El vicepresidente y cofundador de South American Green Oil (SAGO), Benjamín Baigrós desarrolló junto a un equipo de investigadores, una semilla capaz de resistir con buen rendimiento ante altas y bajas temperaturas. Es la semilla de de tártago, conocida también como de castor, que sirve para producir biocombustibles de segunda generación. SAGO tiene su sede principal en la provincia de Buenos Aires, una sucursal en Formosa; un laboratorio en Maschwitz y un vivero para mostrar el rendimiento de la semilla en la ciudad bonaerense de Escobar. En cada uno de esos puntos se realizan tareas de investigación, producción y comercialización de esta nueva semilla de aceite de castor, de gran tolerancia a campos marginales.
 El cultivo -rústico y ecológico- califica, según los requerimientos del protocolo de Kyoto. “Hace como diez años que estamos estudiando la posibilidad de desarrollar una semilla que sirva para hacer aceites vegetales, y logramos un plantín interesante de gran producción y que tiene alta resistencia a heladas, y también a altas y a bajas temperaturas”, detalla Baigrós.
 
La semilla del bien. Todo emprendimiento necesita de varias patas para un buen sostén: este caso no es la excepción. Al desarrollo de SAGO se unió Rafael Bustamante, presidente y socio de la consultora Cicmas Strategy Group. Explica hasta dónde llegó su interés en el proyecto. “Empezamos con asesoramiento y me gustó tanto que me asocié a ellos para producir un vivero de estas plantas en Gualeguay”. Bustamante calibró su estirpe empresarial (desarrolló, entre tantos proyectos de internet, contenidos para celulares que hoy, dice, está saturado) y apuntó a su condición de productor agropecuario para analizar su incorporación al emprendimiento. “SAGO hace siete años que viene investigando y eso es muy importante. Se trata, por sobre todo, de un proyecto innovador”, remata.
 El aceite que se obtiene de la semilla no es para consumo; es de tipo industrial y tiene distintas aplicaciones.  Sirve para uso farmacéutico de alto refinamiento o como carga de biodiésel.
 El proceso que le realizan a la semilla aumenta su tamaño. Luego analizan como se adapta el crecimiento de la planta en distintos ambientes para perfeccionar la siembra, el cultivo y por ende su producción. “En este momento no enfocamos en las tareas en el vivero de Loma Verde, en Escobar y vamos trasladando plantines a Entre Ríos. Allá haremos un trabajo más industrial. Las primeras conclusiones comparando a este con otros proyectos con semillas de tártagos es que esta planta soporta cualquier tipo de clima y se desarrolla en tierras marginales. Incluso puede convivir con otros cultivos.

Planta alta.  La planta puede tener hasta tres cosechas al año. Aunque es salvaje, su rendimiento (ver recuadro) está asegurado para no mermar. Tienen gran tolerancia a las sequías: la planta regulariza su crecimiento productivo, si resulta un año sin lluvias, no produce tanta hoja y reserva la energía para la producción del fruto asegurando  cantidad de aceite aunque el clima no haya sido bueno.
 En siete años de investigación, en el laboratorio trabajaron una decena de personas siguiendo la evolución de la semilla. Un pequeño vivero contiguo sirvió de muestra antes de la apertura del de Escobar, la plataforma que le augura a South American Green Oil un futuro expansionista. “El objetivo es ser el principal productor de la semilla en todo latinoamérica y permitirle a Argentina ser uno de los principales productores de biodiésel: el rendimiento que tiene en litros de aceites es impresionante”, amplía Bustamante.