Por qué se creó la Cámara de Inmobiliarias Rurales?
– Mire, yo provengo de Bullrich Campos y Asociados, que tiene sus inicios en 1867 y es una de las empresas más viejas del país. Bullrich, por esas cosas de la vida, siempre trabajó, vendió, dividió inmuebles, hizo particiones, hizo grandes patrimonios, pero nunca estuvo agrupada, nunca tuvo personería gremial, y en el gremio no teníamos absolutamente nada que nos agrupara, que representara nuestros intereses, nuestras necesidades y nuestras ganas de capacitarnos. La capacitación para nosotros siempre fue a partir de iniciativas individuales, no hay nada nucleado. Es cierto que hoy para vender campos todas las empresas tienen que ser profesionales. La mayoría de nosotros somos ingenieros agrónomos, y eso nos da una buena base de capacitación. Porque no es lo mismo lo que tiene que saber un vendedor de inmuebles urbanos que uno de campos, que tiene que ser idóneo en temas técnicos como suelos, lluvias, clima, etcétera, porque generalmente comercializa campos para producir. Hoy la tendencia es profesionalizar el negocio: estudios de suelos, cómo son los accesos, los accesos alternativos, una evaluación del clima, de lluvias, etcétera, son requisitos indispensables para la venta de tierras rurales. Por eso, desde la Cámara capacitaremos a nuestros asociados para que puedan brindar servicios acorde a las necesidades actuales.
– Pero si Bullrich funciona hace dos siglos, no necesita agruparse con nadie…
– Bullrich no, por supuesto. Es una empresa vieja, y tiene su clientela, no necesita de terceros. Sin embargo, en los negocios vemos que hay muchas diferencias entre los colegas, y nuestra idea es achicarlas para que todos tengamos una tecnología y una forma de trabajar que nos permita aumentar el intercambio de estas empresas, para que funcionen en red desde distintas regiones del país. Queremos una metodología de trabajo que sea aceptada por todos. Eso va por un lado. Por el otro, están los temas que nos atañen a todos, como la prohibición de comprar dólares, o la ley de tierras. Hace un año que nos juntamos un grupo de 24 inmobiliarias y nos propusimos trabajar más orgánicamente. Comenzamos con un portal de campos (“Mercampos”) y cuando empezó a funcionar, nos dimos cuenta que gracias a la interacción empezamos a cerrar negocios. De ser muy competitivos nos dimos cuenta que podíamos compartir negocios, ganando menos plata por unidad de negocios, pero obteniendo un mayor volumen de éstos.
– ¿Cómo afectarán en el sector inmobiliario rural las restricciones para operaciones en dólares impuestas por el Gobierno?
– Primero, en este momento provoca un parate inmobiliario. Porque históricamente, y en forma absoluta, las cosas grandes, sobre todos los inmuebles, en la Argentina, se tasan, se cotizan y se venden en dólares. Todos los departamentos se tasan, se venden, suben o bajan, pero siempre en dólares. Los préstamos hipotecarios que se dan, hasta los de bancos nacionales como el Nación, se basan en tasaciones que se hacen… en dólares. Entonces, no es que los particulares estemos hablando de dolarizar los inmuebles. Esto es una cuestión de perogrullo, todo el mundo sabe que las cotizaciones y la operatoria en el sector inmobiliario se hace en dólares. El peso se transforma en una moneda de intercambio, pero para la tasación real, se hace en dólares. Cuando vos declarás y tenés tu patrimonio, lo declarás en siempre dólares. Entonces, la Argentina y los argentinos están sumamente dolarizados. ¿Por qué? Porque el peso a la gente nunca le resultó confiable.
– Y para peor, el dólar se aprecia en la Argentina, mientras en el mundo tiende a desvalorizarse.
– Nosotros, como Cámara, todavía no tenemos quejas porque ésta es una cosa muy nueva, tiene apenas cinco días. Pero nosotros decimos que ojo, que si se corta el negocio inmobiliario, sobre todo el urbano y el de la construcción, es un gran motor de la economía y están matando a la gallina de los huevos de oro. Estas medidas van a afectar a todos los sectores que manejan dólares, tanto inmobiliarios como no inmobiliarios. Si se aumentan las restricciones para traer dólares, para pagar dólares, para sacar dólares, lo que va a producir es una retracción del mercado, habrá menos operaciones. Porque nadie quiere comprar algo que después no podrá vender.

– ¿Cree que si el Gobierno intenta imponer operaciones inmobiliarias en pesos se podrá lograr?
– Es imposible. Pensá que el peso, en los campos, es mucha plata, por un lado. Segundo, hoy por hoy nadie se queda en pesos. ¿Qué tipo conocés vos que hoy se quede en pesos? Todos, desde el hombre común, pasando por el mediano, hasta el que tiene algo de plata, ahorran en dólares. Entonces, si vos me decís: “Vendé tu campo en pesos, y quedate en pesos”, no se vende un campo, nunca jamás. Ni un campo, ni un departamento, ni nada más. Quizás los departamentos puedan moverse más, porque son operaciones transaccionales, ya que la gente generalmente los compra porque necesita mudarse. Pero el último tipo en esa cadena de operaciones, el que ahorra, se queda con pesos. Y ése, va a pasarlo todo a dólares y seguramente va a ir al mercado informal.
– O sea que estamos a un paso, sino ya, en la operatoria con un dólar paralelo.
– No, creo que este shock que estamos viviendo ahora de alguna forma tienen que darle soluciones, porque la gente lo que quiere es comprar y vender, no especular. Vos tenés que pensar que las operaciones inmobiliarias urbanas son de gente común en un 80 por ciento. En principio, en términos de operaciones rurales, no se están registrando operaciones rurales. El mercado empezó a decaerse a raíz de que el inversor no ve un panorama claro, y hasta tanto pueda avizorarlo, el inversor no invertirá.
– Ni hablar de los extranjeros. Y encima, con la ley de tierras que trata el Congreso…
– Cuando hablo de inversores, hablo sobre todo del inversor nacional. Porque el inversor extranjero no mueve la aguja en el negocio inmobiliario.
– No me diga que grandes extensiones de tierra no están en manos de inversores extranjeros. Piense en Joe Lewis, Douglas Tompkins o Luciano Benetton…
– Mirá, lo primero que habría que hacer es saber de quién es la tierra. Lo que no podemos hacer es una ley sin saber donde estamos.
– ¿Pero usted sabe de quién es la tierra?
– Yo creo que nadie sabe. Porque los registros de propiedad son provinciales, no hay organismos nacionales que lleven esa estadística, y yo creo que si se quiere saber, pese a esto, se sabe rápidamente. Porque hoy estás informatizado, estás inscripto, y hoy no hay ningún propietario de la tierra que no esté inscripto en la AFIP. Absolutamente todos están inscriptos, ya sean personas físicas o empresas. Ese diagnóstico hay que hacerlo urgente. Mi sensación es que la tierra se está argentinizando, no extranjerizando. Es más, hay extranjeros que se quieren ir, no porque odien a la Argentina, sino porque atraviesan dificultades en sus propios países a raíz de la crisis internacional y necesitan llevarse los recursos para allá. España está mal, como es de público conocimiento, y los españoles están vendiendo sus activos en otros países para llevarlos al suyo. Lo mismo pasa con otros países, como Irlanda o Italia. Por eso, antes de aprobar la ley, deberían averiguar bien.
– Habla de una manera que me dice que la ley va a perjudicar claramente a su sector.
– Como le dije antes, las operaciones con extranjeros no mueven el amperímetro. Lo que más nos importa, más que quién es el dueño, es saber cuál es el uso que se le da a la tierra. El tema del mal uso por monocultivo, por ejemplo, es un tema bien nuestro, y tenemos que tratarlo, porque compromete al recurso, que es lo más importante. Tenemos que promover las rotaciones, la fertilización, que no haya desechos. Ya se sabe lo que hay que hacer. Yo no inventé la pólvora.