Eli, el primer muñeco con un dispositivo auditivo, fue creado con el objetivo de promover la concientización sobre los síntomas en la detección temprana de la sordera, fomentar el juego de manera más inclusiva y ayudar a que niños y niñas quieran utilizar esos aparatos.

El modelo fabricado por Casita de Muñecas cuenta con el respaldo de las fundaciones Fanda, dedicada a la discapacidad auditiva en niños, y Arauz, de otorrinolaringología, y además tiene el auspicio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, de la Comisión para la Plena Participación e Inclusión de las Personas con Discapacidad (Copidis), el Poder Legislativo bonaerense y la Cámara Argentina del Juguete.

La iniciativa Eli pretende “hablar de la importancia de que un muñeco pueda tener un dispositivo auditivo” porque “contribuye a que lo quiera usar” el niño que tiene esa discapacidad, explicó Gina Romano, licenciada en fonoaudiología y presidenta de Fanda, a Télam. Fanda ayuda a bebés, niños, niñas y jóvenes de 0 a 18 años con discapacidad auditiva en situación de vulnerabilidad.

La idea surgió tras una etapa de investigación, que incluyó la vinculación con profesionales referentes y con el reconocimiento de las fundaciones que avalaron la iniciativa; y acompañaron a los directores de Casita de Muñecas a llevar adelante este nuevo modelo.

Eli tiene dos versiones: Elías, el varón, y Eliana, la mujer. Ambos tienen un implante coclear, es decir, un pequeño dispositivo electrónico que ayuda a las personas a escuchar.

El antecedente de Eli es el muñeco Oli, que cuenta con rasgos de bebé con síndrome de Down, lanzado en 2018 en la Legislatura porteña.

“El objetivo del proyecto es la no estigmatización de las personas con discapacidad”, señaló Romano, quien fundó la institución en 1995, la cual cuenta con un banco de donación de audífonos a través de una red en Argentina y el exterior.

El audífono está incorporado a la propia matriz del muñeco. La especialista explicó que esto “psicológicamente es mejor para que el niño entienda que no se lo tiene que sacar”. Y añadió que “a diferencia con otras discapacidades, la discapacidad auditiva no se ve, porque cuando te cruzas a alguien con esta problemática tenés que mirarle las orejas para ver si tiene algo”.

Cuando a veces el diagnóstico se hace tarde, al año y medio o dos años, el niño no quiere el dispositivo y se lo saca. Sin embargo, cuando le mostramos un muñeco con el que puede jugar, un muñeco que lo identifica en el juego simbólico y es igual a él, lo incorpora más fácilmente”, destacó.

Con respecto a la pérdida de audición de oído medio, Gina explicó que “el 60 por ciento pueden ser reversible si se trata en la primera infancia”.

De acuerdo al objetivo del proyecto, recalcó que es “importantísimo que se haga la detección temprana porque el niño que usa audífonos en forma temprana tiene “más posibilidades que pueda adquirir el lenguaje y un buen desarrollo general; los dos primeros años de vida son cruciales para la adquisición del lenguaje”.