El pequeño garaje-taller no mide más de cinco metros de largo por tres de ancho, pero guarda el valor de una casa espaciosa. La que Marcelo Rolón decidió vender y transformar en una serie de vehículos, elementos y prototipos en estudio, que son el corazón del proyecto que puso en marcha en diciembre del año pasado. Y que tienen en común la alimentación eléctrica. La apuesta que hizo este emprendedor tresarroyense se trata de desarrollar en forma artesanal vehículos eléctricos. Esto incluye la conversión de rodados con motor a explosión y también la invención de otros. En todos los casos, la finalidad es lograr un medio de transporte que no emita gases ni contaminen el aire con ruidos y olores, y que sea económico. El técnico electromecánico no inventó nada, porque es sabido que ya hay importantes automotrices que comercializan vehículos híbridos, pero el valor de su emprendimiento está en que al ser él quien desarrolla los prototipos y realiza las conversiones de los rodados, hace que lo que parece una tecnología futurista esté al alcance de la gente común. Enchufate. “En esto se transformó mi casa”, dice sin remordimiento Marcelo, que tiene 41 años y hasta cuarto año cursado de ingeniería electrónica. Se refiere a un skate, una bicicleta, una scooter de 110 centímetros cúbicos, cuatro motitos para chicos, un prototipo de una moto de trial y otro de un vehículo para tres personas, todos impulsados por motores eléctricos. A excepción del skate y las motitos, que los importó con el objetivo de darle difusión a la tecnología y a partir de la comercialización generar recursos para continuar con el proyecto, los otros vehículos fueron convertidos y hasta desarrollados por Rolón. En el taller no entró el camioncito que Marcelo había construido hace varios años y que este verano decidió hacer eléctrico. “Yo me movilicé sin problemas durante enero y febrero. La tecnología funciona”, asegura. El plan productivo que propone Rolón es tan artesanal como el avance de su proyecto. “Tenemos que ir escalón por escalón”, resume para explicar las consecuencias de la falta de recursos para darle más vida a su Pyme. Por ahora es todo a pulmón y son fundamentales los aportes de su pareja Laura, diseñadora gráfica y la ideóloga del sitio web (www.enchufateargentina.com.ar), y de su cuñado que es contador. “Lo que hemos desarrollado salió de nuestros bolsillos. La estructura de auto que construí la hice yo, y el scooter lo compré usado y después adquirí el motor eléctrico y el regulador. Y en un día saqué la parte mecánica y puse la eléctrica”, explica. En el corto plazo apunta a armar algunos skates, porque los que importó tuvieron mucha aceptación: vendió ocho en tres meses. Cuestión de recursos al margen, el boca en boca funcionó como difusión y un mes atrás una vecina le dejó el scooter para que se lo convirtiera a eléctrico. “Se la jugó”, dice Marcelo. Aunque por ahora el cuento no tuvo final feliz: el motor que hay que importarlo de China está trabado en la aduana por un cambio en las reglamentaciones. Pero Rolón casi no tiene tiempo de preocuparse. Por estos días lo que lo tiene más ocupado es el desarrollo de su propia moto eléctrica. “Es el proyecto que utilicé para pedir un subsidio para que tome más fuerza la empresa. Lo tramité a través de la Sepyme y estoy haciendo el primer prototipo para presentarlo y ver si me sale”, comenta el tresarroyense que en su extenso curriculum está el haber sido uno de los estudiantes de la Universidad Tecnológica de Bahía Blanca, que participó en el armado del centro de cómputos de la institución, en los principios de los noventa. Promoción. Convencido de las bondades y de las ventajas que ofrecen los vehículos eléctricos, Marcelo tiene claro que la adopción de la tecnología estará directamente relacionada con la difusión que se le dé. “La gente no sabe de qué se trata, tiene muchas dudas y por eso no se logra un uso masivo”, analiza el tresarroyense, quien trabajó en la Base Naval de Puerto Belgrano haciendo el mantenimiento electrónico de los radares y de las computadoras de a bordo de las fragatas y las corbetas de la Marina. Celebra que en Uruguay su presidente, José Mujica, haya utilizado para su primer recorrido presidencial un auto con motor eléctrico. El ejemplo del presidente uruguayo emparenta al gesto público con una fuerte política de Estado que defiende el uso y desarrollo de tecnologías alternativas, que contribuyan al cuidado del medio ambiente. Algo que no se observa por estas tierras y que Rolón lamenta. De todos modos, él va poniendo su granito de arena para generar el incentivo en el resto de la gente. Así, es común verlo moverse por las calles de Tres Arroyos con su skate eléctrico -que se impulsa con un control remoto y alcanza hasta 40 Km./h de velocidad-; en la moto que convirtió y que tiene bien visible el logo del enchufe como identificación, en la bicicleta que era de su padre y le puso un motor eléctrico; o en la pequeña motito que hasta deja que maneje Matías, su hijo de sólo cinco años. “Las grandes automotrices largan al mercado el híbrido en lugar de un auto totalmente eléctrico para contrarrestar la desconfianza, no porque no funcione”, asegura para completar su idea. Beneficios. Según la visión de Marcelo, los vehículos eléctricos tienen una catarata de beneficios para ofrecer. “No contaminan el aire, ni con emisión de gases, ni de olores, ni con la generación de ruido. Son más simples de manejar, porque sólo necesitás acelerar y frenar. El elemento más contaminante que tienen son las baterías, pero la cuestión ya está resuelta a partir de haber logrado el reciclado”, comenta. A eso hay que agregarle que, sea del tamaño que fuera el rodado, para dotarlo de energía se utiliza un cargador similar al de una notebook, se lo puede enchufar en cualquier tomacorriente, “y lo que consume de la red es casi lo mismo. Es como si usaras otro electrodoméstico”, explica. A modo comparativo, dice que “la energía que consumen representa hasta una décima parte de lo que se utiliza en energía liquida, o sea, petróleo”. Y aporta que “si se carga de noche la tarifa de energía eléctrica es más económica que la diurna. A esto se le suma que cada vez que cargamos el motor, obtenemos un crédito que pagaremos con la factura de la luz a diferencia de cargar nafta en una estación de servicio donde debemos abonar en el momento para que se le echen algunos litros al tanque”, argumenta. Como último dato a favor, menciona que el vehículo puede cargarse cada vez que no está funcionando. “Hoy es caro implementar la conversión, es cierto, porque no está dado el uso masivo”, reconoce. Cuando eso ocurra, los fabricantes de cada elemento bajarán los costos y será más accesible”, se ilusiona. Y Rolón espera que sean muchos los que le sigan la corriente.