El paleontólogo Jorge Calvo y sus colegas están sentados sobre un patrimonio histórico de valor incalculable. El equipo de investigadores de la Universidad Nacional del Comahue pilotean el llamado “Proyecto Dino”. Un yacimiento paleontológico del período Cretácico (es decir: de 90 millones de años de antigüedad) que se ubica a la vera del lago Barreales, ubicado dentro del yacimiento gasífero de Loma de la Lata, y a unos 65 de la capital de la provincia de Neuquén. Con escasísimos recursos (los que puede proveer la universidad), los responsables del emprendimiento excavan la tierra en busca de fósiles, y en el trayecto armaron un museo-circuito didáctico, de gran interés turístico, para que los interesados puedan conocer vida y legado de los dinosaurios patagónicos argentinos, cuyos restos exhiben.
Desde que crearon la misión, allá por 2002, Calvo y sus colaboradores lograron hacer importantes avances en sus excavaciones. Más allá del hallazgo de nuevas especies, muchos de sus informes modificaron, a través de artículos publicados en revistas científicas de primera línea a nivel mundial, distintos mitos y paradigmas preexistentes sobre los hábitos de vida y características de los animales de aquel período prehistórico. Y, como si esto fuera poco, los administradores del “Proyecto Dino” construyeron, con muy poquito, un ámbito de indisimulable belleza natural y de gran dignidad, en el que desarrollaron un completo y atractivo recorrido de gran valor educativo y turístico.

Déficit. Aun así, los objetivos logrados están lejos de haber satisfecho a los investigadores. Se dibuja una mueca de fatiga y de cierta amargura en la cara de Calvo cuando se le pregunta sobre el financiamiento de la obra. “Prácticamente no obtenemos ayuda. Apenas algunas donaciones aisladas de empresas, pero ninguna colaboración, ni del estado provincial, ni del nacional. Si se tiene en cuenta que el marketing local vende a la provincia como la tierra del vino patagónico, las manzanas y los dinosaurios, tendríamos que esperar un mayor apoyo”, prowwwa.
Lo cierto es que el estudio sistemático sobre dinosaurios es relativamente nuevo en Neuquén y creció básicamente a través del proyecto de la Universidad del Comahue, a tal punto que hace apenas una década nadie identificaba a la provincia austral con las grandes bestias prehistóricas, y hoy es uno de los destinos favoritos tanto para argentinos como para extranjeros interesados en conocerlas.
Lo curioso es que esta supervivencia al límite del “Proyecto Dino” contrasta con su prestigio, tanto a nivel interno como global. En una recordada edición de febrero de 2005, El Federal llevó a su tapa los asombrosos descubrimientos del equipo de paleontólogos neuquinos (ver recuadro). Aquella cobertura disparó artículos de interés en los principales medios gráficos del país (incluidos los grandes diarios nacionales), un suplemento especial sobre dinosaurios que se publicó semanalmente en el diario La Mañana de Neuquén, desarrollado por el mismísimo Calvo y su equipo, y numerosos documentales de televisión que se pueden ver regularmente en Animal Planet y Discovery Channel, entre otras señales de divulgación.

Joyas. Uno de los hallazgos científicamente más importantes que se hicieron en el yacimiento neuquino fue el descubrimiento de uno de los ejemplares más completos del mundo de futalongkosaurus, un herbíboro cuadrúpedo de cuello y cola largos de 35 metros de largo y un peso de 70 toneladas. En la búsqueda aparecieron varias vértebras del cuello, cervicales y absolutamente todas las dorsales (las de la espalda), que estaban articuladas. El hallazgo permitió concluir que este saurópodo está entre los más grandes del mundo. Pero este descubrimiento no hubiera sido posible sin asistencia financiera: “Duke Energy Argentina financió todos los trabajos de extracción durante 2002 y parte de 2003, que fueron muy complejos por el tamaño de las piezas y el uso de técnicas completamente novedosas”, recuerda Calvo.
Otra de las perlas del Yacimiento de Laguna Barreales es el hallazgo del gran depredador, el Megaraptor Namunhuaiquii, que es un clásico carnívoro bípedo de 8 metros de largo con una garra de 45 centímetros, semejante a un puñal. “Fue un hallazgo científicamente importante porque encontramos los tres dedos y la garra del animal con toda la mano articulada. Tener la articulación completa nos permitió saber que esta poderosa garra no pertenecía al dedo dos de la pata, sino al dedo uno de la mano, y esto hizo cambiar por completo la morfología que la ciencia tenía de la especie, así como sus relaciones filogenéticas”, explica la técnica Marcela Milani.
El tercer hallazgo fundamental del “Proyecto Dino” es el Unenlagia paynemili, un terópodo carnívoro de 2,3 metros de longitud muy importante en la evolución de los dinosaurios y las aves, ya que representa un verdadero eslabón entre ambos grupos. Unenlagia posiblemente, al igual que otros “dinosaurios avianos” habría tenido plumas que recubrían su cuerpo, un cráneo con dientes en su “pico” y vértebras en la cola. Los estudios realizados por los científicos determinan que este animal no tenía aun la capacidad para volar, pero sí fue uno de los primeros en dar brazadas.

Billetes. Calvo tiene toda la apariencia del científico díscolo que en las novelas pelea sus recursos financieros con los capitalistas. El proyecto en sus albores contó con fondos de la Agencia Nacional de Ciencia y Tecnología, un foro del gobierno de la Nación para hacer investigación científica, pero esa ayuda se terminó, porque, en definitiva, estos fondos suelen no ser aplicables a este tipo de actividades. Entonces Calvo comenzó a pasar buena parte de su tiempo golpeando puertas de empresas, donde solicita apoyo a sus investigaciones. Una tarea que hoy, según sus propias declaraciones, resulta “poco grata” en función de los magros resultados que obtiene. “El problema es que financiar un proyecto como éste no es rentable. Es antieconómico, porque una vez que se hacen los descubrimientos, el patrimonio obtenido debe preservarse y entregarse al Estado, no puede ser convertido en un producto que genere ganancias. Entonces, ¿quién nos va a poner plata que luego no va a recuperar?”, se pregunta Calvo.
Aun así, empresarios locales de espíritu sensible como la Familia Schroeder, dueña de una de las bodegas vitícolas más importantes de la provincia y también del diario antes mencionado, han financiado con recursos propios los sueldos de investigadores para determinados proyectos específicos. También una multinacional como Pan American Energy aporta la mitad del combustible líquido que utiliza el Yacimiento para funcionar, y la empresa Chevron aporta al equipo de Calvo 7 mil pesos al año.
Una paradoja que comenta Calvo es que, aunque el “Proyecto Dino” está emplazado sobre el mismo territorio que el año pasado la Presidenta Cristina Kirchner sindicó como la reserva gasífera más importante de Sudamérica, el museo no tiene gas. “Cruzando la calle, a pocos metros, pasa un gasoducto de Repsol del que podríamos obtener el gas, que tanto necesitamos para el invierno. Tampoco tenemos agua potable, aunque hay una planta potabilizadora en la zona”, explica el científico.
Quizás, con un poquito de buena voluntad de todos los actores sociales de la zona, se pueden brindar pequeñas grandes soluciones que beneficiarán, sin dudas, al trabajo de la ciencia argentina. Seguramente muchos, desde el estado o desde el sector privado, apenas lean esta nota se pondrán a la altura de esta importante demanda.

Más información
Centro Paleontológico Lago Barreales
“Proyecto Dino”
http://www.proyectodino.com.ar