Investigadores del Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA) almacenaron frutillas frescas (Fragaria ananassa Duch, variedad ‘Camino Real’) durante 20 días a 5ºC, expuestas a concentraciones elevadas de oxígeno y dióxido de carbono, y no solo prolongaron la vida útil de estas, sino que también lograron mejorar su capacidad promotora de la cicatrización.

Estas condiciones atmosféricas ocasionan un efecto de estrés abiótico sobre el metabolismo secundario de las frutillas que, para defenderse, producen una mayor síntesis de compuestos fenólicos (metabolitos con distintos beneficios para la salud)”, explicó el doctor Franco Van de Velde, investigador del ITA que depende de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en Santa Fe.

El estudio fue publicado en la revista “Food Science and Nutrition”. En un trabajo previo, Van de Velde y colegas comprobaron que las frutillas almacenadas mantuvieron su calidad microbiológica y sensorial. En otra etapa del estudio, los investigadores aplicaron extractos en un cultivo in vitro de fibroblastos de piel humana y vieron que aumentaba su proliferación y migración, lo que sugiere una acción cicatrizante.

También realizaron experimentos en cultivos celulares de roedores y comprobaron que los compuestos fenólicos de las frutillas logran suprimir genes proinflamatorios.

En este tipo de atmósferas especiales podría ser una alternativa prometedora para extender su vida útil y ofrecer frutas con un potencial bioactivo mejorado”, indicó el también investigador del CONICET y profesor de la UNL y agregó: “No obstante todavía hay un camino que recorrer para poder transferir esta tecnología al sector productivo”.

Fuente: Agencia CyTA-Fundación Leloir