Como  explican desde el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), se consideran servicios ecosistémicos todos aquellos procesos que forman parte de los ecosistemas y que brindan un beneficio para los seres humanos. La filtración de contaminantes, el reciclado de la materia orgánica y la provisión de madera son algunos de los ejemplos. Los servicios ecosistémicos pueden ser medidos en diferentes momentos y lugares del territorio a través de protocolos, modelos y datos que permiten evaluar su estado y tendencias de cambio.

Esto es lo que hicieron en la región del Chaco Argentino (este de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, norte de San Luis, Córdoba y Santa Fe, todo Chaco, Santiago del Estero y Formosa) los investigadores del Grupo de Estudio de Agroecosistemas y Paisajes Rurales (GEAP) María Paula Barral, Sebastián Villarino y Matías Mastrángelo, pertenecientes a la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNMPD y al Instituto de Innovación para la Producción Agropecuaria y el Desarrollo Sostenible con sede en la Estación Experimental Balcarce (IPADS Balcarce- INTA, CONICET), junto con investigadores del Departamento de Geografía de la Universidad Humboldt de Berlín.

Se trata del primer análisis de este tipo -publicado en el Journal of Applied Ecology- que se traduce en mapas y cifras concretas sobre las pérdidas en varios servicios ecosistémicos en el país. Si bien hay trabajos semejantes, éstos no contemplan la cuantificación y cartografía en detalle para una región tan grande ni un período de tiempo tan largo.

Este estudio era muy necesario porque hasta el momento conocíamos cuántos bosques y pastizales nativos se pierden cada año en cada una de las provincias de la región, pero no sabíamos dónde y cuándo esas pérdidas tienen más impacto sobre la capacidad de los ecosistemas para, por ejemplo, prevenir inundaciones y regular el clima”, explica Matías Mastrángelo, investigador adjunto del CONICET y miembro del grupo que llevó adelante el proyecto.

En la región del Chaco Argentino nos interesó conocer, entre otras cosas, el efecto del reemplazo de los bosques por cultivos sobre la capacidad del ecosistema para prevenir inundaciones, porque es un problema grave y recurrente para la población y los productores de esta región. Esta misma metodología se puede usar para evaluar los procesos ecológicos que subyacen a otros problemas ambientales del país”, detallan los especialistas. Otra de las fortalezas de este artículo, señalan los científicos, es que se reunieron especialistas de diferentes disciplinas, como la ecología y la agronomía, para entender cómo las actividades económicas comprometen la calidad de vida de la población, y la base de recursos naturales que sostiene a esas mismas actividades económicas.

“Nuestra intención es que la información provista impacte sobre la realidad”, señala Mastrangelo. Para ello, el grupo de investigación presenta la información sobre la expansión de la frontera agropecuaria en el Chaco Argentino de manera accesible para la comunidad, a través de talleres con los productores agropecuarios de la región, concientizando sobre los costos ambientales y sociales que es necesario tener en cuenta al momento de evaluar la contribución que la actividad agropecuaria realiza en el desarrollo local, regional y nacional.

Mastrángelo agrega: “Buscamos que haya una toma de conciencia de los impactos negativos que su actividad tiene para la población y para sus propios negocios, y los consideren al momento de tomar decisiones sobre el uso de los ecosistemas en las tierras que manejan”. Además, el objetivo es generar material accesible –datos y mapas detallados- para organizaciones que trabajan en el ordenamiento ambiental del territorio, sean o no gubernamentales, que sirva como insumo -información científica clara y concreta- para sustentar reclamos y generar propuestas de planificación tendientes a reducir los costos ambientales y sociales de la actividad agropecuaria en el Chaco Argentino.

Para la realización del estudio, los especialistas utilizaron un protocolo de evaluación y mapeo de servicios ecosistémicos desarrollado por el GEAP, denominado ECOSER. El protocolo contiene modelos alimentados con series de tiempo de datos de tipos de vegetación complementados con variables climáticas, tipos de suelos, topografía, entre otras. Los investigadores explican que el modelado de cinco funciones ecosistémicas en ECOSER –almacenamiento de carbono en suelo y biomasa, control de la erosión, retención de excesos de precipitación por la vegetación y fertilidad del suelo– les permitió cuantificar y cartografiar tres servicios ecosistémicos –regulación del clima, amortiguación de inundaciones y producción potencial de cultivos-.

“Esta información la usamos para identificar en qué períodos y zonas de la región las pérdidas de servicios ecosistémicos fueron mayores o menores, y explicar el por qué de esa distribución temporal y espacial. Encontramos que las mayores pérdidas de servicios ecosistémicos ocurrieron entre el 2000 y el 2013 en la zona del Chaco Argentino, que no es tan húmeda ni tan seca, donde se produjeron los mayores niveles de deforestación para la expansión de la frontera agropecuaria”, explica Mastrángelo.