Luego de una larga temporada enfrascado en los problemas económicos internacionales debido a su cargo en el Banco Mundial, Daniel Oks optó por el negocio propio. Avezado observador de los mercados, detectó la vocación de los ricos por arrimarse a la naturaleza (bien custodiada) y hace cinco años comenzó a desarrollar clubes de campo. Su chiche nuevo es La Serena Golf Club, en el Uruguay: una parcela de 91 hectáreas, a 400 metros de la playa, entre La Paloma y la laguna de Rocha. También diseña una “aldea de mar” en la Patagonia y otros paraísos de muy baja densidad de población. Justamente esta característica de sus proyectos lo ha tenido en el centro de un debate: hay urbanistas que cuestionan el impacto ambiental de los barrios cerrados y similares. Hacen una ecuación simple: muchos metros que podrían ser productivos, mucha energía y mucha agua para poca gente. Oks dice que él defiende (y planifica) una mejor calidad de vida.
-¿En qué consiste su trabajo?
-Soy un desarrollador inmobiliario; me especializo en clubes de campos.
-¿Junta inversores?
-Hay muchas maneras de hacerlo. En mi caso, yo compro la tierra. Casi siempre lo hago en forma individual. En general se financian las obras con activos propios o con ventas de lotes. Esa es la estructura financiera. Y también me ocupo de hacer toda la infraestructura del emprendimiento: calles, alcantarillado, desagües. 
-Su clientela es el segmento denominado ABC1. ¿Qué se le ofrece a la gente que lo tiene todo?
-Hay una fantasía, un deseo de tener un lugar soñado donde  refugiarse y experimentar la naturaleza con libertad y con seguridad. En el proyecto de Uruguay en particular, también vendemos el mar, la playa y el golf.
-El golf es muy importante, ¿no?
-Es un diferenciador importante. Un gran atractivo para un montón de gente.
-¿En la costa argentina todavía existen “refugios” para descubrir y explorar comercialmente?
-Hay lugares más al Sur, lejos de Mar del Plata. Siempre existen lugares. El atractivo de la costa uruguaya es que tiene muchos accidentes geográficos y el agua es menos fría.
-¿Cuánto vale un lote en un lugar como La Serena Golf Club?
-Empiezan en 32 mil dólares y llegan hasta 65 mil. Depende de la vista al mar y la vista a las lagunas.
-¿Es más barato llevar adelante estos emprendimientos en Uruguay que en la Argentina?
-No hice proyectos costeros en nuestro país. Sí puedo decir que una ventaja grande respecto de hacer un club de campo en los suburbios de Buenos Aires es la seguridad. Lo que pesa muy fuerte en un club de campo como gasto operativo es la seguridad. En Uruguay, con empresas de seguridad que hacen rondas y demás, el tema se maneja. Y eso reduce enormemente no la inversión, sino el gasto operativo. Por lo demás, depende de la cantidad de servicios que uno provea. Los proyectos en los que yo trabajo son de muy baja densidad. Hay una casa cada 5 o 10 mil metros. Con lo cual el tipo de tratamiento de fluentes es individual y más económico que hacer una planta general de tratamiento. El costo de la energía subterránea sí es elevado. Cuesta cuatro o cinco veces más que la energía aérea.
-¿Empezó con el negocio porque percibió una tendencia más “natural” en la clase alta?
-Yo trato de generar un producto diferenciado, que brinde el confort de un espacio amplio, con muy buenas vistas, es decir con mucha expansión. Hay una tendencia a la suburbanización. No hay más que mirar las estadísticas de las ciudades. Buenos Aires tiene una población estable o en contracción, y hay un desborde en busca de una mejor calidad de vida. Más verde. Menor tiempo de viaje. Porque junto con la residencia se muda la actividad comercial e industrial. Hay un efecto de traslado simultáneo. 
-En Buenos Aires eso no pasó. La gente se fue a los suburbios pero va a trabajar al centro…
-Está sucediendo, en realidad. Hay una fuerte desconcentración de la actividad industrial fuera de la Capital y un fuerte crecimiento comercial, de servicios y de oficinas. Es cierto que todavía no hemos creado ciudades satélites, pero vamos en camino. Y es una dinámica urbana que se observa en varios países. Estructuralmente uno ve el crecimiento de los suburbios y de las zonas rurales adyacentes a los suburbios. Hay una creciente ocupación del suelo, que es una tendencia que se consolida en la región metropolitana. Mi padre, que era ingeniero, desarrolló el Parque Industrial Pilar, el parque industrial privado más grande de la Argentina. Tuvo la visión de hacerlo a 60 kilómetros de la Capital. En su momento, muchos pensaron que era una locura. Pero qué pasa: la capacidad de generar una infraestructura eficiente y a un costo razonable no es viable en la ciudad. Planificar la energía, los desagües, las planta de tratamiento. Es mejor si uno lo puede hacer en un espacio amplio, con redes de transporte eficientes. En lugar de imponerlos en una ciudad que ya está awwwada, con problemas de contaminación e infraestructura.        
-Tuvo un debate en Clarín con el arquitecto Martín Marcos. Él señala que los proyectos de baja densidad de población provocan “mayor impacto ambiental negativo que las urbes compactas y densas. La casa individual exenta ha devenido en el tipo de vivienda que más energía, tierra y agua consume”.
-Es una visión interesante. Si uno construye en altura, ocupa menos territorio y deja más territorio liberado para actividad agropecuaria. Pero las ciudades tienen enormes costos de congestión y problemas de contaminación que obligan a erradicar industrias. Ademas, la calidad de vida en las ciudades awwwadas se vuelve compleja. La gente busca el acercamiento a la naturaleza. Somos parte del medio ambiente y si uno internaliza la calidad de vida como parte del medio ambiente, hay una lógica también en la búsqueda de desconcentrarse. Además es muy interesante el avance de la arquitectura ambiental sustentable. Por ejemplo, un edificio no puede tener paredes solares porque ocupan mucho espacio. Y hay un tratamiento de fluentes que es muy eficiente y que permite reutilizar el agua en un 98 por ciento más o menos. Ligado a eso existen distintos tipos de producción agropecuaria que son más intensivos en el uso de la tierra y que perfectamente se pueden integrar como unidades planificadas. Un aprovechamiento integral del suelo, en combinación con una planificación del territorio con barrios residenciales.
-El mismo Marcos plantea que los barrios cerrados del Gran Buenos Aires ocupan 40 mil hectáreas (en las que vive menos gente que en el barrio de Caballito) contra 20 mil que tiene la Ciudad de Buenos Aires. Suena desproporcionado.
-Yo coincido con la visión urbanística de que a veces es muy anárquico el proceso de ocupación del territorio. Por ejemplo, se permiten clubes de campo sin prever accesos ni suministro de energía. Y eso se transforma en demandas contra el Estado municipal o provincial. Pero hay formas de planificar, de modo que el propio desarrollista provea la energía o los caminos, supervisado por el Estado.