Fotos Jazmín Arellano

“El Marcelo y el Guille son de Río Tercero, pero sus raíces son mendocinas. El Carlitos viene de Córdoba capital, pero sus padres mamaron todo el folklore cordobés. El Santi viene de Santiago del Estero. Gustavo Mirafraire viene de Laborde, Córdoba, que es un lugar Y después son una zona Piamontesa muy fuerte. Cuando nos juntamos para tocar no fue difícil abarcar todos los ritmos.” La frase la firma Ariel “Chaco” Andrada, quien se olvidó de decir que él viene desde Chaco, como para completar el cuadro de una formación con diferentes vertientes que confluyen en un río único: el del folklore para bailarines.     

Los muchachos caminan por las calles de Buenos Aires el mismo día que llegaron para cantar –por primera vez- en la gran ciudad, después de 10 años de carrera artística. Parecen una murga: ocho integrantes, el jefe de prensa, el productor y el asistente.  

Llegaron para presentar la tercera joya de esta compañía folklórica llamada La Callejera. Esa tercera criatura se llama “Baila País”, el nombre de una canción del disco, compuesta por su cantante, Ariel. “Lo que se plasma en el disco es lo que hacemos en vivo. El bailarín nos da el apoyo. A partir de ellos y de la química que se forma en las peñas que hacemos, y del boca a boca, vienen a vernos a chicos que jamás han ido a una escuela de baile. En nuestro shows, vemos que miran de reojo al que baila al lado”.

Ese trabajo se pasea por el país y lo hace con altura: acaricia el vals, pero puede meterse en la furia de una chacarera, en la lírica delicada Oscar Valle o en la ancha pampa de Don Alberto Merlo. “La idea del grupo, la meta, era armar un disco con un abanico de ritmos. Para un bailarín es doloroso que sólo se bailen chacareras. ¿Y qué hacemos con las otras danzas: remedio, gato, huella, gato cuyano, triunfo, bailecito, zamba? Porque hay gente que lo sabe bailar, pero nadie lo toca. ¿Qué pasa con la Jota cordobesa?”. Chaco deja la pregunta flotando. Por eso, además de ser la  banda de sonido de una inmensa cantidad de parejas de bailes, La Callejera se propone el rescate de danzas que muchos habían archivado, pero que están en el corazón del pueblo. 

Este camino implica también la presencia de un nuevo oído. “Hay un público nuevo que está empezando a ver de qué se trata esto. Nosotros tocamos diez ritmos distintos. Nos consideramos un grupo federal. Pero para hacer eso hacemos un laburo de campo: guitarreamos con la gente de cada lugar al que vamos. Guitarreamos en Trelew, donde nos cantaron loncomeos; en San Luis, en una cocina de dos por dos nos regalaron dos tonadas y dos cuecas; con Coco Gómez, quien nos tocó diez chacareras del monte. Viajamos a La Pampa para entender los ritmos y a Mendoza para entender qué es la cuyanía.”

Puro folklore

-¿Hoy ese camino puede mezclarse con el conservatorio?
-Guillermo Herrera: Hoy se puede mezclar gente con una gran formación académica con otra que tiene una gran formación en la calle: esa mixtura es la que hace la magia.
-Ariel Andrada: El cruce de razas y de formaciones nos ayuda a esto”.

“Esto” es la magia que cada año desatan en Cosquín, adonde tienen la peña llena todas las noches. Sin embargo, Ariel, el cantante dice que no tienen éxito todavía, en el sentido más usual que se le da esa bendita palabra. “Pero en una escuela rural de danzas de El Quebrachal, Santiago del Estero, suena Gato moreno, una canción nuestra y el Ballet Folklórico Nacional baila una huella que compusimos”, dice. Guillermo soltó el bombo y escucha atento, agazapado. Tiene una idea que no tarda en decir: “No queremos ser una banda fósforo, que se enciende fuerte y después se apaga en un rato y para siempre. Queremos sembrar desde abajo, disfrutar estas cosas que se nos están dando. No queremos reventar en un enero de festivales y que después nadie se acuerda de nosotros.”

-¿Se sienten afuera del circuito comercial del folklore?
-Ariel: Al comienzo teníamos esa necesidad de estar en todos los festivales, pero se nos dio ahora, después de 10 años. Ya actuamos en Cosquín, La Salamanca, el Festival del Poncho, entre otros. Y nos llegó ahora, que crecimos como grupo humano y eso nos trajo también el crecimiento musical.
-Guillermo: Vamos con pasos tranquilos, con decisiones calmadas.

-Tiene canciones propias en todos sus discos, ¿de dónde salen las canciones?
-Ariel: Escribimos lo que vamos viendo, porque escribir de donde es uno es fácil, porque al que se fue de su provincia paga por estar ahí con los suyos. Pero andando es que escribimos.

Cada tanto Ariel dice “tocar para ellos”. Traza una figura que puede parecer abstracta, pero es algo que tienen siempre a mano: el bailarín. “Me sumo”, dice Marcelo Herrera, el hombre que está a cargo del bajo. “Por más que se diga que la música es para bailar, aunque no sepas bailar el ritmo podés disfrutar de una canción, de una historia que empieza y termina. Nosotros tenemos pareja de bailarines entre nuestro público, pero también tenemos gente que va escuchar nuestras canciones, no a bailarlas. Y tenemos que entender que el público va cambiando: no todos los que van a ver a La Callejera van a bailar”, dispara. Y se va.

Ariel retoma la idea. “Nosotros, antes, tocábamos todas canciones bailables, pero ahora estamos en un tiempo de maduración: vimos que había gente que iba a escucharnos y como no bailaba se iba. Entonces, no siempre vamos a volar cabezas: mostramos letras, mostramos canciones propias.”  

El jefe de prensa, Agustín Nanni, hace señas grandilocuentes porque los chicos se van a un programa de TV y el tiempo los apremia. Antes cuentan que tienen una política: a cada provincia donde van tocan un ritmo del lugar, a riesgo de que alguien le caiga con la crítica descarnada. “Que venga un cuyano a decirme que le gustó cómo toqué la batería en una cueca es un orgullo para mí”, dice Guillermo. “O que un correntino baile un chamamé tocado por nosotros en el mismísimo anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola”. Con eso están hechos los muchachos de La Callejera. Y tienen razón.

Mirá el video de La Callejera tocando en la plaza.

Integran La Callejera:

Ariel “Chaco” Andrada (guitarra y voz)
Carlos Lallana (flauta traversa)
Marcelo Herrera (bajo)
Guillermo Herrera (percusión)
Gustavo Fraira, (bandoneón)
Guillermo Vignolo (primera guitarra)
José Luis Pérez (piano)