Prosperina, la veo un poco desabrigada. No se descuide, porque la gripe anda agazapada en los rincones.
– Señora, el veranito de San Juan nos regala unos días placenteros y va a coincidir conmigo que, entre las tareas de la casa es preferible andar un poco fresquita que transpirando por el abrigo. Siempre para el cumpleaños de Doña Potola el tiempo nos acompaña y podemos almorzar afuera.
-¿Qué le vamos a regalar a Doña Juana? Yo le estoy tejiendo a escondidas una bufanda.
Con un “piedra libre” se presentó en la cocina, para sorpresa y sobresalto de quienes la nombraban.
– Así no vale Doña Potola, siempre me descubre.
– Tendría que estar ciega m´hija, pues el tejido amaneció en la cocina olvidado varias veces. ¿Y para quién puede ser una bufanda negra?
– Podría ser para mí –dijo la Sra. República. Hace un par de inviernos me la prometieron.
– Esto me pasa por hablar.
– Prosperina, siempre le he aconsejado el silencio, pero usted no escarmienta. Bromas aparte, le agradezco las horas que me dedicó tejiendo, y en cuanto a usted que pregunta le digo que el mejor regalo es que haya decidido quedarse con nosotros y que nos enriquezca con la sabiduría y el conocimiento almacenado de nuestra historia. Desde aquel día que decidió abandonar el bajorrelieve, charla mediante con Francisco, la ficción se mezcló tanto con la realidad que juntas inventamos este cuento.
– Fue un soplo en el barro doña, que entibió mis huesos que soñaban volver y creo que no debe haber otro lugar donde me pudieran haber recibido mejor que en esta casa.
– Si está a gusto como dice, es el mejor regalo mi amiga, aunque le toque sobrellevar los humores y problemas que tenemos como en cualquier casa habitada por una familia.
– Un poco especial doña, sobretodo por quien ejerce la voz de mando.
– Señora, yo no mando, sugiero.
– Y lo hace de una manera sutil y persuasiva al mismo tiempo, y rescato por sobre todo el ejemplo. Algo que se ha perdido por estos días. Tenemos iluminados pronosticadores de cómo debieran ser los nuevos cimientos para edificar una sociedad más justa y equilibrada, con igualdad de posibilidades para todos sus hijos, pero nadie da el ejemplo. Donde escarba un poco, la realidad dice otra cosa y se llenan la boca denunciados que tratan de que la ley no los alcance. Se ha conformado una casta de privilegiados que hacen y deshacen con los recursos públicos, y se alternan en el poder invocando a dioses de barro que también dictaron normas para que el pueblo las cumpliera y ellos como si fueran elegidos han dejado sobradas muestras de inconsistencia moral. Ejemplos, Doña Potola, es lo que se le debiera entregar a cada niño junto a la computadora. Ejemplo de transparencia a quienes se les entrega una casa y la sociedad piensa que otra quedó en el camino en ese laberinto de licitaciones y de pago a cuenta de sueños que nunca se van a realizar.
– Gracias señora. Tomo sus reflexiones como el mejor regalo. Valió otro mate, Prosperina. Y siga tejiendo a la luz del día que el veranito de San Juan se acaba pronto.