La higuera (Ficus carica L.) es un árbol cultivado desde épocas remotas. Es originaria de Asia occidental y del Mediterráneo, donde se encuentra en abundancia, y se cultiva en diversas partes del mundo. Se conocen más de 30 variedades de higos que se clasifican en blancos, colorados y negros, y, tienen el contenido de azúcar más alto que cualquier otra fruta. Su rusticidad y su fácil multiplicación hacen de la higuera un frutal muy apropiado para el cultivo extensivo. El árbol, que alcanza una altura de entre 5 y 8 metros, es de madera blanda, de hojas grandes, verdes y brillantes por el haz, y grises y ásperas por el envés. Sus flores, unisexuadas, están distribuidas por la superficie interna de un receptáculo lobuloso abierto en un extremo (ojo); este receptáculo, tras la fecundación, se hincha y se vuelve carnoso, formando una masa rica en materias azucaradas: el conjunto es un fruto múltiple (sicono), la breva o el higo. La higuera es una planta muy longeva, que bien cuidada, puede estar en producción más de 50 años. Son rústicas, de hojas ásperas, y se adaptan a cualquier tipo de suelo.

– La higuera tolera bien las altas y las bajas temperaturas vegetando con normalidad. Se encuentran higueras en regiones muy variadas, de climas diversos.

– A diferencia de la mayoría de los árboles, no desarrolla una única raíz principal, sino que son varias las que nacen del tronco.

– Se conocen más de 750 especies, de todas las regiones cálidas, siendo la más conocida la higuera ordinaria, originaria de Oriente.

– La higuera florece entre la primavera y el otoño, sus flores invisibles, de color amarillo, se encuentran dentro del receptáculo que se convertirá en higo. La mayoría de higueras cultivadas sólo poseen flores femeninas.

– Las higueras no suelen abonarse directamente. Se benefician de los elementos nutritivos que se incorporan para fertilizar los cultivos asociados. El árbol agradece mucho el abonado nitrogenado en cuanto a su desarrollo vegetativo, pero los frutos, aunque aumentan de tamaño, pierden calidad en lo referente a su sabor y conservación.

– La plantación se realiza en hoyos de forma rectangular de 1 m de largo y 0,40 m de ancho, con una profundidad de 0,50 m. Las estacas se colocan inclinadas o curvadas en forma de L, sobresaliendo de 15 a 20 cm del terreno. Suele abrigarse con tierra la parte que asoma, colocando unas señales que indiquen donde están plantadas las higueras para reconocimien­to fácil de los operarios que tengan que cultivar el terreno.