Se trata de una especie de ciervo de tamaño similar a un Ciervo de los Pantanos, pero con cornamentas más delgadas y de una morfología particular.

El cráneo está muy bien. Se preservó su parte frontal, las órbitas de los ojos, la cúpula y toda la parte posterior completa. Es mucho más de lo que se podía esperar de los delicados huesos de este animal. Desde ahora conoceremos el aspecto general de la cabeza de estos ciervos prehistóricos”, expresó José Luis Aguilar, director del museo.

El hallazgo fue en Campo Spósito, un yacimiento paleontológico descubierto en noviembre de 2001 por el Grupo Conservacionista de Fósiles de la propia institución. Miembros del equipo informaron que “el área fosilífera, de tan sólo unos 4.000 metros cuadrados, fue el fondo de un antiguo río que corrió por la zona hace más de 200.000 años”.

Allí, en las últimas semanas, se ha recuperado el primer cráneo conocido de una rara especie de ciervo fósil denominada Paraceros fragilis, que vivió en la provincia de Buenos Aires durante una edad geológica denominada Bonaerense.

Sobre la extraña especie, los especialistas indicaron que “sólo se la conocía por el aspecto de sus cornamentas, de sus astas”.

Por su parte, Nicolás Chimento, jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados, del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, opinó que “la preservación de este material es justamente lo que lo hace único, ya que los restos de ciervos son comunes en las capas de más de 10.000 años dentro de la Región Pampeana pero casi siempre están representados sólo por astas incompletas”.