Algo muy motivador para el pescador deportivo es conocer y disfrutar de distintos lugares para la práctica de su pasatiempo. Una zona geográfica que permite este plus de felicidad es la Patagonia. Incluso arrancando desde el sur mendocino (tan parecido en todo sentido a la Patagonia) hay una enorme cantidad de ríos, arroyos y lagos donde obtener las tan preciadas truchas, mezcladas con algún pejerrey patagónico o alguna perca.
Entre estos pesqueros uno que se destaca por la buena pesca es el lago Tromen. Lo saben los mosqueros y pescadores de spinning que lo visitan. Como dice Diego Flores, en su libro “Aguas patagónicas”, su forma es curiosa: se asemeja a un trébol con la hoja sur más grande y la hoja noroeste de gran exposición al viento, por lo que se la conoce también como El Túnel. La costa es escarpada en casi todo su contorno, salvo las playas de sur de fácil acceso. Esto implica que para pescar bien en este lago es indispensable una embarcación. Por eso, nuestro amigo Jorge Bartolomé convino con Henry Trias, de Pasión Patagonia Fly Fishing, un viaje que aquí le contamos.

A los saltos. Bajar la embarcación sólo es posible con vehículos todo terreno por la poca adherencia en las arenas blandas de la costa. Una vez en el agua armaron los equipos, compuestos por cañas 5 y 6, con líderes muy largos (3,60 metros del 3X o 4X), ya que, salvo en las zonas de sombras, el agua es muy clara y las truchas se asustan con la cola de ratón. Esto también obligaba a tiros largos.
El día era frío para la época (no más de nueve o diez grados) y Henry probaba con moscas secas sin éxito. Por esta causa puso línea de hundimiento de 150 grains y así comenzaron los piques.
Jorge, con moscas lastradas, lo siguió en este arte de las capturas y ambos empezaron a disfrutar de las violentas corridas y saltos de las arco iris. En una bahía de las tantas que festonean el lago, descendieron (está prohibido hacerlo en el extremo occidental del espejo) y comenzaron a caminar por una bahía de aguas someras utilizando waders de neoprene para que no penetrase ni el agua ni el frío. En este caso, las reinas fueron las fontinalis, uno de los salmónidos más hermosos por sus patrones de colores y de más lucha cuando se los pesca en zonas playas.
El almuerzo cortó el día pero valió la pena: por la calidad de la comida y por el marco tan hermoso que presenta este lago con el volcán Lanín ya pintado por las primeras nevadas en su cumbre. A la tarde fueron a una bahía que Henry conoce muy bien y allí se encontraron con un raro panorama: el viento era nulo y, por tanto, no recibieron respuestas de las truchas que veían de lejos la embarcación.
Cambiaron, entonces, otra vez de lugar. La navegación es lenta porque el reglamento obliga a hacerla a baja velocidad y sin producir olas. Ya soplaba una brisa interesante y el guía optó por volver a la línea de flote, que permite ver el ataque de las truchas y es, en este sentido, más apreciada por la adrenalina que produce este espectáculo. Consiguió así capturar un par de arco iris sumamente voraces.
El Tromen desagua en el océano Atlántico en un larguísimo recorrido a través del río Malleo, que luego desemboca en el Aluminé, que a su vez es afluente del Limay y el Negro. Se llega desde San Martín de los Andes o Junín de los Andes tomando hacia el Norte la ruta 234. Luego se empalma con la ruta 23 por dieciséis kilómetros y, al cruzar el puente del citado Malleo, se dobla hacia el occidente por la ruta 60 que va a paso Mamuil Malal (ex Tromen, cruce a Chile). Poco antes de llegar, sale hacia el Norte un camino de tres mil metros que lleva al camping del lago. Los guías disponen de camionetas 4×4 para hacer este recorrido sin que el turista tenga que utilizar su vehículo particular.
Jorge y Henry practicaron todo el día, y ya como un estilo que ambos pregonan, la pesca con devolución obligatoria de todos los ejemplares. En este lago del Parque Nacional Lanín, luego de la prohibición del trolling, se incrementó la cantidad y calidad de peces capturados. Un lago para tomar en cuenta para el cierre de la temporada.