Por Ricardo Dubin

Fotografía: Aldana Loiseau (y gentileza de Santos Manfredi, Horacio Galán y Hasta las manos expediciones)

 

El norte de Jujuy es un tejido de caminos que unen la alta puna, quebradas que encajonan ríos, valles encaramados en cerros y el descenso, a veces abrupto, hacia la selva. Cada nivel de altura tiene su clima y su producción, por lo que sus habitantes se han visto en la obligación de abrir senderos que trepan, muchas veces, por sobre los 4.000 metros sobre el nivel del mar, bordean cerros y se abren hacia una inmensidad en la que las mismas montañas parecen estar por debajo.

Estos senderos permiten que la sal llegue hasta los productores de cabras, y que las naranjas endulcen el paladar de los niños de los cerros, y han servido para comercializar tanto el mineral como la papa. Aún hoy los transita el hombre de los valles altos para llevar su hacienda a la pastura, y los alumnos y docentes para ir a las escuelas rurales.

 Se han usado desde tiempo inmemorial, empedrados por orden del Inca, remozados por los españoles, y se siguen usando en menor medida porque hasta las Salinas Grandes, en lo alto, o hasta Calilegua, en lo cálido, ya se puede llegar, aunque dando un rodeo mayor, en vehículo. Estos mismos senderos, desde los que asombra ver pender casas, sembrados y corrales, son recreados por un turismo de aventura que se cuela entre la historia y la cultura. Para seguirlos, hemos hablado con tres prestadores que transitan tramos distintos de este tejido milenario.

 En el camino de las llamas

Santos Manfredi es guía de turismo, nació en Córdoba y hace ya tiempo vive en Tilcara. Es uno de los que conduce gente de un pasaje a otro. “Hace tiempo que quería hacer el camino que une las Salinas Grandes con Tilcara, y continuarlo hasta las Yungas. Los hacía parcialmente, pero ahora pudimos unir en 10 días la zona de la puna con la de la selva, y sin quererlo hicimos un camino milenario y lo hicimos de una forma tradicional, metidos en la naturaleza y en la historia. Lo hicimos con 10 llamas, acompañados por turistas y tres guías, para el tramo de las Salinas a Tilcara, de la comunidad de Pozos Colorados. Para el lado de los valles paramos en la escuela de Molulo, y salieron todos los chicos a fotografiarse con las llamas, porque allí ya no hay aunque las haya en las pinturas rupestres”, cuenta.

Horacio Galán nació de Tilcara y hace viajes tras esa serranía alta que enmarca la Quebrada de Humahuaca hacia el este. “Esto empezó por una necesidad de trabajar con los amigos del campo y con mi familia”, cuenta. “Yo iba llevando la hacienda de mi abuela, la hacienda de mi padre, mis propios caballos al monte. La gente ya me conocía.”

El viaje de Horacio tiene un pilar: la información: “En el viaje doy mucha información de cómo es el viaje, de las costumbres que tenemos, de cómo se coquea, de cómo se comparte el agua, cómo se da a la Pachamama (Madre Tierra), cosa que todas sus actitudes demuestren al lugareño que se está llegando con respeto, porque el respeto no solamente se demuestra quedándose callado frente al paisano, sino compartiendo y tomando sus mismas actitudes.”

En ese viaje, también aprovecha para transmitir valores. “Enseño a no despreciar lo que te inviten, porque la gente está sola muchísimos días al año. Te hablo de catorce, quince horas, o dos días de viaje algunos sitios, y entonces esa gente, cuando llega alguien extraño, lo recibe con los brazos abiertos. Lo primero que te invitan es un yerbiao, un mate con alcohol, y si vos despreciás eso es como que no estás aceptando los brazos abiertos que te dan. Imaginate, quince horas de viaje y te das cuenta que un vaso de agua o un vaso de jugo cuesta más que si vos tenés cien pesos en el bolsillo, porque si llegás al campo y querés tomar jugo, el dinero no tiene el valor.”

La ruta que marca Galán en sus viajes es desde Tilcara hasta Aforo, que está en las yungas. “No es un sendero preparado para turistas, es una travesía extrema que se hace, tranquilos, en cinco días. El primer día es el viaje más largo, 10 horas a caballo, y legamos a merendar a Yaquispampa. El resto son máximo cuatro horas, pero almorzando en el camino, descansando, visitando familias, viendo sus actividades. No es que yo les digo que les llevo quinientos turistas y ellos dejan lo que tienen que hacer, es respetarlos, participar con ellos, y hay oportunidades en que están buscando las vacas, metiéndolas al corral, levantando pircas, ordeñando las cabras, haciendo queso de cabra, y todo eso lo compartimos.”

Recomendaciones de viaje: llevar coca porque, dice, en el campo la coca vale oro. “En hoja se usa para coquear y cuando llegás a una familia, para agradecerle, más allá del pago monetario, vos le llevás coca. Ellos caminan todo el día en el campo viendo su hacienda, se enferman y tienen que salir a buscar remedio en algún lado, o algún yuyo, y lo único que la ayuda es la coca. Hay gente que se golpea, la patea un caballo, y la misma coca que tiene en la boca, el ´acusi´ que le llamamos, se lo pone sobre el golpe con una venda. Para la gente es fundamental, más allá del pago, y el turista entiende que hay otra cosa además del dinero.”

 El paisaje y la gente

“Hasta Las Manos” es un emprendimiento que tiene su base en la banda opuesta a la ciudad de Humahuaca. “El viaje a las Yungas es el resultado del mercado y es lo más importante en cuanto a la experiencia del pasajero, lo más bonito”, cuentan. “En un comienzo estaba promocionado en el extranjero como una extensión del camino del Inca, y acá hay un tramo muy importante que es el que une Humahuaca con los valles yendo por Capla, Caspalá, Santa Ana y Valle Colorado.”

 Técnicamente, el camino a las Yungas se puede hacer por varios lugares, por Humahuaca, por Huacalera, por Tilcara, y más al sur por Oclollas, por Tiraxi, siempre desde el desierto de la Quebrada de Humahuaca al verde de las Yungas. Incluso, al norte, por Iruya a Isla de Cañas o desde Santa Victoria, ya en la frontera con Bolivia. Por ahí pasa el camino real, que es el que hizo el español para comunicarse, y anteriormente al Inca fue camino omaguaca.

Desde Santa Ana a Cortaderas han dinamitado prácticamente un 70 % de la herradura antigua y las escaleras del camino del inca, pero queda un tramo de escaleras que se hace saliendo del camino. Cuando nosotros arrancamos a hacer el camino de Santa Ana llegaba al abra, y subía un kilómetro. Era un camino alucinante por escaleras y pircas anchas, pircas que la gente más viejita dice que sus abuelos no conocen su antigüedad, pircas que cruzan un cerro de 5000 metros”, cuenta la gente de Hasta las Manos.

 La travesía tiene varios motivos. Pero hay uno que funciona más allá del turismo: “La idea es que el aventurero se puedan sentar a la mesa del dueño de la casa. Allá ven al extraño como al que trae novedades para sacarte de una rutina, prácticamente todos tienen su puesto con 20 vacas y su jardín de flores, y cuando te ven pasar te salen al encuentro: buen día, buen día, y si te pueden invitar con algo, lo hacen.”

 En esos viajes hay aventuras. Muchas y de los colores más variados. Las chicas cuentan una de ellas. “En Valle Colorado dormíamos en un salón comunitario con 10 cuchetas, diez colchones, pero no había contacto con la gente. Lo había cuando la doña sacaba las sábanas, y te contaba lo que había hecho en la mañana. Es gente que vive muy aislada, y no es lo común un turismo rural de interacción como este. Estos circuitos vienen recomendados justamente por la inteculturalidad que se genera. Ellos vienen sabiendo que vamos a comer con la doña, juntos, y buscan eso.”

 “El paisaje queda como un fondo de lo vivido con la gente, que es muy fuerte. Se pueden viajar diez días por paisajes hermosos, pero si pasas uno con la gente eso es lo más hermoso”, dicen las expedicionarias de Hasta las Manos. Y recomiendan estar bien de salud porque hay un trayecto de 120 kilómetros caminando y se llega a la cuarta noche, recreando el camino del Inca. Hay tramos en los que se pueden subir a 4.600 metros con 30 grados en la nuca. Estaciones extremas de una provincia que se ofrece multicolorida, además de abierta a los dones de la Pachamama.

 

 

Caravana de llamas – Tilcara/Jujuy

De Santos Manfredi

(0388) 4955326 – 154088000

contacto@caravanadellamas.com.ar

 

El cóndor turismo – Tilcara/Jujuy

De Horacio Galán

(0388) 154088396

elcondorturismo@yahoo.com.ar

 

Hasta las manos expediciones – Humahuaca/Jujuy

(03887) 421075

hastalasmanoshumahuaca@hotmail.com