“La provincia empieza a hacerse fuerte desde la diversidad. El espacio de los libros es el anticipador de los porvenires. La diversidad implica conocer a los escritores de la Argentina profunda”, dijo Alfredo Jara, el subsecretario de Cultura de Formosa, a salón lleno, al borde del río Paraguay, el sabio que une lo que el mapa separa. Por las ventanas del salón donde habla Jara, se ve la poesía: titilan tímidas las luces de Alberdi, en Paraguay, y un bote avanza, remo en alto, en la cinta de plata que es a esta hora el río del mismo nombre.
El 8 de junio Formosa encendió las luces de la novena edición de la Feria Provincial del Libro, bajo el lema “Más libro, diversidad cultural”, en el predio costanero Vuelta Fermoza, para demostrar que lejos de las luces de Buenos Aires se escribe, mucho y bien.
Con entrada gratuita, esta exposición de las letras formoseñas homenajea cada año a un escritor. En 2010 el galardón le tocó a Orlando Van Bredan, que antecedió en la palabra al agasajado 2011, Luis Tula (ver recuadro). El escritor se confesó feliz y reconoció en la pluma de Tula a una suerte de mito viviente de esta región. Trajo hasta la ciudad a El Colorado lluvioso con el croar de las ranas como cortina musical. Polémico, demostró que no sólo se escribe del paisaje en su provincia. Citó un cuento de Tula en donde un hombre, awwwado de leer, barre las letras de su vida con una escoba. “No estamos condenados a escribir del obraje, del hachero y del algodón”, disparó. Leyó “Poemas para este lugar” y pareció sumergir a todos en ese paisaje que Tula retrató en su obra.
Rodolfo Hamawi, director nacional de Políticas Culturales dijo: “Una feria del libro es una gran fiesta de la cultura. En 2010 se editaron 26.500 nuevos títulos, el 80 por ciento se produjo en Buenos Aires. Eso hay que atenderlo”, advirtió. “Queremos que los niños nazcan con un libro bajo el brazo”, completó el funcionario. Olga Comello, la ministra de Educación de Formosa, trajo a la mesa un tema espinoso: la federalización de la cultura.

Presencia Qom

“Es un trabajo que la misma comunidad ha hecho. Estamos preocupados por la lengua materna, porque si muere nuestra lengua, muere nuestra cultura. Desde ahí tenemos que desarrollar la lucha de los antepasados.” Con esas palabras abrió la charla una profesora de la comunidad Qom en la presentación de un libro propio con su historia, manufacturado dentro de la comunidad. “Nuestros ancianos son nuestra biblioteca. Vamos a dejar de leer los libros que hablen de nosotros, para empezar a mostrar lo nuestro a partir de nuestro propio pensamiento, porque si dejamos morir nuestra cultura, somos cómplices del genocidio.”

El pais escribe

Uno de los atractivos de la feria fue la presentación de libros con la voz de sus autores. “Formosa existe y existe con mucha fuerza”, se plantó el escritor local Pablo José Hernández. Igual de riguroso se puso cuando habló de la industria del libro. ”No es un buen negocio editar autores del pensamiento nacional. Es más rentable vender huevos”, tiró.
Después, Jorge Rosemberg, el Roberto Arlt de Santiago del Estero, rompió el protocolo en la presentación de “El Libro del Zoco IV”, su reciente obra. Leyó dos relatos para retorcerse de la risa sin dejar de pensar y se levantó de la silla algo molesto porque mientras leía, algunos charlaban con Hernández al costado de la mesa, ajenos a Rosemberg. El hombre de la madre de ciudades presentó su estilo identitario en el decir santiagueño. “…me he quedado queriendo pensar”, leyó, como desmintiendo eso de que escribir lindo es lo mismo que escribir bien. Entre la poesía y la narratividad, logró unir lo cotidiano con lo profundo, sin que cada cosa deje ser ella misma.
El galpón era modesto en sus medidas, pero contuvo un stand de Paraguay –que este año festeja su Bicentenario-, con poetas nuevos y con los viejos conocidos, con trabajos antropológicos e históricos. Estuvo la lomense revista “Sudestada”, librerías formoseñas, stands de municipios –con sus artistas y fiestas provinciales- y música al final de las seis jornadas que duró el festejo.
Pero la exposición no se restringió a los libros y resultó diversa en todo sentido: hubo una muestra de arte textil a cargo de Osmar Budiño, un taller de periodismo para chicos, otro que enseñó nociones de dibujo después de leer un cuento, uno dedicado al oficio de narrar y hasta un taller de interpretación de sueños. Danzas, demostraciones científicas asombrosas, shows de payasos y espectáculos musicales, rubro en el cual descolló la obra del dúo Jorge Marziali-Daniel Viola, quienes lograron traer el ideario de Arturo Jauretche en la piel de Viola, interpretando genialmente al escritor de Lincoln.
La provincia mostró la historia de su teatro y el imaginario cultural, al tiempo que se ofreció un espacio abierto para escritores regionales, que se mantiene cada domingo a las 16 durante todo el año. Se presentó “La Formosa profunda”, de Rafael Rumich, editado por la Subsecretaria de Cultura provincial, que también se ha preocupado por mostrar la música propia erigiéndose en editora de discos.
La Rioja tuvo una fuerte presencia con “Obras Completas”, de Héctor Gatica y “Escritores riojanos”, de Norberto Rojo; Corrientes con “Confesiones marginales”, de Norberto Lischinsky; Chaco con “Torrente”, la premiada novela del joven Mariano Quirós y Formosa hizo hincapié en su diversidad: además de “Na Quom (Los Tobas)” escrito con mano propia, presentó “Así nomaé”, de la editorial Ñasaindy Cartonera, con una antología de escritores jóvenes formoseños.
Se perdió la chance de ver en escena al chaqueño Mempo Giardinelli, invitado por la provincia y autodesinvitado a través de una contratapa de Página/12. Quedó trunca la chance de conocer el delirante “Imposible equilibro”, su reciente libro, en donde pone otra vez al Chaco en la literatura.
Pero se pudo ver que no es cuento eso de que la diversidad sea el punto a partir del cual se cuenten las historias de la Argentina profunda, esa nación amplia que ahora se escribe con mano propia.