Investigadores españoles aseguran que el aceite de coco “parece mejorar la capacidad cognitiva de los pacientes con Alzheimer”, una enfermedad que en Argentina padecen unas 500 mil personas, y que afecta a 33 millones de personas en el mundo.

“Nos llevamos una gran alegría, porque en algunos casos la mejora fue muy llamativa”, dijo a la Agencia CyTA-Leloir José Enrique de la Rubia Ortí, doctor en Farmacia por la Universitat de València y líder del equipo de investigación español que publicó su trabajo en el último número de la revista Nutrición Hospitalaria.

Según la hipótesis de esta investigación, uno de los causantes de la muerte de las neuronas es la mala utilización de la energía, “por lo que se pensó en darle a los pacientes otra vía energética que es la de los ácidos grasos, y dentro de estos, los que tienen un mayor ‘rendimiento’ cerebral son los triglicéridos de cadena media o TCM”, explicó De la Rubia Ortí. “El aceite de coco es, probablemente, el alimento que más TCM contiene”. Una revisión australiana en el “British Journal of Nutrition”, en 2015, ya había postulado que estas características del coco lo posicionan como una potencial “opción terapéutica para la prevención y el manejo del Alzhéimer”.

Según la organización Alzheimer´s Research UK, la investigación sobre los beneficios posibles del aceite de coco en la patología “no es concluyente” y “hay poca evidencia para decir que puede ser de ayuda”. Asimismo, un neurólogo argentino valoró el intento, pero alertó respecto de que el diseño del estudio y la poca cantidad de participantes puede haber llevado a una interpretación sesgada de los resultados.

Para realizar su investigación, el equipo trabajó con 22 pacientes con Alzheimer, junto a igual cantidad de personas con otro tipo de deterioro cognitivo. Luego los dividieron en dos grupos: a uno de los cuales le administraron 40 ml diarios de aceite de coco virgen extra durante 21 días consecutivos, mientras que el otro grupo sirvió de control. Mediante tests realizados antes y después de la administración del aceite, se midieron los beneficios que puede tener este producto en las zonas de la corteza cerebral de las que dependen las diferentes capacidades como la orientación, la memoria, el cálculo, el lenguaje-construcción y la fijación.

“El efecto del aceite de coco se puede asemejar al de un café, porque la acción es inmediata”, explicó el Dr. de la Rubia Ortí. Concretamente, los investigadores observaron una mejoría estadísticamente importante en la orientación y lenguaje-construcción. Sin embargo, las funciones de fijación, memoria y cálculo no experimentaron una mejora significativa, aunque sí hubo un aumento de la puntuación, “pudiendo hablar de una tendencia a la mejora”, afirmaron.

Guido Dorman, jefe de Residentes de Neurología del Hospital Ramos Mejía, en Buenos Aires, y miembro de la Asociación Lucha contra el Mal de Alzheimer (ALMA), consideró que estos resultados aún son muy preliminares. “El hecho de no haber utilizado grupo placebo disminuye la confiabilidad del resultado”, afirmó. Y aclaró que, aunque el paciente no sea consciente de que recibe el aceite de coco, tanto el cuidador como el médico sí lo saben. “Por ende, es inevitable que exista alguna valoración subjetiva que distorsione el resultado”, opinó.

Por otro lado, Dorman señaló que la cantidad de participantes fue baja para una patología con tanta prevalencia. En el paper, los mismos autores reconocieron que es necesario profundizar sobre los resultados obtenidos en una población mayor, para mejorar la potencia estadística.

Todavía no sabemos si el efecto es sostenible y conlleva un cambio de la estructura cerebral”, indicó De la Rubia Ortí. “Y eso precisamente es lo que queremos seguir estudiando”.

El Alzhéimer es la principal causa de demencia y afecta la memoria, el pensamiento, la orientación, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que para 2050, 92 millones de personas padecerán esta enfermedad.