Esa carga de genes da origen a lo más diverso de los pellajes y con ello a diferentes utilidades a que cada raza de caballo es destinada. Por eso tiene cada deporte la propia y difícilmente -salvo excepciones- puedan sortear los designios de la sangre para jugar su suerte en un terreno que no le es -por imperio de su misma genética- propio desde el origen. Por eso, conviven una diversidad de colores, pero también de habilidades. Las bajas pulsaciones cardíacas que naturalmente tiene el árabe, gracias a la cual le es posible resistir con velocidad grandes distancias. La extraordinaria rusticidad, resistencia y mansedumbre del criollo. La velocidad luz de los pura sangre. La potencia de los American Trotter. La pujante fuerza de los percherones. La destreza de los cuarto de milla. Y un puñado de cualidades más entre las muchas que cuentan las razas objeto de nota, en la que se tratará de narrar, en una suerte de guía visual a las nueve especies equinas, para entregarle al lector que pretenda convertirse en criador un panorama de qué elegir a partir de los deportes a los cuales se adaptan y la composición morfológica a la que responden. Apenas una puerta de entrada al fabuloso mundo de la industria equina nacional.