En el año 2004 había en el mundo sólo 114 ballenas grises occidentales, presas de la caza indiscriminada se agruparon en la costa de Sajalín, uno de los lugares más fríos y solitarios del mundo, con aguas cuyas temperaturas bajan hasta los 45 grados bajo cero. Shell puso la región en la mira al instalar una de las mayores plataformas petroleras del mundo. Organizaciones ecologistas hicieron una campaña mundial para modificar la obra y de esta manera, salvaron a las ballenas.

Se trata de una epopeya muy pocas veces vista porque un grupo de ballenas le ganó a uno de los mayores holdings económicos del planeta: Shell. En las heladas aguas del pacífico norte se halla la región conocida como Sajalín, un territorio donde el mar se congela. Es uno de los rincones más solitarios del mundo, un confín ideal para que las ballenas grises occidentales tengan su nido. Pero toda esta paz se modificó cuando Shell puso su mira allí: bajo las heladas aguas hay bolsas subterráneas de petróleo. Así fue que comenzó el proyecto Sakhalin-2, la mayor plataforma petrolera del mundo.

Shell presentó su proyecto y los grandes bancos del mundo estuvieron dispuestos a invertir y en llevarlo a cabo, pero el gigante petrolero, acostumbrado a que las puertas del mundo se le abran por la montaña de billetes que acompañan a sus proyectos que no conocen de fronteras ni franjas horarias, se enfrentó con la presencia de las 114 ballenas grises. Estos cetáceos de 40 toneladas y 15 metros de largo tienen en su mayor cualidad, su peor enemigo: son amigables y cuando advierten movimiento de embarcaciones o presencia humana, se acercan, y allí es cuando las cazan.

La ONG Word Wild Life pronto tomó cartas en el asunto: la construcción de la plataforma más el gasoducto submarino que pretendía hacer Shell iban a modificar la vida de estas ballenas que están acostumbradas al silencio y la soledad. WWF se opuso al proyecto de 20.000 millones de dólares que la empresa Sakhalin Energy, cuya principal accionista es Shell, quería llevar a cabo en el santuario de las ballenas.

Entonces cambiamos de estrategia: dirigimos nuestras prowwwas a los bancos que iban a financiar el proyecto”, rememora la zoóloga británica Wendy Elliott, directora mundial de vida silvestre de WWF, quien estuvo a la cabeza de la campaña mundial, a la que se unieron  146 ONG´s de 22 países para salvar a las ballenas grises de la fiebre del oro negro. La estrategia fue brillante: dirigieron sus prowwwas a  el suizo Credit Suisse, el francés BNP Paribas, el británico Standard Chartered, los tres megabancos japoneses (Tokyo-Mitsubishi UFJ, Sumitomo Mitsui Banking Corporation y Mizuho Bank) y el Banco de Japón para la Cooperación Internacional, quienes financiaban el proyecto de Shell.

Uno de los puntos más cuestionados en el proyecto Sakhalin-2 era la traza del gasoducto que cruzaba por el territorio donde tenían su hogar las ballenas grises. Los bancos, acorralados por las acciones directas de las ONG´s sintieron el impacto en sus imágenes a nivel global, entonces condicionaron sus préstamos a Shell, sólo financiarían el proyecto si se cuidaba el impacto ambiental y se asegurara la calidad de vida de las ballenas grises. La batalla duró años, pero la acción ecológica ganó.

Expertos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) resideñaron todo el proyecto de Shell y esta aceptó el 90% de las 539 recomendaciones que los ecologistas propusieron. De esta manera, las 114 ballenas le ganaron por primera vez una batalla a Shell, que debió hacer el proyecto consensuado con las organizaciones proteccionistas.

Este año, el número de ballenas grises ascienden a 174, su población ha crecido gracias a la acción directa. “Exhortamos a las instituciones financieras a que sigan este ejemplo exitoso y pongan estrictas condiciones medioambientales a los proyectos que puedan tener un impacto negativo sobre las especies amenazadas”, expresó Wendy Elliott.