Hablar de la resociabilización de quienes están en conflictos con la ley penal es poner el acento en el trabajo que cada uno debe hacer y en las iniciativas de esos lugares   para darles a las jóvenes privados de la libertad la oportunidad de convertir su tiempo en un oficio, la chance de transformar su reclusión en un momento de aprendizaje que los acompañe el resto de su vida. Eso hicieron en Mar del Plata, donde los jóvenes recluídos en el Centro Cerrado de esa ciudad aprenden desde hace más de un año el oficio de la luthería.   
 
El curso, que se dicta dos veces por semana, está a cargo del músico y luthier marplatense Mariano Di Tonto. “Mucha gente supone que los instrumentos son algo imposible de hacer y que solo los especialistas pueden lograr productos de calidad. La realidad es que con las herramientas necesarias y el aprendizaje, todos podemos hacerlo. Yo mismo empecé con este oficio cuando me robaron mi guitarra y no tenía plata para comprarme otra. En ese momento, trabajaba en la carpintería de mi abuelo y se me ocurrió que podía construirla. Pedí una como molde y la construí. Cuando lo logré, otros amigos me empezaron a pedir que les hiciera su guitarra y así me hice luthier”, relató.
Durante la fabricación de las guitarras criollas se utilizan distintos tipos de madera para realizar las partes curvas, mientras que para lograr la forma se colocan los cortes de madera terciada en moldes durante una semana y, una vez terminadas todas las partes, se agregan las clavijas y cuerdas. En el caso de las guitarras eléctricas, se realizan en un trozo macizo de madera al que se le da la forma y luego se le realizan agujeros para los micrófonos y potenciómetros.
 
Sobre el trabajo específico en este espacio, Di Tonto dijo que “los jóvenes del Centro Cerrado, al principio, se mostraban sorprendidos y escépticos sobre las posibilidades de lograrlo. Sin embargo, yo sólo les doy las indicaciones y algunos de ellos han completado todo el proceso de fabricación, y otros están en la última etapa. La idea es que cada uno pueda realizar el armado de una guitarra criolla y una eléctrica, porque son procesos diferentes”, explicó.
El bajista y guitarrista destacó el apoyo de las autoridades del Centro, como su director Juan Capel, además de las ONGs ‘Entramados’ y ‘Cambio de Paso’, de Pablo Baldini y Esteban Viñas, “quienes fueron aportando un montón de recursos para lograr armar un taller dentro del Centro con suficientes máquinas y elementos como para completar el proceso”.
“En una segunda etapa, está previsto que los jóvenes aprendan a tocar los instrumentos que realizaron, porque lo más importante que la música sirva de cable a tierra. Aprender música es maravilloso y ojalá muchos de ellos continúen enganchados con este arte cuando recuperen la libertad”, sostuvo Di Tonto.

Este curso se suma a los más de 28 talleres de oficios que existen en los dispositivos del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil, tales como carpintería, reparación de PCs, construcciones y mantenimiento de edificios, electricidad, herrería, tapicería y reparación de muebles, panadería y peluquería, entre otros. Muchos de ellos cuentan con títulos oficiales, a través de los Centros de Formación Profesional de la Dirección General de Cultura y Educación. Además, los Centros también poseen espacios de práctica deportiva y educación física, y 16 talleres artístico-expresivos. Todos los talleres y prácticas se realizan a contraturno de la educación formal, primaria o secundaria.