Mientras a nivel país las estimaciones de intención de siembra de soja para la campaña 2011/12 suman más hectáreas semana a semana, en el sudeste bonaerense los guarismos en los campos de algunos productores van en sentido contrario. Se trata de varios de los socios de la Regional Tres Arroyos de Aapresid, que desde hace un par de años han puesto en marcha el proceso de desojización de sus sistemas productivos con el objetivo de cuidar y mejorar los suelos de sus campos.
El plan consiste en achicar la superficie destinada a la soja de primera, en lo posible hasta directamente dejar de sembrarla, e incluir a la leguminosa en los planteos sólo como cultivo de segunda, implantándola sobre los cereales de invierno recién cosechados. Con esto se persigue extraerle menos nutrientes al suelo, porque al rendir menos que la de primera, la soja de segunda también exprime menos los campos; y volver a darles lugar entre los cultivos de verano al girasol y al maíz, desplazados por los porotos en los últimos años.
El ingeniero agrónomo Guillermo Pailhé, asesor técnico de la regional, explica más detalles de la novedosa idea. “Lo que se busca es cuidar el suelo por dos vías. Por un lado, al no hacer soja de primera y reemplazarla por otros cultivos se corta la secuencia soja – soja. Porque en estos campos se ha generalizado hacer soja de primera arriba de una soja de segunda”, dice.
Y completa su análisis: “También, al hacer la soja como cultivo tardío arriba de una cebada o de un trigo, la abundante cantidad de rastrojo que dejan los cereales de invierno logran neutralizar el poco volumen que queda luego de cosechar la soja. Así, con el aporte de rastrojo de los cereales los balances de carbono son positivos y la soja no hace destrucción del suelo en lo que respecta al aporte de residuos”.
 
Condicionamientos. Claro que si bien suena muy romántica la idea de dejar de sembrar soja de primera para mejorar los campos, hay dos factores determinantes que tienen que darse para poder poner en práctica esta especie de proceso de desojización. En primer término, el aspecto económico. “Esto se puede implementar si te lo permite la relación de precios. Porque si la soja vale mucho más que el girasol, o el maíz no tiene un precio atractivo, no hay forma de competir. Pero a un valor similar entre los granos, este tipo de planteo es bastante válido”, analiza Pailhé.
En segundo término, el aspecto agronómico. Es fundamental que los campos tengan estabilidad de rinde en la soja de segunda, un cultivo que por sembrarse fuera de término y en lotes con poca humedad ofrece rendimientos muy aleatorios. Así, hay campañas en que su performance supera a la soja de primera, mientras que en otras ni siquiera llega a cosecharse. “En los planteos con varios años en siembra directa esa estabilidad ya la están logrando. En los campos de los socios de la regional, con la tosca muy cerca de la superficie, el rinde promedio ya está estabilizado en los 1.300 kilos”, asegura el asesor.
También el ingeniero pone la lupa sobre las condiciones climáticas, en particular al régimen de lluvias con que se llegue al momento de la siembra de la soja de segunda. “No todos los años es posible hacer doble cultivo”, advierte. “Por un lado es cierto que esta técnica mejora el suelo, pero también debemos evaluar el agua que hay en el suelo. Porque si todos los años se hace doble cultivo la extracción de agua es mucho mayor que si se siembra uno solo. Entonces, la campaña que haya poca lluvia o que tengamos poca humedad en el suelo hay que saber leerlo y hacer un cultivo de invierno solamente”, aclara.
Al análisis hay que sumarle otra cuestión, la tenencia de la tierra. Porque más allá de lo beneficioso que resulta el planteo productivo para el recurso suelo, la realidad indica que este tipo de esquemas es casi imposible aplicarlo en campos arrendados. “Esta tendencia la están haciendo productores de punta, dueños de campo que no sólo evalúan el resultado económico sino también el balance de nutrientes y de carbono de los suelos. Pero si vos arrendás, la guerra de precios que hay por los alquileres, no te deja margen y tenés que sembrar soja sí o sí”, advierte el ingeniero.
Una alternativa para encausar eso sería la aceptación por parte del dueño del campo a percibir un arrendamiento menos voluminoso, pero teniendo a su favor que el inquilino le está resguardando el capital. “Es muy difícil encontrar propietarios que hagan ese análisis”, dice Pailhé.
 
Enfermedades. Hay otro aspecto que mueve a algunos productores a esquivar la soja de primera, o al menos a reducirle la superficie: evitar que en el verano los campos se transformen en un mar sojero por estar todos sembrados con la leguminosa. “En enero y febrero se juntan los lotes de soja de primera con los de segunda y lo único que vemos en los campos de la zona es el verde de la soja. De modo que si llega a aparecer una enfermedad, no deja nada. Arrasa. Pero si por lo menos de tanto en tanto hay un lote de maíz y uno de girasol, a la enfermedad le va a costar un poco más avanzar”, explica Pailhé.
El ingeniero hace la misma lectura pero con en relación a la posibilidad de cortar enfermedades de una campaña a otra. “La idea es que el lote que sale de soja de segunda no pase a soja de primera como ocurre ahora, sino que reciba otro cultivo para cortar el ciclo de enfermedades. Porque éstas quedan en el rastrojo, entonces vos cosechaste la soja de segunda en mayo, tiraste el rastrojo enfermo al suelo y en octubre o noviembre sembraste la de primera sobre eso.”
Y aprovecha esa descripción para diferenciar rotación con secuencia de cultivos. “Desde hace varias campañas hay productores que llevan adelante la misma secuencia de cultivos. Un año siembran soja de primera, al siguiente ese lote va a trigo seguido por una soja de segunda. Y al otro ciclo vuelve a tener soja de primera. Todos los años le estamos poniendo soja al lote. Y eso es lo que también vamos a tratar de evitar”, comenta Pailhé.
 
Servicios a terceros. Es Martín Ozcariz, productor mixto tresarroyense que trabaja campo propio y arrendado aporta más razones para desplazar a la soja de primera. “Además de productor hago trabajos como contratista entonces sembrar girasol en lugar de soja me abre una ventana de trabajo distinta. Al implantarse y cosecharse el girasol en distintos momentos, yo puedo sembrar tranquilo lo mío y tener la máquina libre para quien quiera hacer soja de primera. Y lo mismo con la cosecha. Terminó de levantar tranquilo mi girasol y puedo salir a cosechar soja afuera, y volver para recolectar mi soja de segunda”, argumenta Ozcariz, uno de los integrantes de la regional de Aapresid y quien esta campaña por primera vez no sembrará soja de primera.
La adopción de la siembra directa es una manera de empezar a mejorar los campos, o al menos dejar de estropearlos. Ahora bien, la aplicación de este planteo es darle otra vuelta de tuerca al cuidado del recurso.
Y la puntada final a la argumentación del plan la da Pailhé: “El productor que trabajaba en siembra convencional, para cuidar el campo se pasa a directa. El chacarero que ya está en directa puede empezara a fertilizar más. Si ya fertiliza como corresponde y le agrega al sistema los nutrientes que se van llevando los granos al ser cosechados, puede apuntar a mejorar la materia orgánica y el aporte de rastrojo con la técnica de sólo hacer soja de segunda”.
Suena raro, pero para algunos la soja puede esperar.