2016 es el Año Internacional de las Legumbres, una fuente esencial de proteínas y aminoácidos de origen vegetal para la población de todo el mundo, y se deben consumir como parte de una dieta saludable para combatir la obesidad y prevenir y ayudar a controlar enfermedades como la diabetes, las afecciones coronarias y el cáncer; también son una importante fuente de proteína de origen vegetal para los animales.

En la Estación Experimental Agro-Industrial Obispo Colombres (EEAOC) de San Miguel de Tucumán, cuentan con un programa de investigación y desarrollo de legumbres secas, que incluye la mejora genética, evaluación de tecnología agronómica y de sanidad de cultivos de legumbres, entre los que se incluyen poroto, garbanzo y lenteja.

Desde finales de la década del ’70 trabajan en poroto y producto de ello registraron en el Instituto Nacional de Semillas (INASE) numerosas variedades de poroto negro, rojo, blanco y cranberry, y otras de garbanzo. Un programa de este tipo puede producir variedades propias o introducirlas desde otros países, luego se evalúan en distintos ambientes para después recomendarlas y/o venderlas.

En Argentina se comen muy pocas legumbres, a pesar de que son un componente básico de la dieta de Latinoamérica, desde México hasta Chile, donde se consumen casi diariamente. En Argentina el hábito alimentario se dirige más hacia la carne como proveedora de proteína. El problema está en que el cultivo demora en progresar porque no están las variedades apropiadas, falta un apoyo tecnológico en evaluación de variedades y del paquete agronómico, porque muchas veces la variedad no se adapta a la región”, asegura Daniel Ploper, investigador independiente del Consejo Nacional de Investigación Científica y Técnica (CONICET) en el Instituto de Tecnología Agroindustrial del Noroeste Argentino (ITANOA, CONICET-EEAOC).

Durante muchos años introdujeron variedades de poroto por ejemplo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) en Colombia y las evaluaron, aunque actualmente se desarrollan variedades en forma local. En garbanzo, introdujeron numerosas variedades del International Center For Agricultural Research In The Dry Areas (ICARDA) en Siria y empezaron a probarlas para ver cuáles se adaptaban a la región.

“Cuando encaramos un programa de mejoramiento buscamos tener variedades adaptadas de buen comportamiento agronómico y resistentes a las principales enfermedades. Pero fundamentalmente nos interesan los rendimientos y la adaptación. A partir de los cruzamientos entre progenitores, buscamos en la descendencia los mejores genotipos. La resistencia a enfermedades es muy importante porque son limitantes del cultivo y algunas pueden generar pérdidas de hasta el 100 por ciento. Cabe aclarar que si bien los cruzamientos entre plantas implican que se modifica genéticamente la descendencia, como ocurre en la naturaleza, esto no constituye una transgénesis o lo que se conoce comúnmente como la obtención de un “organismo genéticamente modificado (OGM)”, sostiene.

En el caso de poroto, las enfermedades más comunes que afectan a este cultivo son las transmitidas por la mosca blanca, que son el mosaico dorado y el mosaico enano, y que pueden destruir hasta el 100 por ciento de las plantaciones. También están la bacteriosis común y algunas otras fúngicas como la mancha angular y la mustia hilachosa. En cuanto al garbanzo, las principales patologías son la fusariosis y la rabia del garbanzo, esta última causada por un hongo Ascochyta y que se transmite por semilla.

El cultivo de legumbres y específicamente de garbanzo despierta cada vez más el interés de los productores del NOA debido al precio que se paga por el grano y también porque representa una alternativa para incluir como cultivo de rotación, porque al ser cultivo invernal (se planta entre abril y mayo y se cosecha en octubre) se lo siembra luego de aquellos de verano, como el maíz o la soja. Además, esa región cuenta con un régimen monzónico de precipitaciones que se producen en el verano y el invierno es seco, que da lugar a buenas cosechas del grano.