Si no hay una mujer tirada arriba, no es un piano”, bromea nuestro fotógrafo para convencer a Laura Vázquez de que pose sobre un Steinway & Sons de cola. De fabricación alemana, el instrumento lo consiguió su padre hace mucho tiempo, cuando dio con un restaurador que no tenía idea del valor de semejante gema. Sandra Baylac, coequiper de Sandra, contraataca. “Si no hay una mujer arriba de un piano, sigue siendo un piano igual. Dejésmolo así”, sentencia riendo. Vázquez y Baylac tocan y cantan y trabajan una para la otra. Se conocieron en los estudios del Jardín, de esta capital: Vázquez ensayaba con su piano para acompañar a Nacha Guevara en una gira que la actriz iba a hacer por Italia y las unió un guitarrista de Nacha que les había transmitido que ambas debían conocerse. “Algo de razón tenía, porque a la segunda vez que nos vimos ya estábamos componiendo juntas”, dice entusiasmada Vázquez.

Vidas paralelas. Licenciada en psicología, Vázquez colaboró y grabó como pianista con Fito Páez (“Circo Beat” y “Euforia”), Ricardo Arjona (gira “Sin Daños a Terceros”) y Julieta Venegas (gira “Limón y Sal”). Editó cuatro discos como solista: “Vértigo”, “Una”, “Hambre” y “Los Queso” (un dueto con el escritor mexicano Tonio Sánchez). El primero se editó en la Argentina y los siguientes en México, país en el que Baylac vivió durante ocho años y le permitió, en 2005, formar parte de Monocordio, la banda mexicana liderada por Fernando Rivera Calderón, con la que grabó tres discos más. Baylac también es licenciada, pero en Ciencia Política y en sus créditos tiene giras por el país y Europa con Diego Torres, Soda Stéreo, Zas, Miguel Mateos, Alejandro Lerner, y GIT, entre tantos. A sus letras le pusieron voz Enrique Iglesias, Paulina Rubio, Alejandra Guzmán, Diego Torres, Emanuel Ortega, y Sandra Mihanovich. “Gracias a ella ganamos junto a Roxana Amed el Martín Fierro a Mejor Canción”, por la canción “Sobrevivientes”, interpretado por Mihanovich para la cortina de TV del programa Vulnerables, que se emitió por El Trece hace una década, en 2001. Su disco solista, “XX”, fue producido por Cachorro López.
-¿Dos divas de diván cómo conviven?
-Vázquez: Nos peleamos muchísimo (risas).
-Baylac: Este proyecto nació con la idea de nuestro reencuentro. Y nuestro encuentro fortaleció el show, porque cuando lo pensamos tocaba primero una y después otra, entonces dijimos “¡qué embole! Nos propusimos dejar de intercalar las canciones que interpreta cada una y también hacer las cosas de manera diferente. Eramos muy chicas y muy locas hace tiempo atrás. Así que en esta oportunidad nos mostramos las canciones que cada una tenía y nos dimos cuenta de que tocábamos los mismos tópicos de manera distinta. Nuestras coincidencias se disponen mejor en “la menor”, por ejemplo. Metimos el piano y nuestras voces y dijimos: ¡tenemos show! Los primeros shows que hicimos fueron una verdadera prueba, pusimos el diván en el medio del escenario y se transformó en una figura más de esa puesta en escena. Nosotras, entre canción y canción, contamos historias y cuando el show concluía se acercaba la gente para decirnos que en los espectáculos tenemos que hablar más.
-Vázquez: ¿No será porque no quieren oírnos cantar? (risas).

¡Al divan, al divan! Según Freud, el ello es el motor del pensamiento y el comportamiento humano. Opera de acuerdo con el principio del placer y desconoce las demandas de la realidad. Allí existen las contradicciones, lo ilógico, al igual que los sueños. El superyó (o superego) es la parte que contrarresta al ello, representa los pensamientos morales y éticos. Consta de dos subsistemas: la conciencia y el ideal del yo. La conciencia se refiere a la capacidad para la autoevaluación, la crítica y el reproche. El ideal del yo es una autoimagen ideal que consta de conductas aprobadas y recompensadas. Es la fuente de orgullo y un concepto de quien pensamos deberíamos ser. Busca soluciones moralistas más que realistas. El yo (o ego) surge a fin de cumplir de manera realista los deseos y demandas del ello de acuerdo con el mundo exterior. El yo evoluciona a partir del ello y actúa como un intermediario entre éste y el mundo externo. El yo sigue al principio de realidad, satisfaciendo los impulsos del ello de una manera apropiada en el mundo externo. Utiliza el pensamiento realista característico de los procesos secundarios. Como ejecutor de la personalidad, el yo tiene que medir entre las tres fuerzas que le exigen: las del mundo de la realidad, las del ello y las del superyó, el yo tiene que conservar su propia autonomía por el mantenimiento de su organización integrada. Los papeles específicos desempeñados de las entidades ello, yo y superyó no siempre son claros, se mezclan en demasiados niveles. La personalidad consta según este modelo de muchas fuerzas diversas en conflicto inevitable.
-¿Con ustedes qué pasa en el escenario?
-Vázquez: A partir de esa repercusión hilvanamos nuestros conciertos como dos personajes, una es “el ello”, toda pulsión, que es Sandra y la otra “el superyó” que lo encarno justamente yo, es decir que hago la parte más espantosa. Tampoco es tan marcado. Ella puede decir cualquier cosa. Es divertido, esos personajes abarcan muchos temas. Nuestra idea, más allá de que nos encanta cantar, es ir apuntando más hacia lo teatral. Me parece que la oferta musical es mucha y los lugares para tocar, en Buenos Aires, cada vez son menos. Queremos salir de estos circuitos. Plazas y festivales de teatro pueden ser una buena opción.