¿Qué significa, en realidad, ser progresista? ¿Dónde queda celebrityland? ¿Por qué la derecha tuvo que torcerse hacia la izquierda a la hora de hacer sus propuestas proselitistas? ¿Cómo se atrapa el presente? ¿Qué valor tiene cartografiar las cosas en el lugar donde se producen? ¿Cómo se manejan los materiales volátiles que la velocidad política dispara sobre la gente y sus decisiones? ¿Se puede hacer política después de Kirchner? Todas estas preguntas surgen a medida que se va leyendo el libro de Beatriz Sarlo, La audacia y el cálculo, donde la ensayista se mete de lleno a analizar la entropía kirchnerista y todas su representaciones simbólicas. Giles Deleuze decía que la filosofía consistía en fabricar conceptos. Sarlo retoma algo de eso en el libro: celebrityland, la “forma” Kirchner y el famoso “momento cero” donde el ex presidente comprende que está trazando una línea con un pasado reciente y tumultoso (el 2001) que a partir de sus actos, de su discurso inaugural en la presidencia, empieza a poenrse en mal estado como un yogurt vencido. Sarlo rastrea en la realidad virtual, de la que se confiesa adicta: “Vivo colgada de internet. Cualquier cosa nueva que aparezca la exploro. Me causaba gracia cuando encontraba en tweeter cosas como “la vieja Sarlo no sabe prender una computadora”. Me causa gracia porque mi relación con todo lo digital es tan temprana que debo haber publicado el primer libro totalmente escrito en computadora en 1988, Modernidad periférica. Mirar los blogs, leer los tweets no es una exploración que hice ahora para escribir el libro. Me interesan las problemáticas de la nueva tecnología, la propiedad intelectual  de las nuevas tecnologías.
-El libro, que trabaja sobre el presente, parece un libro de ciencia ficción, milenarista, sobre un país en combustión, a punto de estallar. Con mutantes que un día son de derecha y otros de centro o tienen seis dedos o se pasan a la izquierda, rodeados de la moderna tecnología como si fueran ciborgs. Cuando uno termina de leerlo parece haber presenciado un relato final sobre el país de las últimas cosas ¿Por qué?
– Cuando me senté a escribir el libro hice un plan, que tiene algo que ver con el efecto que a vos te produce, porque lo que yo me propuse fue hacer una historia del presente, es decir, ser una historiadora que en vez de estar mirando el pasado, está mirando el presente. Y por lo tanto, las fuentes son muy volátiles.
-¿Qué daba de ganancia el presente?
– Quería evitar la monserga, es decir, el tono monserga, lastimero, panfletario, denuncialista. De ahí que en el libro algunos kirchneristas pueden encontrar muchas cosas que no les van a molestar para nada. Nunca me pongo en el lugar nostálgico. Mi preocupación fue: tomemos el presente como si ya hubiera transcurrido. En el medio, mientras escribía el libro, muere Kirchner, con lo cual la casualidad le da un cierre simbólico al proyecto de escritura.
– Pero muchas de las ideas ya las venías trabajando.
– Vengo escribiendo sobre política desde el 2003. Comencé este ciclo de escritura en la revista que fundó Héctor Timerman, Tres puntos, que luego se convirtió en Debate, a la que hoy se puede considerar una revista kirchnerista civilizada.
– ¿Cuáles eran las ideas que agruparon los materiales?
– Tenía varias hipótesis. Una era que el conflicto con el campo había sido un punto de giro y que Carta Abierta les había dado a los Kirchner -creo que es la única idea que tomaron de ellos- la idea de destitución. Y esto me ayudó mucho para escribir el capítulo sobre Carta Abierta. Debo ser la única persona que leyó detenidamente los comunicados de Carta Abierta. Desde que irrumpieron seguí sus escritos de manera obsesiva.
-¿Por qué te interesan tanto?
– Me interesan porque es la emergencia de un nuevo grupo intelectual en el peronismo. Y éste es importante. Tiene gente, tiene gente inteligente metida adentro, que ha sido visitada por el Presidente de la Nación y esto, nos guste o no, aporta cierta relevancia. Hay que tener en cuenta que muchos de los que están en Carta Abierta vienen de la academia, no de la política. Yo no los tomo como analistas políticos, sino como intelectuales que van a hacer una interpretación. Horacio (González) es el único caso que es una excepción, es un intelectual peronista que ha hecho todas las batallas simbólicas del peronismo, como lo era Nicolás Casullo, también. El resto es una masa cuya vida es académica y cuya destreza política es baja. Horacio es el que le da una hermenéutica al grupo.
– Hablemos de la tesis de celebrityland. Escribiste: “No hay política sin medios, tampoco hay política sin televisión”.
– La tesis de celebrityland carcome lo político. Con el último episodio de Chiche Geblund reclamando que lo inviten a 6,7,8 se confirma la tesis de celebrityland. Alguien que es el corazón palpitante de celebrityland, que fue el director de la revista Gente -no estoy juzgando sino escribiendo un curriculum- reclama ir a un programa que es un programa de propaganda política dura. Porque una vez que comprobaron que si llevás a una opositora a un programa se arma un cierto lío y la emisión camina mejor, entonces se cambian reglas que ellos mismos tenían. Celebrityland tiene esa capacidad omnívora, es como una lava que petrifica todo lo que toca.
– ¿En qué capa social funciona a pleno este sistema?
– Funciona a pleno en aquellos sectores que están más castigados por la crisis. Por la mala redistribución, es decir que funciona en aquellos que no tienen opción. La identificación que puede producir Susana Giménez es bien vertical. La gente igual hace ahí un aprendizaje de cómo hablar. Fijate que en esos programas donde llega la cana al barrio donde mataron a alguien y la gente sabe hablar enfrentando la cámara.
– ¿Pero entonces por qué los que participan de los realitys tienen un léxico muy pobre?
– Puede ser porque se han ido variando los principios de casting. En este último Gran Hermano se buscó todo tipo de transgénero. Y a veces no se puede conseguir todo, que sean radicales con sus preferencias y que también sean lindos y encima hablen bien, terminan bajando algo.
– Los discursos de Kirchner no impactaban si no eras kirchnerista. Digo, cuando improvisaba en la tribuna. Pero el discurso escrito que lee cuando asume es muy emotivo. La transcripción de esos párrafos es una parte muy emotiva de tu libro. 
– Es un discurso escrito y viene, en las hipótesis de casi todo el mundo, del grupo más refinado que rodeó a Kirchner, que es el Grupo Calafate, donde estaba Alberto Fernández. Y además es el momento cero. Por eso todo lo que él hace ese día que asume es perfectamente apropiado: mirar la plaza desde el balcón, lastimarse la frente: actúa como debe actuar.
– Pero es espontáneo.
– Yo creo que es un político muy inteligente. La inteligencia de un político no es argumentativa. Sino que es alguien que puede diseñar de manera práctica un campo de fuerza. Kirchner tenía un cuerpo que supo acumular positivamente sus experiencias.
– Parte de sus experiencias fueron los setenta.
– Hay que ver cómo se tramitó esa cosa terrible que fueron los setenta. Creo que los jóvenes de hoy tienen esa locuacidad porque están buscando una épica perdida. Pero me cuesta más entender esa intensidad setentista en los que sí vivieron esos años. Incluso con una remisión a los ideales. En nuestros ideales los derechos humanos no figuraban ni en primera línea, porque la revolución te pedía todos los sacrificios. Por eso para nosotros la cuestión de los derechos humanos era una cuestión burguesa. Eso en la izquierda, y en el peronismo revolucionario lo llamarían una mitología imperialista. Todo esto es nuevo.
-Pero surge después de la dictadura.
– Los ideales de los setenta estaban no sólo en la Argentina, sino en todo el mundo: la guerrilla alemana, italiana. Y ahora, los que estuvieron en ese marco, cuarenta años después, qué son: son diputados europeos, ecologistas. Pepe Mujica es un caso notable: no anda hablando de sus ideales de cuando fue tupamaro.
– ¿Por qué dijiste que la gente no habla de política ¿de dónde lo sacaste?
-Eso sale de diversas encuestas, pero también sale de tu experiencia cotidiana. Yo vivo en el mundo. Foster en el programa (6,7,8) quiso hacerme una pequeña trampa cuando dijo, a los Focault, política es todo. Cuando yo hablo de política lo hago en sentido específico. Hablo de la crisis de los partidos. ¿Por qué te creés que no hacen reafiliación los peronistas o los radicales? Porque les resultaría dificilísimo, aun poniendo todo el aparato. Esto es el resultado de las capas medias muy centralizadas en una vida volcada intensamente al mercado.
– ¿Cómo reintroduce Kirchner la política?
– Se comporta como un político: arma el conflicto y lo destraba. Y por otra parte porque le da a la política una visibilidad en la vida que se había perdido con la Alianza. Cuando la gente en el 2001 gritaba que se vayan todos en serio. Por otra parte la gente lo quiere todo y lo quiere ya, con todo el derecho del mundo: vos y yo también, no seremos los Sex Pistols, pero queremos las cosas ya. Y las instituciones son lentas. Hay que hacerlas más rápidas y eficientes. Y una cosa más: si hay una cosa despretigiada por el populismo de capas medias son las elites, ya sean estéticas, intelectuales o políticas, que no dependen de un rango social. Las elites son fruto de un enorme sospecha: “qué me venís a decir vos que leíste cuatro libros” . Y la política se hace con elites, gente que tiene como tarea específica la política. No es algo que te acontece de vez en cuando, sino que es una especie de bajo contínuo, una nota que acompaña toda tu vida. Eso caracteriza a las elites: no su origen social o su ideología.
-Decís que una nueva política necesita un nuevo lenguaje ¿hay algo de eso ahora?
– Creo que Kirchner y Carta Abierta restauraron palabras importantes: nación, pueblo. No podés hacer política nueva ni vieja sin tener algunas palabras que creen sentido de comunidad y de pertenencia. Carta Abierta utiliza estas palabras con un sentido bien progresista. Hoy no hay político que quiera ser ubicado en la derecha. Ahí tenés a De Narváes hablando de distribución. ¿Cuál es la razón por la que se pone en el centro? ¿Por qué hace ese esfuerzo?Porque la derecha hoy no dice en ninguna parte que los pobres se tienen que morir de hambre. Uno descubre el hilo del discurso de derecha de De Narváes cuando dice: “No nacen chicos del Pro, ni kirchneristas ni radicales, nacen chicos desnutridos”, ésta es una frase derechista populista por excelencia, porque niega la política. Porque los chicos sí nacen desnutridos y apartidarios, pero lo único que puede solucionar la vida de esos chicos es la política. Los Kirchner han tenido en ese sentido un mérito, han obligado a los que estaban en la derecha a que se corran hacia el centro discursivamente, han torcido un poco todo el mapa.