Los tiempos cambian. El Federal recorre durante varias horas cientos de kilómetros antes de ver al primer animal comiendo en una pastura. Pocos metros más adelante, aparecen más animales. Es un plantel de vacas Holando Argentino, la vaca lechera por excelencia. Ahora el paisaje llano de campos arados y vacíos cambia por completo: se avanza entre miles de vacas, entre cientos de tambos, entre potreros verdes de alfalfa y avena. Además, la ruta se carga de tráfico. A los costados, van pasando montes de eucaliptus, pequeñas fábricas lácteas, chacras. También se observan escuelas rurales, rollos de fardo y personas trabajando en los campos.
El corazón lechero del país parece una reserva que resiste al avance descomunal de los cultivos, en especial del sojero. Es evidente que la cadena láctea requiere de poblaciones rurales afincadas. Aquí se sigue honrando la epopeya colonizadora de los inmigrantes que poblaron estas tierras hace más de un siglo. Aquí comienza el recorrido por “La Ruta de la leche”, una oferta turística en pleno desarrollo para que todos puedan disfrutar y conocer la producción agroindustrial, la cultura y la gastronomía fresca y típica de una región que dice presente. Bienvenidos.
Esperanza, la primera. Cecilia Belotti trabaja en el área de Turismo de la municipalidad de Esperanza. Como acto reflejo, se pone de pie cuando comienza a contar la historia de su ciudad. El Federal la invita a tomar asiento, Belotti lo hace y sonríe. Para comprender el presente lácteo de la región, hay que conocer los orígenes. En junio de 1853 se firmó el Contrato de Colonización entre el Gobierno de Santa Fe y el empresario salteño Aarón Castellanos. En el mismo se autorizaba a introducir a mil familias procedentes de Europa. Tres años más tarde, llegaban las primeras 200 colonizadoras provenientes de Suiza, Alemania, Francia, Bélgica y Luxemburgo. Increíble pero real: así surgía la primera colonia agrícola organizada del país.
Se diagramó el radio urbano y la superficie de la colonia dedicada a la agricultura comprendía 210 concesiones de 30 hectáreas cada una. Las familias recibían así una pequeña parcela que las transformó en propietarias de la tierra que ellas mismas trabajarían. En el Museo de la Colonización, Franca Biondi enseña objetos que dan cuenta de aquel pasado glorioso, como las primeras mantequeras de madera. El museo es impecable. Belotti cuenta que la manteca de la zona marca Angelita era famosa a principios de siglo y que se vendía envuelta en hojas de repollo. Una vez instalada la colonia se sumarían italianos, españoles y polacos, entre otros, formando un mosaico cultural. Este proceso inició la gesta colonizadora que se propagó a diferentes puntos del país y generó un gran impulso al desarrollo económico.

Educacion y tradicion. La impronta fundacional se aprecia a cada paso. En un parque arbolado hay un museo con las primeras máquinas agrícolas. Unas cuadras más allá, el predio de Agrarias y Veterinaria de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) parece un pedazo de campo en medio de la ciudad. “La Ruta de la leche” es una iniciativa del INTA, Turismo Rural. Se articuló con el gobierno de la provincia, con los distintos municipios involucrados, y con los establecimientos productivos y educativos. En breve, todos los establecimientos adheridos contarán con un logo que los identifique como parte de la ruta y habrá puestos de información turística en las distintas localidades. La ruta es una realidad en marcha y una vez más, El Federal llegó primero. Hoy lo recomendable es coordinar las visitas para sacarles el máximo provecho.
En la escuela-granja de Esperanza, dependiente de la UNL, un grupo de alumnos descansa en el recreo abajo de un árbol. Uno toca la guitarra. Hay eucaliptus, jóvenes que manejan un tractor, olor rico del almuerzo. Norberto Schnell, parte del cuerpo directivo, comenta que tienen 300 alumnos, 200 viven allí en la residencia. Se nota que hay entre todos muy buena relación. El predio de 360 hectáreas cuenta con una reserva natural de 90, sobre las costas de un río, con vegetación y flora autóctonas. Los alumnos se reciben como técnicos agropecuarios.
Dante Baroni (29) es docente de la escuela. Orgulloso, muestra la planta donde elaboran quesos de búfala, de vaca y de oveja. Por supuesto, la leche la obtienen de tambos propios. “Los chicos aprenden todos los pasos. Hacen el mismo trabajo que un operario de una quesería”, comenta. Los quesos son deliciosos. También es delicioso el helado de Dolce Sofía. Sandra Hachuel abrió hace un año su local en el centro de la ciudad. Utiliza materias primas frescas de la región, como la leche de búfala que compra a la escuela-granja, para obtener el sabor genuino de esa leche. El viaje por el corazón lácteo del país continuará en próximas entregas. No se lo pierda.

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