Por Sandra Martínez. Fotos:  Juan Carlos Casas y gentileza Ezequiel Barrella.

 Esta?n girado en este mundo desde hace siglos. Un grabado del imperio bizantino muestra a un grupo de jinetes que dan vueltas metidos en canastas suspendidas desde un poste central, y el wwwimonio de un viajero ingle?s de mediados del siglo XVII cuenta que encontro? en Constantinopla “un enorme plato de madera con caballos del mismo material que giraba sobre si? mismo” que entretenía a los lugareños.

 En nuestro pai?s se instalo? en 1867 en Barrio Parque, el solar ubicado entre lo que hoy es la Plaza Lavalle, entre el Colo?n y Tribunales y desde alli? recorre una rica historia signada, como casi todos los aspectos de nuestra cultura, por los aportes de la inmigracio?n. Una historia a la que cualquiera que haya crecido en Buenos Aires podra? aportar detalles personales, empezando por la ubicacio?n exacta en la plaza de su barrio.

 Toda esa magia tiene una trastienda que pocos conocen, los talleres. Y en uno de ellos, oculto tras un ano?nimo porto?n de chapa en Villa Luro, Mariano Sidoni, Leonel Bajo Moreno y Daniel Padilla suen?an con darle una nueva vida a los carrouseles de esta ciudad. Se conocieron cursando el primer an?o de la carrera de disen?o y aunque las materias y ca?tedras los llevaron por distintos caminos durante la cursada, la amistad perduro?.

 Ya recibidos y un poco desencantados con la falta de recursos disponibles en la UBA para desarrollarse creativamente, encontraron en el taller del abuelo de Leonel, He?ctor, el espacio que necesitaban para plasmar nuevas ideas. Con la misma naturalidad se fue sumando Daniel, que desde a los 15 an?os encontro? su primer trabajo en el parque de diversiones que He?ctor todavi?a tiene en San Bernardo, se convirtio? en su aprendiz y luego en su mano derecha. E?l aporto? el lado pra?ctico y un profundo conocimiento del oficio, y asi? quedo? conformado Carne Hueso, un colectivo que continu?a el trabajo de fabricacio?n y restauracio?n de calesitas bajo con una nueva estética.

 “Es un mundo muy complejo. Hay que conocer cada pieza, cada material, desde el mínimo tornillo hasta la lamparita y no creo que sea algo que puedas empezar de cero, por todos los conocimientos que requiere. nosotros tenemos la suerte de haberlo heredado”, dice Leonel, que lo incorporó sin prestar demasiada atención desde que era muy chico. Para él, ese galpón que fue la primera construcción de la cuadra en los años 40 cuando todavía corría el arroyo Maldonado frente a la puerta y para cruzarlo se usaba un puente cercano, era parte de su vida cotidiana. Héctor Rodríguez –cuya variada experiencia en la vida incluye el típico bar español de su padre y una zapatería de lujo sobre Florida donde contaban con un traductor para atender a los extranjeros– dedicaba ahí largas jornadas a pintar con cuidado obsesivo los detalles de patitos flotantes y otras criaturas, contagiando a Leonel una vocación que combina arte y artesanía. “La agenda de este lugar también es un tesoro”, agrega Mariano. “Son todos los contactos que fue generando Héctor en los 35 años del taller –algunos también de la época en la que tenía una fábrica de juguetes o producía adornos navideños– y son personas que hacen cosas muy específicas, desde los dibujos de las cenefas hasta los moldes de los caballos.”

¿COMO SE HACE PARA TENER UNA? El proceso para armar un carrousel siempre es diferente. Para poner una calesita lo primero que hay que conseguir la concesio?n otorgada por el Gobierno de la Ciudad Auto?noma de Buenos Aires para explotar un espacio pu?blico, que se otorga por 99 an?os a cambio del pago un canon mensual. Como suele ocurrir, esto no depende de las ganas, ni siquiera del dinero, sino de los contactos: “Hay calesiteros que durante ma?s de 20 an?os tienen que alquilar un terreno privado, frente a una plaza por ejemplo. Y otros que tienen ma?s de 10 plazas, como si fuera un monopolio”. Despue?s, la inversio?n en un carrousel nuevo es de aproximadamente u$s50.000. El valor del ticket lo determina la Asociacio?n Argentina de Calesiteros y muchos propietarios hacen diferencia postergando permanentemente los arreglos y actualizaciones que deberi?an realizar. “Queremos presentar un proyecto de restauracio?n. Tenemos muchas ganas de empezar a darle una nueva vida a la calesita, de renovar el espi?ritu. Basta del Mickey mal dibujado, y del reggaeton que ponen pensando que asi? se vuelven ma?s actuales. Hay que buscar la forma de volverlas algo bello”, dicen los Carne Hueso, que ya tienen en su haber la calesita de Boedo, donde trabajaron siete artistas de distintos estilos que pintaron caballos, cenefas y biombos. Si bien la idea esta? en el aire, todavi?a no se metieron de lleno a buscar los contactos poli?ticos para meterse en la agenda oficial. Prefieren concentrarse primero en afilar sus objetivos y dominar su produccio?n para realizar calesitas que duren dos vidas y media.