Desde hace unos años, el tradicional Día del Niño sufrió dos cambios: pasó del primer domingo de agosto al segundo, por una cuestión de mayor disponibilidad de dinero para los regalos, y suele festejarse también como Día de la Familia, considerando a aquellos que no tienen hijos o niños que no tienen padres. La pesca puede reunir a ambos elementos: niños y familia.
Una de las satisfacciones más grandes que vive todo fanático de la pesca es entusiasmar en este pasatiempo a sus hijos y su esposa. Así lo vivió mi amigo Gustavo Labanowski, que nos cuenta cómo esta linda experiencia.

Tres al agua. “Pocas cosas hay en la vida más gratificantes que compartir nuestras pasiones con aquellos que amamos y la pesca deportiva es para mí una de ellas desde hace años. Con Eric, mi hijo menor, nos une este deporte desde que nació. Creció escuchando las aventuras de pesca que su papá le contaba, de sitios lejanos y lugares remotos en donde la naturaleza se brinda entera a quienes saben apreciarla. Podemos decir que nació con la caña en la mano. Pero para Edith, mi esposa, el proceso fue diferente. Creo que comenzó al percibir la alegría que me envolvía cada vez que regresaba de un viaje y quiso descubrir la fuente de esa felicidad. Cuando le propuse el año pasado la aventura de un viaje a la selva amazónica, al principio lo pensó, pero terminó aceptando y fue allí donde el germen de esta pasión la tomó por completo. Su debut en la pesca con artificiales fue sin escalas y su desempeño, excelente. Volvió de Amazonas contagiada de esta sana locura y queriendo repetir.”
El momento estaba dado. Era el tiempo justo. A veces, por excesivamente fanáticos, cometemos el error de no esperar los tiempos de los demás. Conozco amigos que llevaron a pescar a sus hijos muy pequeños con fríos extraordinarios, en un bote abierto, sin comodidades. Hoy, esos chicos tienen más de veinte años y aborrecen la pesca.
Viendo que la fruta estaba madura, Gustavo llevó a su hijo y su señora a pescar en el río Paraná, cerca de Gualeguay: “Muchas veces había salido con Eric y una semana estuve con Edith pescando en la selva, pero nunca lo habíamos hecho los tres juntos y esta era la oportunidad.”

Aula propicia. La gran cantidad de dorados hizo que muchos se animaran a llevar a sus familiares y amigos no pescadores, y lograran entusiasmarlos. Si bien hay que aclarar que es un fenómeno excepcional, que deseamos que dure toda la vida, pero que seguramente tendrá paréntesis de varios años sin reiterarse, para llevar a pescar a un novato siempre conviene que haya muchos peces. De lo contrario, en general, ganará el desánimo y no tendrá continuidad en la práctica.
Había muchos dorados en esta parte de Entre Ríos y con equipos de baitcast, la familia Labanowski pasó una jornada realmente excelente. No era fácil pescarlos, porque los cardúmenes se ubicaban en correderas, donde se encuentra el borde abrupto de la barranca hacia el veril, pero que no se veía por la gran inundación.
Y acá se produjo otro fenómeno. Cuando llevamos a pescar a los que se inician debemos resignar nuestras ganar de pescar porque si no se malogra la intención. Es difícil. Sobre todo, porque hay muchos peces. Pero esta cuota de templanza es la que dará el éxito. Hay que ponerse al servicio de los noveles pescadores. Darse con todo a ellos y ayudarlos desde el encarne o la elección del señuelo hasta para sacarse la foto con el pez a bordo. Esto implica toda la trayectoria: el lanzamiento, la forma de recoger con la caña bien agarrada y bien colocada, la manera de clavar y la técnica para luchar con la pieza mientras se debate en el otro extremo.
Nada hay que dejar librado al azar, aunque hay casos excepcionales como el de Edith que colocaba los señuelos con tanta precisión, que enseguida comenzó a pescar muy bien. Quizá sea el fruto de la pretemporada en la posada Río Xingú en Brasil.
Hay que prestar atención también a las necesidades de los chicos y damas en la lancha. Estar atentos a las molestias que puede ocasionar el sol, la temperatura (fría o cálida), los insectos… Y ofrecerles comida y bebida, aunque, en este caso, fue tan buena la pesca, que ni se dieron cuenta de que había pasado hacía mucho el mediodía. Ni siquiera aceptaron la propuesta del guía de parar un rato.
Algo curioso es la gran cantidad de dorados que sacaron con colas de ratas en la boca. ¡Se había devorado un roedor de buen tamaño! Algo que sucedió en gran medida en esta última avenida de aguas.
Gustavo y su familia la pasaron muy bien y prometen repetir en grupo. Vale la pena ponerse esto como meta, ya que, en este aspecto, la pesca en aglutinante y vendrá bien para aceitar las relaciones personales dentro del núcleo familiar. Es un tiempo para compartir y conocerse aún más. Dice Gustavo: “La meta es animarlos a que, si aún no lo han hecho, lleven a su familia a pescar con ustedes. Sé que para muchos puede resultar complejo, por las distancias, el frío, las responsabilidades de la casa y otros factores, pero anímense porque valen la pena. Ahora algo más nos une como familia. Nos fuimos llenos felicidad y con el enorme placer que nos depararía la charla en el viaje de vuelta a casa.”