Fotos J. Arellano, J.C. Casas y Bruno Bertagna

No es difícil encontrar el club de barrio donde ensayan Los Cometas de Boedo: sólo hay que seguir el sonido de los bombos. Son los días previos al comienzo del carnaval en la ciudad de Buenos Aires. Es una noche de calor, la música rebota entre los edificios y circula por las calles. La cancha de papi fútbol está colmada de gente de todas las edades. Hay varios grupos y cada uno tiene uno o dos líderes que tocan un silbato, dan instrucciones, arengan a los bailarines y también a los músicos. ¡Bum, bum, bum, bum! En uno de los costados, los bombistas golpean sus instrumentos con fuerza sin perder el ritmo. ¡Qué música electrónica ni que ocho cuartos! Esto es un festival de energía y todo es real, está a la vista: se siente el sonido, se huele el calor. Los cuerpos sudados se estremecen y cuando empiezan a sonar los platillos, los bailarines aceleran sus pasos.

En las caras aparecen sonrisas y miradas cómplices. Varios vecinos de todas las edades contemplan el espectáculo. “Para bailar bien hay que tener disciplina”, grita al oído Enrique “Marciano” Aumasque, fundador de Los Cometas de Boedo, una de las murgas porteñas más emblemáticas. “Los Cometas cumplimos 55 años”, agrega y sonríe con orgullo. Un poco más allá, un padre baila con un hijo de meses en brazos. Puede decirse que le va a salir un murguero de cuna.

Los distintos grupos de murgueros ensayan distintas coreografías. El ambiente es familiar: el carnaval es una salida obligada en el barrio y Boedo tiene tradición. Los murgueros realizan un desgaste físico importante pero siempre con alegría. La murga es un lugar para descargar tensiones: música, baile y canciones en las calles. La murga es la fiesta del pueblo.

El director de los músicos va marcando las distintas intensidades y los bailarines responden en el acto. Uno de los bailarines tira patadas, se agacha y toca el suelo; dobla las rodillas hasta los límites ligamentarios, tuerce el tobillo, quiebra la cintura; se mueve como un poseído. Los bombos funcionan como un mantra que nunca se detiene. Ahora es la parte de los platillos -un elemento distintivo de la ciudad- y se escuchan gritos de guerra. Al final, cuando dejan de tocar, todos aplauden. Después toman agua, y se felicitan golpeándose las espaldas, se abrazan. Algunos se tiran al piso, exhaustos, en silencio. Durante los últimos cinco meses, esta escena se repitió dos veces por semana.

Ciudad de murgas

En la ciudad de Buenos Aires existen unas 130 murgas. Cada una tiene su propio estilo, sus colores que la identifican y sus bailes característicos. Lo que tienen en común es un sentido de pertenencia hacia el barrio. Los murgueros tienen pasión por el lugar que habitan y quieren que todo el mundo lo sepa. El punto cúlmine se da en los 33 corsos, durante el mes que dura el carnaval, del 1 de febrero al 2 de marzo. Allí, entre desfile y canciones, durante unos 50 minutos, cada murga muestra los sábados y domingos el trabajo de meses de ensayos. “Nadie cobra, se hace por amor al arte. Cada murguero trae su traje y sus zapatillas blancas”. Los Come- tas de Boedo llegan a desfilar tres veces los días sábados en distintos corsos. Reciben un subsidio de la ciudad que “sirve para costear los traslados”. En el club guardan los bombos y al rato se apagan los reflectores. Los murgueros parten caminando a las casas a descansar. Mañana será otro día.

Christian Toloza y su mujer Liana son los directores generales y fundadores en 2004 de Enviciados por Saavedra. Esta murga joven es una de las siete que funcionan en el barrio. Verde, amarillo y rojo son los colores que la identifican. El ensayo es en medio de un parque y corre un poco de viento. “Venimos de familias murgueras. La mur- ga es la alegri?a del pueblo. Son noches que te olvida?s de los problemas y disfruta?s”, comentan. “Estamos muy emocionados por los feriados, fuimos a la Casa Rosada y sali? en una foto con la Presidenta. Los militares los habi?an sacado para callar al pueblo”. Hoy el pueblo vuelve a gritar y a bailar con fuerza. En el ensayo hay casi cien personas, tambie?n de todas las edades. “Nosotros no tenemos coreografi?as. En nuestra murga el baile es libre. A las letras de las canciones las componemos entre todos. Somos del Barrio Mitre y nos pusimos de novios hace 20 an?os. Tenemos 4 nenes, todos murgueros”.

Dicen que los 150 murgueros ocupan ma?s de una cuadra. En el escenario, siete personas presentan la murga, entonan la glosa (versos sentimentales hacia el barrio), hacen la cancio?n de presentacio?n y luego la de prowwwa. La de prowwwa tiene tono picaresco y va contra poli?ticos y algunos famosos de la televisio?n. La cancio?n homenaje es hacía algu?n murguero importante y el cierre es con una de despedida a puro bombo, platillo y trompetas.

Con respecto al vestuario, explican que “todos llevamos levita (saco con cola larga de dos puntas). Los varones, pantalones largos. Las mujeres pollera o pantalo?n. Tambie?n zapatillas blancas; guantes blancos; mon?ito y yavot (volado). Y todos, galera verde. Cada uno se banca su ropa y elige sus apliques y adornos. El traje de Liana refleja sus inclinaciones poli?ticas. “Los directores coordinamos, ordenamos a 160 personas, elegimos las canciones, armamos las filas para el desfile. Adema?s tenemos contacto con otros directores, vemos co?mo se preparan, la cantidad de funciones que van a dar. El subsidio que nos da la ciudad alcanza para el transporte”, agregan. “Antes entre las murgas habi?a mayor rivalidad, como entre equipos de fu?tbol. Hoy esta? todo bien. Los barrios murgueros por excelencia son Saavedra, Boedo, Almagro y Urquiza. Queremos que se difunda el carnaval pa- ra que la gente se acerque a los corsos y la fiesta sea ma?s grande todavi?a. Esto es lo que nos gusta hacer y dejamos todo en la cancha”. Para comprobarlo, basta con mirarlos bailar, cantar y saltar, al ritmo de una percusio?n demoledora.

Atrevidos por costumbre

Ahora si?, despue?s de algunos acoples, comienza la mu?sica y los bailarines murgueros se acercaron para animar el ensayo. El Gallego Espiño recita, canta, baila. ¡Está en llamas! El tren pasa a toda ma?quina, pero eso no impide que las voces se escuchen con claridad. Cada vez llega ma?s gente. La fiesta es total y el director que marca los ritmos no es otro que el Gallego. Gaby, uno de los cantores, afirma que el Ri?o de la Plata es una gran mezcla de tango, murga y rock. “Lo que nos distingue son los platillos. En Uruguay no los usan”. El Gallego dice que a e?l le encanta el folklore y el flamenco. En “Atrevidos” hay varios jo?venes que esta?n a punto de debutar como murgueros. “Aca? nos recibieron con las puertas abiertas. No hay berretines y el grupo que se formo? es espectacular”, comentan. Mati?as usa gorra y canta al lado del li?der. E?l tambie?n baila y es murguero de toda la vida. Del otro lado, cantan Laura y Gonzalo, dos de los debutantes. A todos se los ve felices, no paran de cantar a viva voz. ¡Y que? fuerza!

Cuando termina el ensayo, Mati?as, el pibe de gorra cuenta que unos austri?acos se volvieron locos con “Atrevidos” y que los estaban filmando para hacer un documental. Cada murga se siente u?nica, especial. Y cada murguero tiene orgullo de representar a su barrio, de ser parte de un grupo que sale a festejar y a bailar por pu- ra pasio?n. Una madre pasea con un bebe recie?n nacido en brazos. Es increi?ble pero duerme tranquilo, en medio de la murga. El Gallego pide aplausos. “Por la Presidenta que nos dio los feriados. Por el vecino que nos presta el enchufe. Por Palermo”. Y despue?s canta. Algunos versos dicen asi?: “Mi patria es el mundo entero y mi ley la libertad/Quiero invadir de alegri?a tu vida entera/Palermo esta?s cambiado, igual te quiero”.

Calles de fiesta

Avenida Belgrano entre Boedo y Maza. En el corazo?n del barrio de Boedo funciona uno de los corsos. Las familias se acercan a ver el especta?culo. Pibes y grandes se tiran espuma con unos pomos potentes. ¡Es la guerra de la espuma! El ambiente es familiar y festivo. Las murgas desfilan en la avenida. La principal diferencia con los ensayos, es el color. Adema?s de la fuerza del baile y la mu?sica, durante la actuacio?n la murga despliega un colorido impresionante en sus trajes, en sus banderas y estandartes. A los costados se ofrecen pomos de espuma, bebidas y tambie?n hay parrillas con choripanes y hamburguesas.

La gente baila al compa?s de la mu?sica. En el escenario hay parlantes potentes. Una pareja de jo?venes se besa. Dos abuelos caminan de la mano. Una pibita le tira espuma en la cara a un chico que recie?n aprendio? a caminar. “Paleeermo, Paleeermo”. El grito del Gallego es inconfundible. Suenan bombos y platillos. Los murgueros bailan como locos y el pueblo festeja. Es que esta es su fiesta.

Carnaval Porteño 2014

Sábados 1, 8, 15 y 22 de 19 a 2
Domingos 2, 9, 16, 23 de 19 a 24.
Sábado 1 y domingo 2 de marzo en el mismo horario.

Los espacios donde se pueden disfrutar de murgas, sorteos y muchas actividades más son: Abasto – Almagro – Bajo Flores – Bajo Núñez – Balvanera – Barracas – Boedo – Coghlan – Colegiales – Flores – Liniers – Lugano – Mataderos – Montserrat – Palermo – Paternal – Piedrabuena – Pompeya – Parque Avellaneda – Saavedra – San Telmo – Villa Crespo – Villa Pueyrredón – Villa Urquiza.