Por Leandro Vesco

Despues de treinta años las ruinas de la Villa Turística Epecuén volvieron a iluminarse y más de mil personas caminaron por sus calles, recreando el movimiento de antaño cuando el pueblo era visitado por miles de turistas de todo el país que buscaban ansiosos los baños en las aguas mágicas del Lago Epecuén. Emoción, nostalgia y remembranza fueron los sentimientos que vivieron los visitantes, entre los que se encontraban un gran numero de ex residentes que no podían salir del asombro de estar nuevamente en la Villa. Una orquesta típica de tango que tocó allí en los años dorados amenizó la noche estrellada en las ruinas -muy bien iluminadas- de lo que fue una tradicional confitería de Epecuén.

El 10 de Noviembre de 1985 en horas de la noche un mar embravecido con espiritu pampeano rompió el terraplén que protegía la Villa Turística Epecuén. Lito Sottovia, uno de los bomberos que tuvo que dar la orden de evacuar se encontró con alguna resistencia de los vecinos. Nadie podía creer lo que estaba pasando. En pocas horas el agua hiprsalina del lago Epecuén comenzó a ejecutar su plan de devastación. Aquella Villa que había sido una luz brillante en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, comenzaba a desaparecer. 

Pasados pocos días el agua cubrió todo y a pesar de que no hubo muertos, el sueño de toda una comunidad de rompió. La situación cobró grado de tragedia cuando el Lago Epecuén no bajaba la intensidad de la crecida y no sólo la villa quedó bajo sus aguas saladas sino que el lago anegó completamente los campos vecinos, incomunicando la Villa. Las aguas llegaron hasta las puertas de mismísima Carhué, ciudad cabecera del Distrito

En la década del 70 se bañaban en las aguas del lago 25.000 personas por año que llegaban de todo el país buscando ese bálsamo untuoso y salado. Para contener a semejante multitud se construyó un enorme complejo con piletas, vestuarios y duchas para que los turistas pudieron disfrutar del lago con mayor comodidad. En su época de gloria la Villa no descansaba, había turistas que hacían colas en los hoteles para esperar ansiosos su habitación y poder de esta manera ir a tomar los baños milagrosos. 

Lo cierto es que el Lago Epecuén desde tiempos remotos fue un sitio especial y hechizante. El gran lonko Calfucurá lo eligió como lugar sagrado y en sus aguas según cuentan las historias se sanaban los caballos y sus jinetes luego de las batallas con el ejército argentino. Las aguas del lago siempre tuvieron poder curativo. En la década del treinta del siglo pasado se trató de un pequeño mar en el medio de la pampa, un mar chico con virtudes sanadoras gigantes. La Villa Epecuén, el pueblo que se edificó en una de las orillas del lago, fue un centro turístico nacional de enorme importancia, llegó a pisarle los talones a Mar del Plata como destino para el disfrute y el relax. Tuvo en su apogeo 5000 plazas hoteleras y 250 establecimientos dedicados al turismo.

Luego, la historia conocida: la inundación de 1985 dejó a la villa sumergida a varios metros debajo de las aguas de ese lago que le dio vida y que también se la quitó. En aquel año, el Epecuén recibió aguas de otras cuencas y sus virtudes disminuyeron. Las razones de la inundación deben buscarse en el territorio de la desidia y la miseria propia del género humano, causas que quedaron en un pasado que costó superar para los habitantes de aquella villa legendaria donde la gente entraba con bastones y salía caminando sin ellos. 

El martes 10 se realizó un acto emotivo con autoridades municipales y ex residentes, bajo un sol crepuscular que bañaba de tonos dorados las ruinas, muchos revivieron historias y anécdotas de los tiempos dorados, el miércoles se presentó un libro escrito por el Lic. Gastón Partarrieu llamado “Epecuén, lo que el agua se llevó”, quizás la investigación más profunda y completa acerca de lo que fue Epecuén a lo largo de la historia. El sabado fue el evento central y el más emotivo de toda una semana de actos conmemorativos. Este sabado las ruinas de la Villa Epecuén, a apartir de las 20 hs, se iluminaron por única vez y los músicos que tocaban en la confitería más importante reinterpretaron tangos memorables. La Villa que brillaba por las noches desafiando el infinito horizonte pampeano, volvió a tener luz y movimiento.  

El tiempo ha pasado y Epecuén es la historia de cómo toda una comunidad asumió con dolor una realidad y apostó por superar la adversidad. Lo que estuvo bajo agua, hoy ha emergido y aceptando el peso de la historia hoy las ruinas de la Villa Epecuén son visitadas por turistas de todo el mundo que se acercan no sólo a oir el silencio de esa tempestad que pasó sino que llegan para disfrutar de las aguas curativas de un lago que devuelve salud y relax en cada inmersión. El año pasado las ruinas fueron declaradas Monumento Histórico Provincial y Carhué, Capital Provincial de Turismo Termal. Esto demuestra cómo una sociedad pudo sobreponerse a la adversidad y apoyados en el fe y en la esperanzo lograron revertir el destino. 

Los 30 años de la inundación de la Villa Epecuén están marcados por la memoria y la esperanza, recordar y conmemorar un pasado doloroso, pero reconocer que el tiempo además de ablandar las heridas, siempre da una segunda oportunidad de cara a un futuro que hoy encuentra al lago Epecuén como ese dador de vida y tranquilidad que encantó a los seres humanos desde siempre.