Por Matilde Moyano

En septiembre Alemania rechazó contenedores de miel uruguaya tras haber detectado trazas de glifosato, el herbicida sobre el cual la Organización Mundial de la Salud ya advirtió que puede causar cáncer.

En julio de este año, el glifosato y su degradación fueron hallados en la cuenca del río Paraná, en los sedimentos acumulados en la desembocadura de 23 arroyos y cursos de agua de zonas donde se realiza agricultura intensiva con semillas transgénicas y agroquímicos. Durante 2015 este peligroso herbicida también fue hallado en orina humana en Mar del Plata, en muestras de sangre y agua en Pergamino, y en algodón, gasas y tampones comercializados en nuestro país. En el resto del mundo, se encontró en vinos de California, en cervezas alemanas, y también en alimentos del desayuno en Estados Unidos.

En esta ocasión, la contaminación proviene de Uruguay, donde el gobierno responsabilizó a los apicultores, quienes sin embargo se declararon víctimas del modelo de producción promovido por el país.

En respuesta a la acusación, integrantes del grupo apícola de la Comisión de Fomento Rural de Piedra del Toro redactaron un comunicado destinado a la opinión pública, donde señalan a la Dirección General de la Granja del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) “como los únicos, directos e inequívocos responsables de la contaminación de la miel y el resto de los cultivos para alimentos, por aprobar y fomentar la utilización de las prácticas de grandes extensiones de monocultivos, con tecnologías que aplican peligrosos tóxicos biocidas (a los que llaman fitosanitarios para engañar a los ciudadanos desprevenidos)”.

Al igual que en nuestro país, el sistema productivo de Uruguay, “propuesto, estimulado controlado y resguardado por el propio MGAP se ha expandido en forma masiva en toda el área rural y hasta urbana”, y como resultado “casi todas nuestras aguas están contaminadas y son el principal vehículo que lleva a la contaminación de gran parte de los alimentos que estamos consumiendo”.

Al comparar cifras entre apicultura y agricultura: “Si las 600.000 colmenas se distribuyesen en 20.000 apiarios de 30 colmenas a razón de 1/10 de hectárea, estarían ocupando 2.000 hectáreas, mientras la soja alcanzó a ocupar 1.500.000 de hectáreas”. Por último se preguntan ¿Cómo explicaría el MGAP la existencia de glifosato en mieles provenientes de montes de eucaliptos?

Los apicultores alertan que las abejas son el principal polinizador, por lo que contribuyen a la producción de alimentos. Denuncian que, al avalar el MGAP el envenenamiento de las abejas, aporta a su desaparición y consiguiente pérdida de diversidad de alimentos.

Glifosato

Este herbicida se utiliza para eliminar las malezas de los cultivos, principalmente de la soja transgénica ‘RR’, y en nuestro país (tercer productor mundial de soja) un tercio de la población se encuentra afectada directa o indirectamente por este agroquímico, según demuestran los estudios de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

La utilización de glifosato no solo afecta a la salud de los habitantes de los pueblos cercanos a los cultivos, sino también a la salud de todos los habitantes del país, porque ya anteriormente otras investigaciones demostraron que incluso las frutas y verduras que compramos en supermercados y verdulerías están contaminados con uno o más químicos.

Para quienes quieran conocer más evidencias pueden leer la ‘Antología Toxicológica del Glifosato‘, la recopilación más completa de trabajos científicos nacionales e internacionales que da cuenta de los riesgos a la salud humana, ambiente y biodiversidad de este agroquímico, que hasta la fecha reúne 487 evidencias.

Si te interesa esta temática y querés informarte sobre el riesgo en que nos pone el modelo de agroproducción actual, podés mirar nuestro video ‘Cuando la producción de alimentos nos enferma.