Frente al escenario mundial que prevé un gran aumento demográfico, retos ambientales, energéticos y nutricionales, la Argentina parece haber comprendido estos puntos y puesto en marcha importantes proyectos que dan una solución a los problemas reales de la sociedad. Entre otros casos de éxito se pueden mencionar la primera vaca capaz de producir leche maternizada, el desarrollo de un robot que ayudará a crear variedades de soja tolerantes a sequía, la biotecnología aplicada al cultivo de la caña de azúcar y próximamente, se clonarán especies de la selva misionera en peligro de extinción. En el marco del Biotech Forum 2011, el encuentro anual científico tecnológico focalizado en los temas de la biotecnología que se desarrolló en la Bolsa de Comercio de Rosario ante más de 450 asistentes, El Federal dialogó con Miguel Rapela, titular de ASA, sobre el nuevo escenario biotecnológico del país.

– ¿En qué han estado trabajando últimamente las empresas biotecnológicas?
– En biotecnología se ha estado trabajando últimamente en dos campos perfectamente delineados: la resistencia a insectos y la tolerancia a herbicidas. Anteriormente se trabajaba en uno de esos campos, hoy tenemos los dos campos sumados. Aquí está parado todo el desarrollo biotecnológico que se está haciendo actualmente, a través de una técnica que se denomina Apilamiento genético o stacking, que es el apilar diversos transgenes para lo mismo. Por ejemplo, tenemos tolerancia al glifosato, al glufosinato, y también tolerancia a imidazolinonas, son tres tipos diferentes de herbicidas. Lo que se está haciendo es poner todas esas cosas juntas para poder dar distintos aspectos de control de herbicidas sobre un mismo cultivo, y lo mismo ocurre con insectos: no hay un solo BT (Bacillus thuringiensis, una bacteria que normalmente habita el suelo y cuyas esporas contienen proteínas tóxicas para ciertos insectos), sino que hay cantidades diferentes para cada orden de insectos.
– En términos generales, ¿es el gran momento biotecnológico de la Argentina?
– Hay que tomar las propias palabras de la Presidenta, que con respecto a la biotecnología, la calificó directamente como una cuestión de Estado. En el sector lo estamos viendo de esta manera, y la política que ha tenido el Ministerio de Agricultura ha sido un franco apoyo. No podemos dejar de destacarlo. En definitiva, lo que está ocurriendo es que el Gobierno ve la oportunidad que tiene la Argentina a través de la utilización de la biotecnología en muchos aspectos, no sólo en cuanto a aumentar la producción, sino en cuanto a la protección de todos nuestros recursos: el suelo, disminuir la aplicación de herbicidas, menos plaguicidas, conservar el medio ambiente, y, claramente todo eso se puede hacer de la mano de la biotecnología. Cuando yo estudiaba agronomía, la atención estaba centrada en el aumento de la producción. Hoy no sólo se trata en aumentar la producción, sino que además se debe producir manteniendo el medio ambiente en las mismas condiciones en las que se recibió y, en lo posible, mejorarlo.
– ¿De la única manera de alcanzar esos objetivos es con apoyo directo desde la política?
– Las cosas se pueden hacer con o sin políticas, depende de muchos factores individuales. Siempre es necesario saber cuál es la visión que tiene el Estado en cuanto a todo esto, porque son inversiones grandes y de muy largo plazo. Hoy existe un escenario confortable para trabajar seriamente en la biotecnología, no sólo para las empresas multinacionales, que casi parecen ser los únicos términos de referencia en todo esto. Hay que nombrar también al INTA, en el caso de la ternera que produce leche maternizada, hay que nombrar a la Estación Obispo Colombres, en Tucumán, el instituto del Conicet… Es decir, muchísima gente involucrada.
– Aun así, ¿cómo podría definir el posicionamiento argentino en el mapa mundial de la biotecnología?
– El país podría estar mucho mejor posicionado de lo que está actualmente. No estamos preparados para jugar la Copa del Mundo pero tampoco estamos para jugar el descenso. Estamos en carrera, que considerando todo lo que ha pasado en la Argentina en los últimos treinta años, no es malo. Hay buenos conocimientos intelectuales, buenas universidades, tanto nacionales y privadas, que forman grandes talentos, hay oportunidades para que los investigadores se formen en el exterior y vuelvan al país, entonces hay un marco moderadamente adecuado para que todo esto pueda funcionar a la perfección.
– Entonces, ¿todavía hay mucho por investigar?
– Sí. Uno tiene la impresión de que ya se sabe todo y realmente se sabe algo, esto es altamente complejo. Nombro algunas cosas que sorprendieron. Cuando se estaba realizando el proyecto de genoma humano, se esperaba encontrar una cantidad de genes enormemente superior a la que efectivamente se encontró, entonces los científicos se preguntaron cómo con 30 mil genes se hace un ser humano, y qué es lo que está faltando para lograrlo. Es en ese momento en que comienza a hiperdesarrollarse un análisis de la información genómica, que no solamente la información está en los genes, sino en como se controlan los genes y como se regula toda la información, algo altamente complejo. Estamos aprendiendo de qué se trata todos esto.
– En ese contexto, ¿cómo el productor se puede adaptar a las nuevas tecnologías que aparecen actualmente?
– Eso depende y va de la de la mando de cuales son las políticas de propiedad intelectual que se aplica en el país. Lo que hay que preguntarnos y saber conwwwar, es qué ocurre con el productor chico, porque el productor grande, además de ser grande, tiene una enorme capacidad de asociarse y de trabajar en redes, y de acceder con mayor facilidad a las nuevas tecnologías y es un productor que claramente la va a absorber, la va a utilizar y le va a sacar todo el rédito.
– ¿Es el productor quien pide estos nuevos avances?
– Sí, y lo es primero, por el nivel de información que hoy dan a conocer los medios de comunicación. Los productores no sólo están informados, sino que viajan y asisten a los eventos internacionales, permanentemente están informados por los programas agropecuarios en los distintos medios, y saben lo que ocurre en todo el mundo con respecto a las nuevas tecnologías. El productor argentino está ávido de tecnología, y la demostración de eso ha estado en el maíz, en donde el productor no tiene posibilidades de guardarse semillas, la tecnología está, y el productor la compra todos los años por la simple razón que le produce lo que el productor espera, entonces gana.