Por Matilde Moyano

“Altos niveles” de glifosato y su degradación fueron hallados en la cuenca del río Paraná, “en los cursos medio y bajo de los afluentes tributarios, de acuerdo con la agricultura intensiva que se desarrolla en la región”, revela un estudio realizado por investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) publicado por la la revista internacional “Enviromental Monitoring and Assessment”.

El herbicida de la multinacional Monsanto sobre el cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió en 2015 que puede causar cáncer, y su metabolito AMPA, se concentran mayormente en los sedimentos de los cursos de agua que alimentan al Paraná. El monitoreo mostró que la contaminación más alta de glifosato corresponde al río Luján. También los resultados fueron alarmantes en los tramos del Paraná que comprenden a las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. No quedan dudas de que esto es consecuencia directa del tipo de agricultura que se realiza allí.

El glifosato se utiliza para eliminar las malezas de los cultivos, principalmente de la soja transgénica ‘RR’, y en nuestro país (tercer productor mundial de soja) un tercio de la población se encuentra afectada directa o indirectamente por este agroquímico, según demuestran los estudios de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

¿Qué otra evidencia necesitamos? La utilización de glifosato no solo afecta a la salud de los habitantes de los pueblos cercanos a los cultivos, sino también a la salud de todos los habitantes del país, porque ya anteriormente otras investigaciones demostraron que incluso las frutas y verduras que compramos en supermercados y verdulerías están contaminados con uno o más químicos.

En 2015 este peligroso herbicida fue hallado en orina humana en Mar del Plata, en muestras de sangre y agua en Pergamino, y en algodón, gasas y tampones comercializados en nuestro país. En el resto del mundo se encontró en vinos de California, en cervezas alemanas, y también en alimentos del desayuno en Estados Unidos.

Alicia Ronco y Damián Marino son dos de los investigadores argentinos autores de este nuevo estudio que revela la contaminación de la segunda cuenca más importante de Sudamérica después de la del Amazonas, mediante wwweos en 23 puntos específicos del Paraná, el Paraguay y sus afluentes. El trabajo comenzó en el río Pilcomayo. Los niveles medidos en muchos casos dieron más elevados que los obtenidos directamente en campos de soja.

Las muestras de los sedimentos del fondo del río presentaron la mayor concentración de esos componentes, pero las altas corrientes y la capacidad de disolución del curso principal del Paraná atenúan la entrada de los afluentes”, aunque el metabolito del herbicida fue detectado también “en el tramo bajo del río“.

El glifosato y el AMPA son contaminantes, y si bien se acumula mayoritariamente en los sedimentos del fondo, su presencia en los ríos significa que se está contaminando el río a través de las prácticas agrícolas que dependen del uso de herbicidas, como lo es el combo de la semilla transgénica de soja RR y el herbicida glifosato.

El estudio asegura que los resultados obtenidos proveen información relevante para los programas de desarrollo ambientales en el Paraná e indican la necesidad de prestar atención a las prácticas de la agricultura asociadas al control químico de malezas.

Para quienes quieran conocer más evidencias pueden leer la ‘Antología Toxicológica del Glifosato‘, la recopilación más completa de trabajos científicos nacionales e internacionales que da cuenta de los riesgos a la salud humana, ambiente y biodiversidad de este agroquímico, que hasta la fecha reúne 487 evidencias.

Si te interesa esta temática y querés informarte sobre el riesgo en que nos pone el modelo de agroproducción actual, podés mirar nuestro video ‘Cuando la producción de alimentos nos enferma.

Foto: Juan Carlos Casas