceso de prueba”, aseguró el técnico. Brassesco es optimista en que Entre Ríos recupere su lugar dentro de la vitivinicultura argentina. “Si bien estamos lejos de las cinco mil que llegó a haber en los años ’30, creo que hay muy buenas expectativas para que esta actividad vuelva a tener su protagonismo. Se está avanzando muy bien”.