Un estudio realizado por la Universidad Nacional de Entre Ríos ha comprobado que en las calles sin árboles la temperatura se eleva entre 4 y 9ºC. De esta manera se corrobora el efecto moderador que ejerce el arbolado urbano sobre la temperatura y la humedad del aire. 

En la investigación, se tomaron medidas de dos calles paralelas: una sin árboles y otra, con ellos. La directora del estudio, María Silvia Carponi, señaló que: “Cuando se mide un ejemplar con césped y se lo compara, la diferencia puede llegar hasta los 9°C”.

Los árboles producen sombra y oxígeno, y absorben dióxido de carbono naturalmente, lo cual en un ambiente altamente contaminado como suelen ser las grandes ciudades, podría ayudar a purificar el aire.  Además, se calcula que un grupo de árboles puede reducir la contaminación por partículas hasta un 13%, reteniendo en sus copas hollín, polvo y gérmenes ambientales.

De esta manera, ejercen un efecto regulador sobre el clima, modificando la temperatura, el viento, la humedad y la evapotranspiración. Esto contribuye a mejorar el ambiente sobrecalentado por las actividades industriales y de transporte en las ciudades. 

Por otro lado, también ayudan a reducir la velocidad y el volumen de la lluvia, controlando el flujo de agua y previniendo inundaciones. A la vez, reducen la contaminación visual, regulando la luz artificial y natural, y amortiguan sonidos. 

A pesar de estos beneficios, todavía existen quienes entienden a los árboles como objetos decorativos que pueden eliminarse si obstaculizan el delineado de algún proyecto de construcción específico que, por lo general, significa grandes sumas de dinero. Por esto, hay muchas ciudades que no cumplen con el cupo recomendado por la OMS. Los àrboles, hay que comprender, son aliados y no trabas.