Trabaja con los sabores originales de su Paraguay natal y los combina con descubrimientos de sus múltiples viajes. Elizabeh, así, sin t y con h, nació en la ciudad de Caaguazú, un lugar equidistante entre Ciudad del Este y Asunción, las más famosas de Paraguay. Propone a la fruta como aperitivo, un sabor que dispara hacia la infancia. Luego un tereré, y agua fresca con menta, un fugaz y reparador manantial para refrescar una tarde de otoño con temperatura de verano.

Sobre la mesa de la casona de posa una granada. No es un explosivo, claro, sino una fruta que solía verse seguido en los jardines durante los estíos bonaerenses y ahora no tanto. Es un fruto muy dulce y el interior está subdividido en varios lóbulos que contienen numerosas semillas revestidas con una cubierta, llamada sarcowwwa, de pulpa roja y jugosa que estalla en la boca.

Elizabeh viajó a Lugano, Suiza, junto a su marido hace unos meses para conocer más del lugar natal de su pareja (es fotógrafo) y, de paso, aprender las últimas prácticas culinarias europeas. “Su familia vive allí y la visitamos. Hago muchos intercambios con algunos chef italianos y alemanes. Allí disfruto de un restaurante de unos amigos de mi marido: Montalbán, comida lombarda italiana, trabajan con productos muy frescos, como a mí me gusta”, se enorgullece.

¿Qué buscan los chef en sus viajes?

Me gusta dar con cocineros con los que comparta el mismo interés culinario, que respetan cierta normas que yo respeto, como los alimentos típicos de cada región. A través de esos intercambios, mi cultura también la puedo mostrar en otros lugares, la gastronomía es un trabajo sociológico.

¿Cómo es la ciudad donde naciste?

Yo nací en el campo. Somos una familia muy numerosa, aunque mi madre fue la que menos hijos tuvo: seis. Mis abuelos tuvieron once hijos, hay algunos tíos que tuvieron veinte hijos. Caaguazú tiene su centro movido, pero el lugar donde nosotros vivíamos estaba alejado de la ciudad. Mi abuelo tenía 40 hectáreas de tierra y cultivaba. Luego nos mudamos a un barrio cercano a Asunción.

¿Cuándo te radicaste en Argentina?

En 2002, porque deseaba estudiar gastronomía y en Paraguay no se dicta la carrera, al menos en escuelas especializadas. Sí hay cada nuevo descubrimiento. señoras de experiencia que pueden enseñar. María, una amiga, me insistió para que vaya a estudiar a Buenos Aires y me vine a estudiar la carrera de chef al Instituto Mariano Moreno. Al tiempo hice una pasantía con Juliana López May y me incorporé a trabajar en su equipo de catering. Pero pronto recibí una propuesta para ir a trabajar una temporada en Punta del Este: me pareció divertido, renuncié y me fui a Uruguay. Cuando volví, como era lógico, no tenía más trabajo (risas). Hubo amigos que me propusieron cosas, “cumplo años, ¿qué podés hacer?”. Empecé haciendo cumpleaños de amigos y fui creciendo. Me empezaron a llamar tantos que dije, no hay que conseguir trabajo, este es mi trabajo, la cocina móvil. Gano mejor, dispongo de más tiempo y puedo disfrutar de mi hijo.

Degustación. A la mesa llegan las primeras delicias preparadas por sus manos (una sopa paraguaya hecha con harina maíz, exquisitas, de gusto bien diferente del que ofrecen en algunos locales de Buenos Aires). Ella aclara que el secreto es la harina de maíz de Paraguay. “Lo secamos y luego lo volvemos a hidratar en agua caliente y lo molemos en el molinillo. La diferencia con la polenta es que esa es harina de maíz cruda y esta es cocida.”

Llegaste a Argentina en un momento de boom gastronómico, ¿qué te sorprendió?

¡Todo! En Buenos Aires vi por primera vez los mariscos, nunca los había conocido. Soñaba con todo eso, pero jamás me imaginé lo que disparó la gastronomía argentina.

Las comidas paraguayas tienen muchas calorías, ¿se lucen más con el frío?

En Paraguay se comen estas chipas con 40 grados a la sombra.

¿Cómo es la cocina móvil?

Es lo que yo hago. Voy con mi cocina a tu casa y cocino para la gente que haya. Puedo cocinar para más de quinientas, como hice hace poco en un casamiento de gente peruana; les cociné comidas típicas del Perú. Y cocino en el momento, son muy pocas las cosas que llevo preparada, como los postres.

Elizabeh Fleitas Blanco presentó Menú con perfume de primavera: finger food fríos (rolls de láminas de arroz con vegetales de estación); shot de guacamoles y ceviche de camaroncitos, pinchos de carpaccio de salmón, tubérculos andinos, risoto de quinoa y filete de trucha con salsa pachamanca.

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