Por qué la restricción al dólar llega hasta los pequeños ahorristas? ¿Tanto inciden en el sistema?
-Todo lo que haga falta hacer con valores transados en el mercado normal con dólares sigue siendo totalmente admitido y no tiene trabas. Uno puede comprar todos los bienes que quiera en el exterior para cualquier tipo de uso, puede remitir dinero por inversiones externas, puede pagar deudas, puede viajar al exterior. Y ahora puede pedir un fondo en dólares si justifica fehacientemente de dónde viene el dinero en pesos. Sí se pusieron barreras en las compras que no tienen usos productivos. Y la razón fundamental es que la situación mundial es extremadamente complicada. Tanto o más que en 2008, en cuanto a cantidad de instituciones bancarias, países, acreencias que no se pueden recuperar, básicamente en Europa. El caso más claro es España, donde existe un pasivo bancario de 360.000 millones de dólares por préstamos hipotecarios, de los cuales se considera que sólo la mitad es recuperable.  
-¿Por qué nos afecta la crisis de Europa en forma tan directa?
-Hay dos fenómenos que inciden. Por un lado, cede la demanda de productos a los países a los que Argentina exporta. No es muy grande el volumen en relación con el total, pero representa un valor significativo. La segunda cuestión es que crea un estado de incertidumbre y temor. La población en general, aquí y en el resto del mundo, no sabe cuál va a ser el desenlace. Esto reduce el consumo tanto en los países desarrollados como en la periferia.  
-La retracción es a escala global.
-Claro. A menor confianza en lo que puede ocurrir, la gente se vuelve más precavida, gasta menos, invierte menos. Estaba leyendo declaraciones del presidente de la Renault, en Francia:  dice que ellos se preparan para lo peor. Y que lo mejor que podría pasar es que durante cuatro años Europa no crezca. Expresiones de ese tipo producen desaliento en la comunidad de los negocios.
-Se venía diciendo que la Argentina estaba protegida de la crisis. Entre otros factores, por un nivel de reservas más que satisfactorio. ¿Qué cambió?
-La medida con los dólares es de prevención, no de temor. Habida cuenta de que acá no se siembran ni se producen dólares, hay que estar preparados para cualquier contingencia. Y en la medida en que no se daña el nivel de la producción local por falta de compras en el exterior, lo único que se afecta es el uso no productivo del recurso. El que quiera atesorar, que atesore otra cosa: que compre títulos públicos, vivienda, automóviles, que invierta en un pool de siembra. Hay muchas opciones, como pasa en todos los países del mundo. El único país que atesora en dólares es este.
-Se trata de un fetiche.
-Se tornó una costumbre. Además de que tuvimos muchos sacudones tremendos. Y la historia mostró que el que ahorró en dólares quedó mejor parado.
-Eso no es poca cosa.
-No, no es poca cosa. 
-Un ahorrista chico no tiene un horizonte de inversiones muy diversificado. Va a lo que cree sencillo y seguro.
-Cuando uno escucha por televisión: “Qué puedo hacer con mis 300 pesos”. Yo le diría que se vaya a Mar del Plata. O que junte un poco más y compre algo que no pierda valor, como un terreno.
-¿Necesitamos los dólares para pagar deuda? 
-No en este momento. Y afortunadamente el año que viene la cuota por la deuda baja mucho. Este es el último año en el que, entre capital e intereses, hay que disponer de unos 10.000 millones de dólares. El año que viene va a ser aproximadamente la mitad. Yo creo que lo que más importa comprender es que hay una medida preventiva. Como si en el mundo hubiera una gran epidemia y no quisiéramos que llegara acá. Hay vacunas disponibles, pero como no se sabe por cuánto tiempo vamos a seguir teniendo la vacuna, se conserva, se guarda celosamente, se impide que se use para otra cosa. Pero no es sólo que la Argentina cuida los dólares frente a la crisis mundial. También protege sus fronteras de la invasión de productos, estimula la sustitución de importaciones y trata de fortalecer el mercado interno. Y eso habría que apoyarlo, no habría ni que discutirlo siquiera.
-¿Cree que la necesidad de restringir el acceso al dólar estuvo bien comunicada?
-Tal vez no se comunicó de la mejor manera. Pero si se lo comunicaba como lo estoy haciendo yo ahora, por ahí infundía temor. Sin embargo, la Presidenta dijo muy claramente que el mundo se nos está cayendo encima y tenemos que tomar las medidas para que no nos contagie. En una sociedad que entiende el castellano es suficiente. Si al día siguiente dice que vamos a tratar de usar los dólares sólo para lo indispensable, lo menos que puede hacer la población, que no se va a morir de hambre, es comprender la situación. Hace poco di una charla para un grupo de clase media alta, y un tipo me dijo: “Yo quiero comprar y vender lo que quiero, a mí qué me importa”. Después me arrepentí de no haberle dicho: “Bueno, entonces tal vez sus hijos o sus nietos no van a conseguir los recursos para comprar una medicina y se van a morir”. Mi opinión es que no sólo no se trata de comprensión del tema, sino de buena voluntad hacia el Gobierno. Reaccionan mal todos los que son opositores. Encuentran una excusa más para serlo. El otro día compartí un programa con un economista opuesto a mis ideas, muy bien formado teóricamente, que terminó diciendo que la crisis de Europa es un tema menor. Y le echó la culpa a la inflación y al déficit fiscal, todo por estar en contra del Gobierno. Y así no hay manera de razonar.
-Pero hay economistas más afines al Gobierno que dicen que si no se combate la inflación, es difícil que la gente afloje con su obsesión por el dólar.
-La inflación existe. A un nivel que, para lo que es la Argentina histórica, es moderado. Hace dos años y medio, tres, que tiene el mismo valor. Eso no impidió que el 2010 y el 2011 fueran años de gran crecimiento económico. Según un excelente artículo de Mario Rapoport, investigador superior del Conicet, los mejores momentos de la historia económica y social del país desde el año 1946 fueron en épocas en que había inflación. No hubo conflicto entre inflación y crecimiento económico, incremento del salario real, pleno empleo, mejor distribución del ingreso, desaparición de la pobreza (en 1970 era del 8 por ciento). Si tomamos el postulado de que sin inflación todo va a ir mejor, tenemos el ejemplo de los años noventa. No tuvimos inflación. ¿Y cómo nos fue? Si uno no quiere que haya inflación por otras razones, lo admito, lo podemos discutir. Distorsiona los precios relativos, reduce la competitividad del tipo de cambio… Puede ser.
-¿El dólar perdió peso como moneda de referencia en el mundo?
-Lentamente está perdiendo su peso relativo. Primero porque ha perdido valor; segundo, porque en áreas como China y Japón han resuelto utilizar las monedas de sus respectivos países para sus transacciones de comercio internacional. Argentina y Brasil hace dos años también empezaron a usar monedas propias, aunque todavía la proporción es muy reducida, un 3 o 4 por ciento del intercambio comercial. Es un proceso que va a llevar tiempo, pero la declinación del dólar es casi inevitable. Por la competencia de las monedas de los países emergentes y porque la economía norteamericana está prendida con alfileres.
-¿Se puede pesificar el mercado inmobiliario?
-Leí que fuera de la Capital Federal, sólo en dos o tres ciudades grandes se siguen haciendo transacciones en dólares para compra y venta de inmuebles. Hay que alentarlo, porque nuestra moneda es el peso. Se pagan salarios en pesos, se paga el terreno, los ladrillos y el cemento en pesos y se cobra en dólares. Es muy irregular.