La Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) plantó un ejemplar de Ginkgo Biloba descendiente de un árbol que sobrevivió al bombardeo atómico de Hiroshima.

Julio Bernal, director de la Asociación Proyecto Semillas de Paz Argentina fue quien entregó a la institución este ejemplar en una jornada que contó con un homenaje a las víctimas del histórico bombardeo del 6 de agosto de 1945. En el Jardín Botánico Lucien Hauman se colocó una placa junto al árbol.

Este árbol demuestra que la vida vence a la muerte, que la bomba dejó un desierto y de ese desierto brotó nuevamente la vida. Este ejemplar es hijo de un árbol que sobrevivió a una bomba atómica y que tuvo la capacidad de dar semillas que se dispersaron por todo el mundo. Y este concepto de que la vida vence a la muerte es muy importante para nuestra Facultad porque todo lo que enseñamos aquí tiene que ver no sólo con la vida de las plantas o los animales sino también con la vida de las personas. Estoy muy contento que como Facultad nos hayamos hecho eco de esta iniciativa que es un mensaje de paz y de lucha contra cualquier tipo de violencia”, expresó el decano Rodolfo Golluscio.

Ginkgo biloba, Gingko o ‘árbol de los cuarenta escudos’ es un árbol único en el mundo. Darwin llamó a este árbol ‘fósil viviente’, ya que está considerado como la especie superior viva más antigua del planeta

Un año después del estallido de la bomba de Hiroshima, en la primavera de 1946, a 1 kilómetro de distancia del epicentro de la explosión un viejo Ginkgo destruido y seco empezó a brotar, mientras que un templo ubicado allí había sido destruido por completo, por lo que para Hiroshima se transformó en símbolo del renacimiento y objeto de veneración. 

‘Proyecto Semillas de Paz’ repartió un total de 26 ejemplares por todo el país, como un símbolo de paz y del cuidado del medio ambiente. “Hoy, y por primera vez, en esta entrega estuvo presente la bandera de la paz con la que nos honraron hace un mes cuando fuimos designados Embajada de Paz. Siempre digo que nuestro proyecto empezó en el segundo siguiente a esa explosión y ustedes son depositarios de la mamá de todos los árboles de Hiroshima. Nuestro agradecimiento a la Facultad por darle un nuevo hogar a otro de nuestros ejemplares”, indicó Bernal.