La distinción, creada en 1982, reconoce a jóvenes científicos -menores de 40 años- de países en desarrollo que han hecho contribuciones sobresalientes y originales en el campo de la física. El premio rinde homenaje a la memoria de Daniel Amit (1938-2007), pacifista y físico israelí.

Me honra mucho por varios motivos, es un reconocimiento al trabajo y al esfuerzo guiado con inteligencia, y por eso tengo que agradecer enormemente el acompañamiento que tuve a lo largo de mi carrera de mentores irreemplazables como Alessandro Treves de Italia o los doctores Edvard y May-Britt Moser, de Noruega, que siempre supieron aconsejarme de manera desinteresada”, expresó Emilio Kropff, investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET- Instituto Leloir).

Sus estudios sobre el GPS cerebral le valieron el reconocimiento unánime del jurado del ICTP. “Esta estructura está conformada por una red de neuronas específicas que hacen posible la creación de un mapa interno del universo y que se relaciona con la memoria de los ambientes que vamos recorriendo, afirma el físico que hizo su posdoctorado entre 2008 y 2011 con los premios Nobel de Medicina 2014, los doctores May-Britt Moser y Edvard Moser con quienes se inició en el estudio del GPS cerebral.

Luego, en 2015, fue el primer autor de un trabajo publicado en la prestigiosa revista Nature, en el que describió por primera vez un tipo de neuronas del GPS del cerebro, las “speed cells” que “son las encargadas de determinar la velocidad de desplazamiento en cada paso que damos en un ambiente cualquiera”, explica Kropff quien integra el Laboratorio de Plasticidad Neuronal de la Fundación Instituto Leloir. De acuerdo con Kropff, las piezas necesarias para completar la compleja maquinaria del GPS cerebral ya fueron identificadas, “pero todavía falta entender cómo están ensambladas”.

Asimismo, destacó que el estudio de este circuito de neuronas puede servir en el futuro para mejorar diagnósticos y tratamientos de enfermedades neurodegenerativas. “Nuestros hallazgos ayudan a ir reconstruyendo de a poco los circuitos del cerebro dedicados a la memoria y la orientación espacial, dos capacidades íntimamente ligadas que se ponen en juego en algunas patologías como la enfermedad de Alzheimer”, puntualiza el investigador. Y agrega que el estudio del GPS cerebral también servirá para mejorar sistemas de navegación.