Copahue (Neuquén) está abierto de diciembre a mayo, el resto del año la nieve sepulta el pueblo, pero algunos aventureros se animan a vivir la “Experiencia Anártica” en este territorio blanco donde el ejército hace su curso preantártico de entrenamiento para los aspirantes que luego irán a vivir a la Anártida. La experiencia es única y a pesar del clima extremo, es posible disfrutar de paisajes únicos y de buena gastronomía. 

La propuesta se llama “Experiencia Antártica” y tiene su inicio en Caviahue. Un vehículo todo terreno de doble tracción pasa a buscar a los que deseen emprender la aventura. No hay camino sino la intuición de una huella que sólo un transporte adaptado para la nieve puede pasar. Luego de atravesar por valles y caminos de montaña, siete kilómetros despues se llega a Copahue, el pueblo está bajo nieve. 

“Salimos realizando un safari tipo invernal hasta Punta de Nieve, recorremos aproximadamente 7 kilómetros por la ruta que une Caviahue y Copahue guiándonos por altímetros, ya que hay bastante nieve”, comenta el guía Fernando Volij. En un determinado momento del camino, debido a la presencia de la nieve, es necesario cambiar de vehículo, “pasamos a una oruga o snow track, para poder llegar a Copahue, el lugar más parecido a la Antártida, recorriendo un trayecto de aproximadamente 6 kilómetros más”
 
La nieve todo lo domina, arboles, techos y alambrados, todo está sepultado por un manto blanco y helado. Al llegar a Copahue se puede intuir el antiguo complejo termal “Las Máquinas“, hecho por iniciativa de Juan Domingo Perón en el añ 1942. “Tenía una enfermedad en la piel, la rosácea, y se trataba con el agua termal que emergue desde las profundidades de la tierra. A Perón le encantó el lugar y decidió construir una clínica termal para el personal del Ejército y sus familias”
 
A pesar de que se trata de un lugar inhóspito a esta altura del año, Copahue tiene personal permanente todo el año. Fernando Volij, comenta: “Tenemos médicos, enfermeros, y un vehículo de rescate disponible las 24 horas, para cualquier situación que surja”.
 
A un extremo del pueblo blanco se halla el refugio El Montañés, una villa termal a los pies del imponente volcán Copahue, donde durante gran parte del año sus fumarolas emanan gases del interior terrestre. 
 
Ya en El Montañés, la nieve pasa a ser la principal protagonista de la vida. A los integrantes de la expedición se les asigna algunas actividades como la construcción de un iglú, se hace el “raquetour”, una caminata por los techos de las casas cubiertos de nieve, y también para los más niñas hay concursos de culipatín. Hay competencias de trineos y paseos en motos de nieve por las laderas de algunas de las montañas.
 
El Refugio El Montañés es una de las pocas casas que tiene actividad y vida, al frío extremo del exterior se contrapone la calidad de una salamdra y el olor a sopas y guisos que se hacen en la cocina. Lucas Soñora atiende el lugar, hace cuatro inviernos decidió dejar la ciudad de Buenos Aires para radicarse en el mundo de la nieve y el silencio. Aprendió a vivir sin electricidad, ni teléfono. “Tengo una radio que me comunica con Caviahue, con esto basta”
 
Lucas ama su trabajo y el cambio de vida le vino muy bien. “En el Refugio siempre hay algo calentito, un buen almuerzo, una merienda” En El Montañés, además de contención térmica, hay habitaciones donde pernoctar y una de las condiciones es la capacidad de adaptación de las personas que vienen. Se debe formar una familia, ya que hay días en donde las tormentas de nieve no dejan salir al exterior y hay que pasar días enteros en el Refugio.
 
La cocina de El Montañés es el centro de toda la magia de estas paredes que separan temperaturas extremas de un plato fundacional. El cocinero a cargo es el neuquino Sebastián Rozas, su objetivo es fundamental, y él mismo lo explica: “Mi misión es que la gente obtenga proteínas para el frío, por eso lo que ofrecemos es comida de olla, todo casero, bien artesanal, para que disfrute de platos típicos de un refugio de montaña”.

“La idea es estar siempre predispuestos y colaborar con el que llegue al refugio. Un almuerzo puede ser un plato de pastas con salsa de hongos acompañadas con vinos y cervezas artesanales.

 
Para lo que quieren experimentar un renacimiento espiritual, es posible bañarse en las aguas termales humeantes mientras se contempla la nieve. Copahue es un pueblo clausurado por la nieve pero que abre sus puertas para que algunos elegidos puedan disfrutar de esta soledad nívea.