Carpinchos, monos, yacarés, aves y ciervos. Montes, lagunas y selvas. Iberá tiene muchos encantos para vivir desde adentro, paseando, probando comidas típicas y recorriendo sus senderos encantados. Sumergirse en el universo del Iberá es descubrir un paraíso enmarcado en la belleza de la provincia de Corrientes. Desde que se pisa la tierra y se respira su aire puro, se siente a la naturaleza en su máximo esplendor y la calma cálida del litoral argentino, siempre contenta de abrir las puertas a las visitas. 

Desde el momento en que se llega a Colonia Carlos Pellegrini se observan aves de todos los colores, carpinchos imperturbables y ciervos de los pantanos escurridizos. Siempre hay que tener la cámara de fotos a mano, para poder captar los mejores momentos en contacto con la naturaleza del Iberá. Por la mañana, bien temprano, es el horario perfecto para contemplar la fauna y sus costumbres y durante el atardecer los animales despliegan su mayor actividad ante el público presente.

Por las callecitas de arena de Colonia y recorriendo a pie, en bicicleta o en carros típicos, comienza un paseo imperdible. Con ritmo calmo, los viajeros reciben el amanecer en el puente rodeado del canto de las aves, para luego visitar algún rancho de adobe, auténtica muestra de la arquitectura tradicional correntina.

Dispuestos a la aventura de los Esteros, dar una vuelta por el Centro de Atención al Visitante es ideal para saber a través de qué actividades se aprecia en mayor profundidad la cultura y la naturaleza que ofrece la Reserva Provincial Iberá. Solos o acompañados por un Guardaparques Provincial, los viajeros parten desde ese punto a recorrer senderos, para dar los primeros pasos dentro del paisaje.

Andar a pie regala una visión distinta del Iberá. Inmersos en los palmares y embalsados (suelos flotantes) con la compañía de los guías especializados, se van descubriendo animales que sólo habitan en esta zona, y la gente del lugar siempre sorprende con su sabiduría al señalar algunos de los variados usos de las plantas locales.

Los pobladores de Pellegrini también invitan a pasear y disfrutar del entorno desde la perspectiva que da el andar a caballo con mansos ejemplares de curiosos nombres.

Los safaris lacustres son ideales para acercarse a la abundante avifauna del Iberá. Las lanchas van recorriendo los esteros, los viajeros se sumergen en el sonido de las aves y en la tranquilidad de los yacarés que duermen calmos bajo el sol, cuando, de repente, alguien logra fotografiar con emoción a un ciervo de los pantanos dando saltos con gracia.

Entre el descanso y la contemplación, los visitantes aprenden de ecología nada menos que en uno de los humedales protegidos más grandes de todo el mundo. Los arroyos, correderas, embalsados y bañados son el hogar de cientos de aves, horizontes rojizos infinitos, y un espíritu cálido y tan calmo que dan ganas de extender la estadía para vivirlo un poco más.

Para terminar el paseo, un safari nocturno donde avistar a los animales que entran en acción cuando sale la luna es increíble. Zorros, zorrinos, el tatú negro, carpinchos y corzuelas, vizcachas, aguará porá, aves nocturnas y gatos monteses sorprenden tanto como el cielo estrellado.

Luego de probar comidas típicas a la vera de la laguna en los comedores y bares, el descanso llega en los campings, posadas, hosterías y lodges con gran variedad de servicios, donde contagiarse del ritmo desacelerado de vida. La Colonia es un remanso divino que maravilla minuto a minuto. 

Es difícil no sentirse maravillado ante tanta vida silvestre: enormes carpinchos mansos, aves endémicas, ciervos de los pantanos, monos que aúllan en medio del monte, yacarés -bebés y enormes- y muchos otros acompañan las travesías y completan el paisaje salvaje. La paz transporta a los visitantes: entre atardeceres rojizos y las aguas brillantes que reflejan la magnificencia del Iberá, se va dejando atrás cualquier rastro de estrés y preocupación.

Más información: http://www.turismocorrientes.com.ar/

 

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