Esta variedad amarilla del tomate es originaria de la franja subandina de América del Sur, desde el sur de Colombia hasta el norte de Chile, pero fue en México donde se lo adaptó e incluyó como cultivo comestible en las artes culinarias. Es en este país donde se encuentra la mayor cantidad de variedades. Se caracteriza por la ausencia de licopeno, que es el pigmento rojo del tomate común.
Es una planta herbácea, anual, de hasta 1,50 m de altura y pubescente. La raíz principal es pivotante, corta y no muy desarrollada de donde parten raíces secundarias vigorosas formando una densa cabellera que profundiza hasta 1,50 m. Tallo corto, de hasta 4 cm de diámetro en la base, muy ramificado. Las hojas de 15 a 45 cm de largo son compuestas y alternas, con folíolos en número impar entre 5 y 9 y borde dentado recubiertas de pelos glandulares. Flores que parten desde las axilas de las hojas, completas, hermafroditas, de color amarillo, se encuentran reunidas en racimos péndulos de entre 3 y 10 flores. El fruto es una baya, suculenta de forma globosa u oblonga con el centro deprimido, de color amarillo. Las semillas pequeñas, aplanadas, muy numerosas son también de color amarillo y 400 de ellas pesan aproximadamente 1 gr.
Es exigente en temperaturas templado cálidas que necesita un período libre de heladas de tres meses y medio, aspecto este que condiciona notablemente el rendimiento del cultivo. Las temperaturas media mensual óptima del aire se encuentra entre los 21 y 24°C con máximas de 26°C y mínimas de 18°C. Necesita plena exposición solar durante todo el cultivo. Es una variedad poco exigente en suelos que soporta texturas desde las arenosas hasta las arcillosas pero exige que sean profundos, con buena estructura y buen drenaje. Necesita pH del sustrato entre 7 y 6 mostrando moderada resistencia a la alcalinidad y salinidad. El agregado de materia orgánica al suelo bajo las formas de estiércoles, compost, lombricompuesto, tierra vegetal u otras, mejora el rendimiento. Responde muy bien a la fertilización con nitrógeno y fósforo.

Para cultivarlo. El cultivo se inicia por siembra directa o por almácigos. En la siembra directa la temperatura es el factor que decide la forma de conducir el cultivo. Con temperaturas adecuadas se siembra directamente sobre el suelo en líneas distanciadas a 1,50m y 50 cm entre plantas. Las semillas se esparcen a chorrillo o por golpe sobre el surco y luego se ralean las plantas en exceso. La Siembra en almácigo se decide cuando no se registran las temperaturas óptimas y se cultivan en almácigos cubiertos con polietileno, vidrio u otro material transparente.
Si las temperaturas son las adecuadas se siembran en almácigos al aire libre. En ambos casos se siembra al voleo o en líneas distanciadas a 10cm una de otras o a 5cm entre sí. Cuando las plantas tienen entre 5 y 6 hojas y una altura de aproximadamente 25 cm se transplantan al terreno. También se pueden repicar cundo tienen entre dos a tres hojitas a terrinas más grandes o al aire libre y luego se transplantan al terreno con 5 a 6 hojas. Esta práctica asegura un mayor rendimiento del cultivo.
A la semana de la siembra emergen las plantitas y se realizan carpidas frecuentes para eliminar malezas, mejorar la aireación del suelo y la infiltración del agua. Se comienza a regar de modo de no encharcar y que el suelo permanezca húmedo. En suelos sueltos se riega cada semana y en los arcillosos o pesados cada 15 días. Luego de la siembra las plantas se elevan de modo de no entrar en contacto con el suelo porque son muy susceptibles a contraer enfermedades fúngicas, bacterianas y virósicas.
Para ello se practica el tutorado en forma de espaldera o en caballete distanciando las varillas cada 30 cm y a una altura de 1,50m. Al ir creciendo la planta se la ata al tutor y se van quitando los brotes (desbrotado) para permitir que el tallo desarrolle mejor y que las hojas no le den sombra al suelo para evitar enfermedades. Para ello se practican 7 desbrotes. Las hojas que amarillean y necrosan se las retira de la planta, igual que los frutos mal formados, pequeños y enfermos.
Cuando los frutos adquieren el color amarillo intenso y pulpa firme se cosecha para consumo directo. Las plagas más frecuentes son los gorgojos, arañuelas, pulgones, pulguillas, chinches, vaquitas y nematodes. Las enfermedades fúngicas que con frecuencia los afectan son las causadas por la viruela, el tizón y las fusariosis. Las bacterianas por las cancrosis y las virósicas por Lycopersicum virus 3 denominada comúnmente como peste negra.