La polinización animal es un proceso ecológico clave para el éxito reproductivo de casi el 90 por ciento de las plantas con flores silvestres y cerca del 75 por ciento de los cultivos de interés agronómico o cultural. No obstante, y pese a que la demanda de los servicios de polinización se encuentra en alza, hay evidencias de que las poblaciones de polinizadores se encuentran en declive, así como de que existen déficits en la producción de cultivos que pueden estar asociados a una polinización insuficiente.

Esta evidencia dio impulso a una preocupación global y derivó en que se generen planes y estrategias para contrarrestar esta tendencia en diferentes países.

Recientemente, un estudio internacional, a partir de la consulta a veinte especialistas de diferentes lugares del mundo -de la que participaron científicos del CONICET- evaluó el peso y ordenó por importancia las causas y riesgos asociados con la disminución de polinizadores, tanto a nivel global como para seis diferentes regiones (África, Asia-Pacífica, América del Norte, América Latina, Europa y Australia/Nueva Zelanda). Los resultados fueron publicados en la revista Nature Ecology & Evolution.

Los tres investigadores del CONICET que participaron del trabajo y que, además, ya habían colaborado en un informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES) son: Marcelo Aizen, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCOMA), Leonardo Galetto, del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV, CONICET-UNC) y Lucas Garibaldi, del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD, CONICET-UNRN).

Los factores que impulsan la disminución de los polinizadores

Los ocho factores o drivers identificados en el informe del IPBES como causantes directos de la disminución de polinizadores, y cuya importancia fue evaluada por los expertos que participaron en el trabajo publicado en Nature Ecology & Evolution, son: 1) cobertura y configuración de la tierra; 2) manejo de la tierra; 3) usos de pesticidas; 4) manejo de polinizadores; 5) cambio climático; 6) especies exóticas invasoras; 7) pestes y patógenos y 8) organismos genéticamente modificados.

La evaluación que realizamos permite observar patrones generales a nivel global y percepciones particulares según regiones. El principal factor de la pérdida de la biodiversidad de polinizadores en el mundo aparece asociado a los cambios en el uso del suelo, que acá llamamos ´cobertura y configuración de la tierra´, y está vinculado con las transformaciones en el paisaje, incluida la destrucción de hábitats naturales y la fragmentación de los mismos. El manejo de la tierra, que está asociado a las actividades que las personas realizan en determinados tipos de cobertura terrestre (excluyendo, por una cuestión metodológica, el uso de pesticidas), es el segundo. La utilización de pesticidas es, justamente, el tercero en importancia. Esto va de la mano con lo que se percibe que son los principales factores de pérdida de biodiversidad en general en el mundo, tal vez con un peso mayor del uso de pesticidas, que aunque también impacta sobre otras poblaciones, por ahí no tanto como sobre los polinizadores”, explica Lucas Garibaldi.

Los factores que, de acuerdo al consenso de los especialistas, tienen mayor relevancia en la pérdida de polinizadores en América Latina (que resultan, además, los mejor establecidos por la evidencia científica) son los mismos que para el mundo en general: transformaciones en el paisaje, manejo local de la tierra y uso de pesticidas. Aunque no es un punto tan firmemente establecido, si se hace la comparación con lo que ocurre en otras regiones y en el mundo en general, en Latinoamérica, la introducción de organismos genéticamente modificados parece tener un mayor peso relativo en la disminución de polinizadores.

Hay que tener en cuenta que discriminar individualmente la importancia de cada uno de los factores que impactan sobre la biodiversidad de polinizadores no es sencillo, porque en general actúan de forma simultánea y asociados entre sí. Por ejemplo, el pasaje de un suelo cubierto con distintos cultivos a una situación de monocultivos está relacionado con mayor uso de pesticidas. Entonces es difícil separar y distinguir cuánto del efecto sobre los polinizadores se debe a la homogeneización del hábitat y cuánto a los pesticidas”, subraya Marcelo Aizen.

Aunque el cambio climático no aparece como uno de los drivers que más peso tienen en lo que refiere a la disminución de los polinizadores, tanto en el mundo como en Latinoamérica, de acuerdo con los investigadores, esto no quiere decir que no sea importante, sino, probablemente, que actúa a una escala más lenta y de forma menos inmediata que, por ejemplo, la destrucción o fragmentación de un hábitat natural.

Riesgos directos de la disminución de polinizadores

Los diez principales riesgos directos de la disminución de polinizadores y de la polinización, de acuerdo con el informe de la IPBES, son: 1) déficits en la polinización; 2) inestabilidad en el rendimiento de los cultivos; 3) mermas en la producción de miel y otros productos de colmena; 4) disminución, en el largo plazo, de la capacidad del sistema de producción de comida para recuperarse de situaciones adversas; 5) reducción en la disponibilidad de frutos silvestres; 6) merma en los polinizadores manejados; 7) declive en la diversidad de polinizadores silvestres; 8) pérdida de diversidad de plantas silvestres; 9) pérdida del valor estético, felicidad o bienestar asociados con polinizadores silvestres o plantas silvestres; 10) pérdida de formas de vida o prácticas culturales tradicionales en las que los polinizadores juegan un papel integral. Mientras las primeras siete son consideradas por su impacto en la producción de alimentos, las últimas cuatro se consideran que tienen consecuencias, sobre todo, para lo que se conoce como diversidad biocultural.

La diversidad biocultural está relacionada con las culturas tradicionales en interacción con los distintos grupos de organismos en el paisaje, que generalmente están menos urbanizadas que la occidental y persisten en los territorios, y cuya presencia es más frecuente en Latinoamérica, África y ciertos lugares de Asia. Estas culturas y sus modos de vida dependen también de la diversidad de polinizadores, al tiempo que sus prácticas también favorecen su conservación. Resulta importante contemplar también estos impactos, además de aquellos vinculados al rendimiento de los cultivos o la cantidad de alimentos que se producen”, señala Leonardo Galetto.

Diferencias entre Sur y el Norte

Los riesgos vinculados a la disminución de polinizadores parecen ser una mayor amenaza para lo que se conoce como Sur Global (sobre todo para América Latina y África) que para Europa, América del Norte o Australia y Nueva Zelanda.

Las diferencias entre el Sur Global (SG) y el Norte Global (NG) responden a cuestiones como las distintas tasas de deforestación y de destrucción de hábitat. Para dar una idea, mientras en el GN la masa forestal se incrementa, en el GS decrece a expensas de la expansión de monocultivos, como la soja en Latinoamérica y el aceite de palma en el sudeste asiático. En este sentido, la heterogeneidad del paisaje contribuye a conservar la biodiversidad de polinizadores”, destaca Aizen.

Las diferencias regionales respecto de los riesgos están relacionadas con la historia de cada una de estas regiones. Mientras en Europa, por ejemplo, la cobertura del suelo ya está muy modificada por actividades humanas y no hay tanto por alterar, en América Latina, hay grandes regiones biogeográficas que se están transformando de manera activa en la actualidad”, agrega Galetto.

¿Qué se puede hacer para revertir la situación?

De acuerdo con los científicos, para contrarrestar la tendencia a perder polinizadores se pueden tomar diferentes medidas. En ese sentido, una tarea importante, en lo que refiere a América Latina, es incrementar el conocimiento sobre la diversidad de polinizadores presentes en la región.

Es clave pensar cómo se puede reglamentar para incrementar la heterogeneidad en el uso de la tierra. Por ejemplo, que no se pueda sembrar más de cierta superficie con un mismo cultivo”, indica Aizen.

“También se podría, por ejemplo, dejar de fumigar los bordes de alambrados y permitir que esa vegetación crezca, lo que ya les garantiza a los polinizadores un mini corredor biológico que va integrando distintas áreas naturales o semi-naturales en el paisaje”, indica Galetto.

Fuente: CONICET