Por Leandro Vesco

Tres días antes del 9 de Julio la mitad de los congresales que firmaron el Acta de la Independencia, incluyendo al propio Manuel Belgrano estaban convencidos de que la mejor forma de gobierno para nuestro país era la monarquía incaica. En sólo tres días los 33 congresales unieron criterios y apostaron por la República y los valores democráticos. Hace doscientos años un grupo de soñadores decidieron crear una Nación, aún desconociendo de qué se trataba eso.

“La idea de independizarnos de España era tan fuerte y poderosa que se creyó que sólo eso era una revolución, por este motivo se pretendió poner a un indígena al poder, para no cambiar todo y tanto en un solo acto”, reflexiona el historiador Eduardo Lazzari. “Lo primero era la independencia, luego ya se vería cómo y de qué forma nos gobernábamos”, sostiene.

El 9 de Julio de 1816, reunidos en una vieja casona en Tucumán, propiedad de don Francisca Bazán de Laguna cobijó al Congreso de Tucumán. “Se eligió la casa porque era la única que tenía dos habitaciones juntas enfrentadas. Hubo que tirar una pared para hacerlas un ambiente único”, comenta Lazzari. Allí los representantes de las Provincias Unidas rubricaron el Acta de la Independencia, rompiendo definitivamente los vínculos con la Metrópoli, como se conocía a España.

Pero, ¿quiénes estaban en esa casa a la que hubo que tirarle una pared para que entraran los “representantes” de un país que aún no era tal? Había representantes de Buenos Aires, San Juan, Jujuy, Salta, Córdoba, Santiago del Espeto, Catamarca, y ciudades que hoy son  territorios de Chile y Bolivia, entonces incluidas en las Provincia Unidas. Todas las provincias del Litoral no fueron a Tucumán pues se encontraban enfrentadas. La Pampa y La Patagonia eran extensiones casi inexploradas y dominio de pueblos originarios. Sólo había actividad en Viedma y Carmen de Patagones. Aquellos Representantes que firmaron la Independencia representaban una pequeña porción de nuestra Nación.

Tucumán tenía apenas 2000 habitantes en esos días. Para ir desde Buenos Aires se tardaban casi 60 días en carreta. Las distancias eran enormes y siempre condicionaron nuestras decisiones comunes. “Se sabía que el Acta de la Independencia había que difundirla por todo el territorio, por eso se hicieron copias en quechua, aymara y guaraní”, comenta Lazzari. “Fue un Acta modelo en todo el mundo por su carácter inclusivo, aunque sólo conservamos copias de ella, ya que jamás se encontró el Acta original

Fue tal la rareza y acaso la ingenua improvisación de la redacción de aquel papel que cambió la historia para siempre que en un párrafo expresa que las Provincias Unidas en Sudamérica rompen los vínculos con los “reyes de España (…) recuperar los derechos de que fueron despojados por el Rey Fernando VII” El Acta sólo hacía mención a la Independencia de España. Pedro Medrano, congresal por Buenos Aires, se dio cuenta del fallo y en una sesión secreta el 19 de Julio del mismo año modificó el Acta incorporando la frase “y toda otra dominación extranjera”

El Acta se redactó a dos columnas, en una en español y en otra en idioma originario. El 17 de Agosto de 1816 se publicaron por primera vez en La Gaceta de Buenos Aires y seis días después en El Redactor del Congreso. San Martín llevó una copia en quechua al Alto Perú en su proclama libertaria en aquellas tierras en 1829. Hubo un compromiso asumido por los indepentistas de difundir el Acta a la mayor cantidad de personas y de pueblos.

Volviendo a aquel 9 de Julio de 1816, el pueblo sabía que algo especial iba a pasar. “El 25 de Mayo se reafirmó ese día y tomó significancia”, explica el historiador Lazzari. Era martes y el día estaba soleado. A las dos de la tarde comenzaron a sesionar los diputados, afuera la gente esperaba novedades. A pedido del diputado por Jujuy, Sánchez de Bustamante, se trató enseguida el “proyecto de deliberación sobre la libertad e independencia del país“. No había mucho por discutir, enseguida se aprobó la Independencia y así nacimos al mundo, como una necesidad y un deseo. Ese 9 de Julio no hubo festejos, pero sí al día siguiente, donde todo el pueblo tucumano celebró con reuniones y peñas.

Doscientos años después, con aciertos y fracasos, con nuestra manera de ver la realidad en forma extrema, hemos construído una Identidad que nos es propia. Somos Argentinos y no podríamos ser otros en este tierra. Con los ojos de hoy, el país se esgrime aún en las viejas mañas, las desigualdades dominan nuestro mapa. Pero hoy sabemos que hace doscientos años 33 hombres se pusieron de acuerdo y pensaron lo que hoy llamamos Argentina, esa unión que nos dio vida es la que debemos recuperar para crecer en fraterna igualdad y paz.